La reaparición del gusano barrenador del ganado en Centroamérica ha obligado a los países de la región a reforzar sus sistemas de vigilancia, movilización y control sanitario. Panamá ocupa un lugar especialmente estratégico dentro de esta respuesta, debido a su posición geográfica entre Sudamérica y Centroamérica y a la existencia histórica de una barrera sanitaria en la provincia de Darién, en el límite con Colombia.
La amenaza no es nueva. El gusano barrenador había sido eliminado de buena parte de Centroamérica y Norteamérica mediante programas de vigilancia y liberación de moscas estériles, pero volvió a aparecer en la región a partir de 2023. Desde entonces, el problema dejó de ser exclusivamente panameño y se convirtió en una emergencia sanitaria de carácter regional.
La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) señala que la enfermedad volvió a detectarse en Centroamérica en 2023 y posteriormente fue reportada en Belice, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua y México. Para 2025, los países de las Américas notificaron más de 16.600 brotes en animales domésticos y alrededor de 42.568 casos, según el informe mundial de situación sanitaria publicado por la organización en 2026.
Una amenaza que volvió a romper la barrera sanitaria
El gusano barrenador del ganado, conocido científicamente como Cochliomyia hominivorax, es la fase larvaria de una mosca que deposita sus huevos principalmente en heridas abiertas de animales de sangre caliente.
Después de la eclosión, las larvas comienzan a alimentarse del tejido vivo alrededor de la herida. La lesión puede aumentar rápidamente de tamaño y provocar dolor, infecciones secundarias, pérdida de peso, disminución de la producción de carne y leche e incluso la muerte del animal si no recibe tratamiento oportuno.
El problema tampoco se limita al ganado bovino. La infestación puede afectar a caballos, cerdos, perros y otros animales domésticos, además de fauna silvestre. También puede afectar a las personas cuando una herida queda expuesta a la mosca, razón por la cual la OMSA considera el problema una enfermedad zoonótica.
Panamá conocía especialmente bien este riesgo. El país había conseguido declararse libre del gusano barrenador en 2006 y durante años funcionó como una especie de zona de contención para evitar que la plaga avanzara desde Sudamérica hacia Centroamérica.
Esa estrategia estaba relacionada con la denominada barrera biológica establecida en el Darién y con el trabajo de la Comisión Panamá-Estados Unidos para la Erradicación y Prevención del Gusano Barrenador del Ganado (COPEG). La barrera se apoyaba, entre otras herramientas, en la producción y liberación de moscas estériles.
¿Por qué el Darién es tan importante?
La frontera entre Panamá y Colombia tiene una particularidad fundamental: no existe una carretera que conecte de manera continua ambos países a través del Darién. Esto convierte a la región en una barrera geográfica natural, pero no significa que el riesgo sanitario desaparezca.
El Darién constituye el punto de contacto entre una zona históricamente endémica para el gusano barrenador en Sudamérica y los territorios centroamericanos que durante años habían conseguido mantenerlo bajo control.
Por esta razón, la vigilancia en esta zona tiene un valor estratégico. El objetivo no es únicamente revisar animales que pudieran cruzar directamente la frontera, sino reducir las posibilidades de que la plaga continúe avanzando mediante animales movilizados de manera legal o ilegal, mascotas, fauna silvestre u otros mecanismos de dispersión.
La OMSA ha insistido precisamente en la necesidad de combinar el control de los movimientos de animales con vigilancia veterinaria, cuarentenas, certificación sanitaria y cooperación entre las autoridades de los países vecinos.
Puestos de inspección y control de la movilización
Una de las herramientas fundamentales para contener el gusano barrenador es impedir que animales infectados sean trasladados desde zonas afectadas hacia áreas donde la enfermedad todavía no está presente o donde se intenta reducir su circulación.
En Panamá, el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA), junto con COPEG, ha utilizado puestos de control para vigilar la movilización de animales. Desde la reaparición de la enfermedad, las autoridades han planteado el fortalecimiento de estos controles como parte de la respuesta sanitaria.
Ya en 2023, el MIDA anunció el refuerzo de la vigilancia en los puestos de control de movilización de animales, junto con la liberación de moscas estériles y otras acciones destinadas a controlar y erradicar la plaga.
Estos puntos de control permiten verificar las condiciones sanitarias de los animales antes de autorizar su traslado. La revisión adquiere especial importancia porque una herida aparentemente pequeña puede convertirse en el punto de entrada para la infestación.
La estrategia, por tanto, no consiste únicamente en detener animales enfermos. También busca detectar tempranamente lesiones sospechosas, verificar documentación sanitaria, controlar los movimientos y evitar que un animal infectado contribuya a establecer nuevos focos.
El control no depende solamente de las fronteras
Uno de los principales retos del gusano barrenador es que no puede combatirse exclusivamente mediante puestos de control.
La mosca adulta puede desplazarse por sí misma y encontrar animales susceptibles. Por eso, aunque las autoridades incrementen las inspecciones y controles de movilización, el trabajo también debe realizarse directamente en las fincas y comunidades rurales.
La OMSA recomienda mantener una inspección clínica frecuente de los animales, tratar inmediatamente las heridas y aplicar medidas de prevención contra la infestación. También considera esenciales la cuarentena y certificación veterinaria cuando los animales son trasladados entre zonas o países.
En la práctica, esto significa que los productores tienen un papel fundamental. Una herida causada por una pelea, una cirugía, una castración, una marca, una picadura u otra lesión puede convertirse en una oportunidad para que la mosca deposite sus huevos.
Por eso, la detección temprana resulta determinante.
Panamá y la importancia de la mosca estéril
Uno de los elementos más importantes de la estrategia regional es la llamada Técnica del Insecto Estéril.
El método consiste en criar grandes cantidades de moscas macho y esterilizarlas antes de liberarlas en las zonas donde se busca reducir la población silvestre. Cuando estos machos se aparean con hembras silvestres, no generan descendencia, lo que disminuye progresivamente la capacidad de reproducción de la población.
Esta estrategia fue fundamental en la erradicación histórica del gusano barrenador en Centroamérica y continúa siendo una de las principales herramientas para enfrentar el actual resurgimiento.
Panamá mantiene además una posición estratégica porque COPEG cuenta con infraestructura especializada para la producción de moscas estériles y funciona como centro colaborador de la OMSA para esta enfermedad.
La producción de estos insectos también se ha convertido en una cuestión regional. México comenzó a desarrollar capacidad propia para producir moscas estériles con el objetivo de complementar el suministro procedente de Panamá y aumentar la capacidad de respuesta frente a la expansión de la enfermedad.
Una enfermedad que ya no afecta solamente a Panamá
La dimensión del problema se entiende mejor al observar su evolución regional.
Panamá notificó el resurgimiento de la enfermedad en 2023. Posteriormente, la infestación fue detectada en otros países centroamericanos y terminó alcanzando México. La expansión obligó a las autoridades veterinarias de la región a establecer mecanismos de coordinación para evitar que cada país actuara de manera aislada.
La OMSA creó, dentro del marco del GF-TADs, un Grupo Permanente de Expertos sobre Gusano Barrenador del Ganado. En 2025, especialistas de diferentes países y organizaciones internacionales comenzaron a coordinar estrategias de vigilancia, control y erradicación.
En este proceso participan instituciones nacionales y organismos como la FAO, la OMSA, el IICA, el OIRSA, la OPS/PANAFTOSA y COPEG, entre otros.
La segunda reunión del grupo de expertos también incluyó representantes de Colombia y Panamá, junto con autoridades y especialistas de otros países de la región, evidenciando que la respuesta requiere coordinación más allá de las fronteras nacionales.
El impacto económico también preocupa
Aunque el gusano barrenador es principalmente un problema sanitario, sus consecuencias alcanzan directamente a la economía ganadera.
Los animales infestados pueden perder peso y productividad, mientras que los productores deben asumir gastos adicionales en medicamentos, tratamientos veterinarios, inspecciones y manejo de las heridas.
Además, cuando aumenta la presencia de la enfermedad, los países pueden establecer restricciones al movimiento y comercio de animales. Esto puede afectar las cadenas de suministro y generar mayores costos para productores, transportadores, comercializadores y consumidores.
La OMSA ha advertido que la enfermedad genera pérdidas económicas importantes en la ganadería y que la respuesta debe considerar no solamente el costo inmediato de los tratamientos, sino también las consecuencias sobre la competitividad y sostenibilidad del sector.
El problema incluso ha alcanzado dimensiones comerciales internacionales. La expansión del gusano barrenador hacia México y posteriormente hacia Estados Unidos llevó a incrementar controles y restricciones sobre el movimiento de ganado, demostrando que una enfermedad que comienza en una zona rural puede terminar teniendo consecuencias para mercados ganaderos internacionales.
También existe un riesgo para la fauna silvestre
Otro aspecto que ha ganado importancia es el impacto sobre animales silvestres.
La OMSA ha advertido que el gusano barrenador puede afectar a una amplia variedad de especies de sangre caliente y que ya se han registrado infestaciones en fauna silvestre. Esto amplía considerablemente el desafío, porque no todos los animales afectados pueden ser revisados con la misma frecuencia que el ganado doméstico.
En septiembre de 2026, especialistas en Guatemala volvieron a llamar la atención sobre el riesgo que representa la enfermedad para especies silvestres como tapires y otros mamíferos, lo que refuerza la necesidad de incorporar la vigilancia de fauna dentro de las estrategias sanitarias.
Esta situación explica por qué la respuesta regional se plantea bajo el concepto de “Una sola salud”, que busca coordinar la protección de animales, seres humanos y ecosistemas en lugar de tratar cada problema por separado.
¿Qué deben hacer los productores?
La vigilancia oficial es indispensable, pero el control comienza también en cada finca.
Las autoridades sanitarias recomiendan revisar periódicamente a los animales, especialmente aquellos que presentan heridas. Ante una lesión sospechosa, se debe buscar atención veterinaria y evitar que el animal sea movilizado sin la correspondiente evaluación sanitaria.
También es importante mantener limpias y protegidas las heridas producidas por procedimientos veterinarios, accidentes o enfrentamientos entre animales.
La OMSA señala que el tratamiento de una infestación requiere limpiar la herida, retirar las larvas y aplicar los productos indicados para controlar la infestación y prevenir complicaciones.
La participación de los productores es especialmente importante porque ningún sistema de puestos de control puede revisar permanentemente todos los animales existentes en una región.
Una batalla que exige coordinación regional
El fortalecimiento de los controles en Panamá debe entenderse dentro de una estrategia mucho más amplia. El objetivo no es simplemente impedir que un animal infectado llegue a otra provincia o atraviese una frontera, sino cortar el ciclo de reproducción de la mosca y evitar que nuevos focos se establezcan.
La experiencia histórica demuestra que la erradicación es posible. Sin embargo, la situación actual también demuestra que mantener una barrera sanitaria requiere vigilancia constante, recursos económicos, infraestructura, capacitación y coordinación entre países.
El informe de la OMSA publicado en 2026 señala que los países de la región han mejorado la detección temprana, la vigilancia, el seguimiento de animales y los controles de movimiento y fronteras como respuesta a la reaparición del gusano barrenador. Al mismo tiempo, la organización destaca que la Técnica del Insecto Estéril continúa siendo fundamental para avanzar hacia la erradicación.
En ese escenario, Panamá conserva una posición estratégica. Su frontera con Colombia y, especialmente, el territorio del Darién representan uno de los puntos más sensibles de la lucha contra una enfermedad que logró atravesar la antigua barrera sanitaria y expandirse nuevamente por Centroamérica.
El desafío ahora consiste en evitar que esa expansión continúe. Para conseguirlo, los puestos de inspección, la vigilancia veterinaria, el tratamiento oportuno de heridas, el control de la movilización, la producción de insectos estériles y la cooperación entre Panamá, Colombia y el resto de la región tendrán que funcionar como partes de una misma estrategia.
La lucha contra el gusano barrenador, por tanto, no se limita a una frontera. Es una batalla sanitaria regional en la que la detección temprana y la coordinación pueden marcar la diferencia entre contener nuevos focos o permitir que la enfermedad siga avanzando.
