Alemania se acerca a un septiembre políticamente decisivo en medio de una creciente presión sobre el Gobierno federal. La coalición encabezada por el canciller Friedrich Merz, formada principalmente por la alianza conservadora CDU/CSU y el Partido Socialdemócrata (SPD), intenta proyectar una imagen de estabilidad mientras enfrenta problemas de liderazgo, desacuerdos internos, desgaste en las encuestas y el avance de la ultraderecha de Alternativa para Alemania (AfD).

El panorama es especialmente delicado porque varias elecciones regionales se celebrarán durante septiembre de 2026. La primera gran cita será en Sajonia-Anhalt el 6 de septiembre, mientras que Berlín y Mecklemburgo-Pomerania Occidental acudirán a las urnas el 20 de septiembre. Estos comicios serán observados como una prueba no solo para los gobiernos regionales, sino también para la capacidad de la coalición federal de mantener su autoridad y contener el crecimiento de las fuerzas que cuestionan el actual equilibrio político alemán.

Una coalición que intenta mostrar unidad

Friedrich Merz llegó a la Cancillería en mayo de 2025, después de que la CDU/CSU y el SPD alcanzaran un acuerdo para formar una nueva coalición de gobierno. La alianza permitió construir una mayoría parlamentaria, pero desde el inicio reunió a dos fuerzas con importantes diferencias ideológicas y electorados distintos.

La CDU/CSU representa el espacio conservador y de centroderecha, mientras que el SPD ocupa una posición de centroizquierda. Gobernar juntos ha obligado a negociar constantemente cuestiones relacionadas con la economía, el gasto público, las pensiones, la inmigración, la seguridad y las reformas del Estado.

En los últimos meses, las tensiones se han hecho más visibles. Dentro de la CDU han surgido críticas a la gestión de Merz y a su estilo de liderazgo, especialmente después de una accidentada reorganización del gabinete durante el verano. El episodio alimentó cuestionamientos internos en un partido tradicionalmente conocido por su disciplina.

La situación tampoco es sencilla para el SPD. El partido atraviesa dificultades de popularidad y sus dirigentes han recibido críticas internas ante la posibilidad de sufrir nuevos retrocesos electorales. La presión es especialmente intensa porque los malos resultados regionales podrían reabrir el debate sobre el rumbo y el liderazgo de los socialdemócratas.

Pese a ello, Merz y el ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, una de las principales figuras del SPD, han insistido públicamente en que la coalición mantiene su capacidad de gobierno. Ambos han intentado transmitir una imagen de unidad y han defendido una agenda basada en reformas económicas, inversión pública y crecimiento. El Gobierno ha fijado incluso el objetivo de alcanzar al menos un 1 % de crecimiento económico en el próximo año.

Sajonia-Anhalt, la elección que concentra todas las miradas

La primera gran prueba llegará el 6 de septiembre en Sajonia-Anhalt, un estado situado en el este de Alemania. Allí, la AfD aparece como la fuerza con mayor respaldo en los sondeos previos a las elecciones.

Según los datos recogidos en la cobertura reciente de Reuters, la AfD se situaba en torno al 41 % de intención de voto, por delante de la CDU, que rondaba el 24 %. El resultado podría convertir a Sajonia-Anhalt en el escenario de un cambio político histórico si la formación logra traducir ese respaldo en una posición que le permita encabezar el gobierno regional.

El candidato de la AfD, Ulrich Siegmund, se ha convertido en una de las figuras centrales de la campaña. Su ascenso preocupa a los principales partidos alemanes porque una victoria contundente de la formación reforzaría su aspiración de transformar el éxito regional en influencia nacional.

Sin embargo, el escenario político alemán presenta un obstáculo importante para la AfD: los principales partidos mantienen, hasta ahora, una política de no cooperación con la organización, conocida como Brandmauer o “cortafuegos”. La CDU y otras fuerzas consideran que no deben formar coaliciones con la AfD debido a sus posiciones y a las preocupaciones existentes sobre sectores del partido y su relación con el extremismo.

Esto significa que incluso una victoria electoral no garantizaría automáticamente a la AfD el control del gobierno regional. Pero un resultado histórico podría complicar enormemente la formación de mayorías y aumentar la presión sobre el resto de los partidos.

El este alemán y una frustración que viene de décadas

El crecimiento de la AfD en el este del país no puede entenderse únicamente a través de los debates actuales sobre inmigración o seguridad. Analistas y estudios sobre la situación electoral señalan que persisten diferencias económicas y sociales entre distintas regiones del este y el oeste de Alemania, más de tres décadas después de la reunificación.

En varias zonas orientales existen problemas relacionados con la pérdida de población, el envejecimiento demográfico, salarios más bajos y una menor disponibilidad de oportunidades laborales. Estas circunstancias han alimentado entre parte de la población una sensación de abandono o de distancia respecto a las élites políticas de Berlín.

La AfD ha logrado convertir parte de ese malestar en apoyo electoral mediante un discurso que combina críticas a la inmigración, rechazo a determinadas políticas europeas y una fuerte apelación a la identidad regional y a la percepción de que el este alemán ha sido tratado de forma desigual.

La estrategia ha sido visible durante la campaña en Sajonia-Anhalt. La formación ha utilizado símbolos vinculados a la memoria y la identidad de la antigua Alemania Oriental, intentando conectar con una población que mantiene una relación particular con la historia de la reunificación y las transformaciones económicas posteriores.

Berlín: una elección abierta y un mapa político fragmentado

Dos semanas después de la votación en Sajonia-Anhalt, Berlín celebrará sus propias elecciones regionales el 20 de septiembre. Aunque la capital presenta una realidad política muy diferente a la de los estados orientales donde la AfD obtiene sus mejores resultados, la elección también refleja una fuerte fragmentación.

Las encuestas recientes muestran una competencia muy cerrada entre varias fuerzas políticas. CDU, La Izquierda, Los Verdes y la AfD se encuentran en un rango relativamente próximo, mientras que el SPD también busca recuperar terreno. Esta situación convierte la elección en una de las más impredecibles de los últimos años en la capital alemana.

El principal tema de la campaña ha sido la crisis de vivienda. El elevado costo de los alquileres y la falta de viviendas asequibles se han convertido en una de las mayores preocupaciones para los habitantes de Berlín, especialmente entre jóvenes y familias con ingresos medios y bajos. La seguridad, la migración, el transporte y el gasto público también ocupan un lugar destacado en el debate.

La importancia de Berlín va mucho más allá de su condición de capital. Una derrota importante de los partidos que forman parte de la coalición federal sería interpretada como una señal de desgaste del Gobierno de Merz y podría fortalecer a las fuerzas que reclaman un cambio profundo en la política alemana.

Mecklemburgo-Pomerania Occidental completa un septiembre decisivo

El mismo 20 de septiembre también se celebrarán elecciones en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, otro estado del este del país donde la AfD ha ganado un respaldo significativo.

Los sondeos citados por Reuters situaban a la formación en torno al 36 % de intención de voto, consolidándola como una de las principales fuerzas políticas de la región. La elección también tiene una dimensión nacional para el SPD, que necesita evitar un retroceso que pueda profundizar la discusión sobre su liderazgo y su futuro político.

La coincidencia de tres elecciones relevantes durante el mismo mes convierte septiembre en una especie de examen político para toda Alemania. Un mal desempeño de los partidos tradicionales podría generar una nueva etapa de inestabilidad y obligar a revisar estrategias tanto dentro del Gobierno como en la oposición.

El desafío de Friedrich Merz

Para Friedrich Merz, la situación es especialmente compleja. El canciller necesita demostrar que puede mantener cohesionada a una coalición ideológicamente diversa al mismo tiempo que enfrenta críticas dentro de su propio bloque conservador.

Los problemas de liderazgo dentro de la CDU se hicieron evidentes durante el verano, cuando una reorganización gubernamental generó críticas por su manejo y comunicación. Aunque Merz ha intentado recuperar la iniciativa con nuevas propuestas económicas y medidas destinadas a modernizar el Estado, el descontento interno ha debilitado la percepción de autoridad que buscaba consolidar al inicio de su mandato.

Además, el Gobierno enfrenta una presión constante para mejorar la situación económica. Alemania ha atravesado un periodo de bajo crecimiento y dificultades industriales, por lo que la coalición apuesta ahora por reformas favorables a la inversión y por el uso de recursos de un gran fondo destinado a infraestructura.

Merz y Klingbeil han defendido que estas medidas permitirán impulsar la economía y evitar una nueva recesión. Sin embargo, el éxito político de esa estrategia dependerá de si los ciudadanos perciben mejoras concretas en su vida cotidiana antes de que el desgaste electoral se profundice.

La presión de la AfD cambia el debate político nacional

El avance de la AfD representa uno de los principales factores de preocupación para el Gobierno y para los partidos tradicionales. A nivel nacional, la formación se ha situado entre las fuerzas con mayor intención de voto y ha conseguido convertir las elecciones regionales en una plataforma para proyectar ambiciones federales.

La importancia de Sajonia-Anhalt es particularmente elevada. Si la AfD logra un resultado cercano al que anticipan algunos sondeos, la discusión política en Alemania podría cambiar de manera significativa. La presión sobre la CDU aumentaría, especialmente por el debate sobre cómo mantener el “cortafuegos” político mientras una parte creciente del electorado apoya a la formación.

Hasta ahora, la posición oficial de los principales partidos ha sido mantener el rechazo a formar coaliciones con la AfD. No obstante, la creciente fragmentación electoral hace cada vez más difícil construir mayorías estables sin negociaciones complejas entre varias fuerzas.

Un mes que puede redefinir la política alemana

La crisis política en Alemania no se limita a un enfrentamiento puntual dentro de la coalición de gobierno. El país atraviesa una transformación más profunda de su panorama electoral.

Los partidos tradicionales enfrentan dificultades para conservar el respaldo de sectores que consideran insuficientes las respuestas del Gobierno ante problemas como la vivienda, el crecimiento económico, la inmigración y la desigualdad territorial. Al mismo tiempo, las fuerzas situadas en los extremos del espectro político han conseguido ampliar su influencia.

El Gobierno de Friedrich Merz intenta responder con una imagen de unidad y con una agenda centrada en la recuperación económica, la inversión y la modernización del Estado. Sin embargo, las tensiones dentro de la CDU y el SPD muestran que mantener esa unidad será uno de los principales desafíos de los próximos meses.

Las elecciones de septiembre serán, por tanto, mucho más que una serie de votaciones regionales. Sajonia-Anhalt pondrá a prueba la posibilidad de un avance histórico de la AfD; Berlín mostrará hasta qué punto la fragmentación y los problemas urbanos han alterado la política de la capital; y Mecklemburgo-Pomerania Occidental ofrecerá una nueva medición del apoyo a los partidos tradicionales en el este.

El resultado conjunto de estas elecciones podría redefinir las relaciones de poder dentro de Alemania y determinar si la coalición de Berlín consigue recuperar estabilidad o si, por el contrario, entra en una etapa de mayor presión interna. Con una AfD fortalecida, partidos tradicionales debilitados y un electorado cada vez más fragmentado, el otoño político alemán se perfila como uno de los momentos más importantes para el país desde la llegada de Friedrich Merz a la Cancillería.