En algunos sectores de Pasto, las historias de abandono no siempre tienen rostro humano. También caminan por las calles, buscan refugio bajo la lluvia, hurgan entre bolsas de basura y pasan días enteros intentando encontrar algo para comer. Son perros que, sin tener un hogar, terminan convirtiéndose en parte del paisaje cotidiano de la ciudad.
En el barrio La Esmeralda, en la Comuna Tres de Pasto, durante mucho tiempo una montaña de escombros y residuos fue el escenario habitual de una de esas historias. El lugar se había convertido en un punto donde algunas personas arrojaban desechos de manera inadecuada, generando un problema ambiental y afectando también a los animales que frecuentaban el sector.
Un cambio real
En lugar de acostumbrarse a la presencia de los residuos y a los perros que llegaban hasta allí buscando alimento, sus integrantes comenzaron a preguntarse qué podían hacer para cambiar la situación.
Así nació una iniciativa que, con el paso del tiempo, convirtió un punto marcado por el abandono en un espacio destinado a ofrecer alimento y agua a perros que no cuentan con un hogar. La historia no comenzó con grandes recursos ni con una infraestructura especializada. Comenzó con una preocupación cotidiana.
Los integrantes de la familia observaban cómo los animales llegaban hasta el lugar, permanecían entre los residuos y buscaban cualquier posibilidad para alimentarse. José Luis Dueñas, uno de los impulsores de la iniciativa, recuerda aquella realidad con preocupación.
“Pasaban los buses y se llevaban la basura, era muy feo. Nos dimos cuenta de que por el barrio pasan perros callejeros, en charcos se paraban a tomar agua, rompían las bolsas para poder comer, les sacaban comida, no tenían una vida digna”, relata.
Bienestar
La familia comenzó a disponer alimento y agua para los animales y poco a poco fue adecuando el espacio. Lo que antes representaba suciedad y abandono empezó a adquirir otro significado. No se trataba únicamente de alimentar a los perros. También era una manera de llamar la atención sobre una problemática que suele permanecer invisible: el abandono de animales y la falta de corresponsabilidad frente a su bienestar. El punto creado por la familia Madroñero representa una ayuda concreta para los animales que transitan por el sector, pero también evidencia las dimensiones de un problema que no puede resolverse únicamente mediante iniciativas particulares. Un perro que llega a un punto de alimentación continúa siendo un animal que necesita protección, atención veterinaria, vacunación, esterilización y, principalmente, un hogar responsable.
