Dembélé se redimió en este Mundial y cerró su mejor torneo con la selección francesa
Ousmane Dembélé llegó al Mundial 2026 cargando años de promesas incumplidas con la selección francesa, siempre considerado un talento enorme que nunca terminaba de explotar en los grandes torneos. Este Mundial fue su respuesta definitiva a todas las críticas: cinco goles en siete partidos, una efectividad goleadora del 31 por ciento que lo convirtió en el más letal de toda Francia, y el hat-trick ante Noruega en Boston que fue una de las actuaciones individuales más brillantes del torneo. Por si fuera poco, con su segundo gol ante los noruegos anotó el gol número 2900 en toda la historia de los Mundiales, un hito estadístico que quedará grabado para siempre junto a su nombre.
Lo que hace especial el Mundial de Dembélé es su arma más temida por los defensas: la ambidestreza perfecta que lo convierte en un jugador imposible de orientar hacia un perfil débil, con 50 goles de derecha y 47 de izquierda en su carrera profesional. Sin embargo, ante España en semifinales fue neutralizado completamente y no pudo generar peligro real en los 90 minutos más importantes del torneo, la sombra que oscurece una campaña que de otra manera habría sido perfecta. Hoy ante Inglaterra en Miami tiene la oportunidad de cerrar el mejor torneo de su carrera con la selección con otro gol que consolide definitivamente su transformación de promesa eterna a figura consumada del fútbol mundial.
