La Agencia de la ONU para los Refugiados, ACNUR, ha advertido sobre el incremento y la persistencia de los flujos de desplazamiento forzado en el este de África, una región golpeada simultáneamente por conflictos armados, violencia, inestabilidad política y fenómenos climáticos extremos. La situación ha llevado a millones de personas a abandonar sus hogares, en muchos casos de manera repetida, mientras los países vecinos enfrentan una creciente presión sobre sus sistemas de salud, educación, vivienda y asistencia humanitaria.

El panorama es especialmente preocupante en países como Sudán, Sudán del Sur y la República Democrática del Congo, donde la continuidad de los enfrentamientos ha provocado nuevos movimientos de población tanto dentro de las fronteras nacionales como hacia los Estados vecinos. A esto se suman las inundaciones, sequías y otros eventos climáticos que afectan a comunidades que ya se encontraban en condiciones de alta vulnerabilidad.

Según datos recientes de ACNUR, al finalizar 2025 había 6,4 millones de refugiados y solicitantes de asilo registrados en África oriental y meridional, muchos de ellos procedentes de Sudán, Sudán del Sur y Somalia. Uganda, Etiopía y Kenia se mantienen entre los principales países de acogida de la región.

Sudán y Sudán del Sur, dos de los principales focos de desplazamiento

Uno de los factores más importantes detrás del aumento de los movimientos de población en la región continúa siendo la guerra en Sudán. El conflicto, iniciado en abril de 2023, se ha convertido en una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo.

Al cierre de 2025, cerca de 12,9 millones de sudaneses se encontraban desplazados dentro o fuera de su país, incluyendo refugiados, solicitantes de asilo y desplazados internos. Aunque millones de personas han regresado a algunas zonas del país, la violencia continúa generando nuevos desplazamientos, especialmente en regiones como Darfur y Kordofán.

El impacto de esta crisis se extiende más allá de las fronteras sudanesas. Los países vecinos han recibido a millones de personas que buscan protección, entre ellos Chad, Egipto, Sudán del Sur, Libia, Etiopía y Uganda. ACNUR ha advertido que el aumento de las necesidades humanitarias y la reducción de los recursos internacionales están ejerciendo una enorme presión sobre las comunidades de acogida y los servicios básicos.

Sudán del Sur enfrenta, además, una crisis propia. La escalada de violencia e inseguridad registrada desde comienzos de 2025 provocó nuevos desplazamientos internos y movimientos hacia países como Etiopía, Sudán y Uganda.

Solo en 2025, se estima que 332.900 personas fueron desplazadas recientemente dentro de Sudán del Sur, mientras que la cifra de desplazados internos alcanzó alrededor de 1,3 millones al finalizar ese año. Paralelamente, decenas de miles de sursudaneses buscaron refugio en países vecinos.

Jonglei: cientos de miles de personas obligadas a huir

Uno de los episodios más graves reportados por ACNUR se produjo en el estado de Jonglei, en el este de Sudán del Sur. La organización alertó en junio de 2026 que meses de enfrentamientos e inseguridad habían obligado a más de 300.000 personas a abandonar sus hogares en Jonglei y estados vecinos desde diciembre de 2025.

El condado de Akobo se encuentra entre las zonas más afectadas, con aproximadamente 140.000 personas desplazadas. Además, alrededor de 100.000 personas cruzaron hacia la vecina Etiopía en busca de seguridad, aunque los movimientos continúan siendo cambiantes y algunas familias se ven obligadas a desplazarse en varias ocasiones.

ACNUR ha documentado que muchas de estas personas regresan a zonas donde sus viviendas han sido destruidas o saqueadas, debido a la falta de alternativas. Familias enteras terminan refugiándose en construcciones inacabadas o en estructuras improvisadas hechas con palos y lonas.

La situación también ha generado graves riesgos de protección. Mujeres y niños se encuentran particularmente expuestos a la violencia, la explotación y otros abusos, mientras que personas mayores y personas con discapacidad enfrentan mayores dificultades para acceder a alimentos, atención médica y ayuda humanitaria.

La República Democrática del Congo mantiene una crisis sin resolver

Otro de los principales focos de preocupación en África oriental es la República Democrática del Congo. La situación de seguridad en el este del país continuó deteriorándose durante 2025 y los primeros meses de 2026, especialmente en las provincias de Kivu del Norte, Kivu del Sur e Ituri.

ACNUR señala que los acuerdos alcanzados durante 2025 todavía no se han traducido en mejoras tangibles para la población civil. Los ataques contra civiles, las violaciones de derechos humanos y la violencia sexual relacionada con el conflicto han seguido alimentando nuevos desplazamientos y desplazamientos secundarios.

Aunque alrededor de 3,6 millones de desplazados internos congoleños regresaron a sus zonas de origen durante 2025, la agencia advierte que muchos de estos retornos no fueron completamente voluntarios y que las personas que regresaron continuaron enfrentando riesgos de violencia, reclutamiento forzado, artefactos explosivos y explotación.

Al finalizar 2025, aproximadamente 5,7 millones de congoleños seguían desplazados, ya fuera dentro del país o como refugiados y solicitantes de asilo en otros Estados.

El cambio climático agrava una crisis ya existente

La emergencia humanitaria en el este de África no está provocada únicamente por la guerra. Las inundaciones, sequías y otros fenómenos climáticos extremos se han convertido en un factor adicional de desplazamiento.

En Sudán del Sur, ACNUR alertó que la temporada de lluvias puede agravar aún más la situación de las comunidades desplazadas. Durante 2025, más de un millón de personas fueron afectadas por inundaciones en el país, que dañaron viviendas, carreteras e infraestructura básica y dificultaron el acceso de las organizaciones humanitarias a zonas vulnerables.

El riesgo es especialmente alto para las familias que ya han perdido sus hogares a causa de la violencia. Las inundaciones pueden destruir los refugios temporales, aislar comunidades enteras y aumentar el riesgo de enfermedades, mientras las carreteras dañadas dificultan la llegada de alimentos, medicamentos y otros suministros.

ACNUR ha señalado que, en África oriental y meridional, los conflictos prolongados y los desastres relacionados con el clima están creando una combinación que multiplica las necesidades humanitarias y puede provocar desplazamientos repetidos.

Una crisis que deja a millones de personas en el exilio durante años

Uno de los aspectos más preocupantes del fenómeno es que el desplazamiento rara vez es temporal. Un análisis publicado por ACNUR en junio de 2026 reveló que los refugiados en África oriental y meridional permanecen en situación de exilio durante una mediana de casi 16 años.

La organización encontró que tres de cada cuatro refugiados y solicitantes de asilo continúan desplazados después de cinco años, mientras que casi dos de cada cinco permanecen en esa situación incluso después de dos décadas.

Los niños son uno de los grupos más afectados. Aquellos registrados como refugiados antes de cumplir cinco años pueden pasar, en promedio, más de 18 años fuera de su país de origen. Esto significa que muchos crecen, estudian y llegan a la adultez sin haber encontrado una solución duradera a su situación.

La prolongación del desplazamiento también genera una creciente dependencia de la asistencia humanitaria, especialmente en comunidades donde las oportunidades de empleo, educación y acceso a servicios son limitadas.

Los países de acogida enfrentan una presión creciente

La mayor parte de las personas que huyen no llega inicialmente a países lejanos, sino a los Estados vecinos. Uganda, Etiopía y Kenia continúan acogiendo a una parte importante de la población refugiada de la región.

Sin embargo, la llegada constante de nuevas personas genera una presión considerable sobre las comunidades locales y los sistemas públicos. Hospitales, escuelas, viviendas y servicios de agua y saneamiento deben atender a poblaciones cada vez mayores, muchas veces con recursos insuficientes.

ACNUR ha destacado la solidaridad de los países de acogida, pero también ha pedido un mayor respaldo financiero y político de la comunidad internacional. La organización considera necesario aumentar las oportunidades de educación, empleo e integración para reducir la dependencia prolongada de la ayuda humanitaria.

En Sudán del Sur, por ejemplo, la organización informó que, hasta mayo de 2026, solo había recibido el 25 % de los 286 millones de dólares que necesitaba para atender a las personas desplazadas y a las comunidades que las reciben.

Un problema regional que requiere soluciones a largo plazo

La situación en el este de África demuestra que el desplazamiento forzado no puede analizarse como una serie de crisis aisladas. La guerra en un país puede provocar movimientos masivos hacia varios Estados vecinos, mientras que una inundación o una sequía puede obligar nuevamente a desplazarse a personas que ya habían perdido sus hogares.

Para ACNUR, la respuesta no puede limitarse a la entrega de ayuda de emergencia. La agencia insiste en la necesidad de ampliar las llamadas soluciones duraderas, incluyendo el retorno voluntario cuando existan condiciones seguras, la integración en los países de acogida y, para algunos casos especialmente vulnerables, el reasentamiento en terceros países.

El desafío es enorme. La región continúa enfrentando conflictos activos, crisis políticas, pobreza y fenómenos climáticos extremos, mientras la financiación humanitaria no crece al mismo ritmo que las necesidades.

El desplazamiento forzado en el este de África se ha consolidado así como una de las principales crisis humanitarias del mundo. Más allá de las cifras, el problema afecta a millones de personas que han perdido sus hogares y que, en muchos casos, llevan años —e incluso décadas— esperando una oportunidad para reconstruir sus vidas con seguridad y dignidad.