En medio de las dificultades sociales que diariamente enfrenta la ciudad de Pasto, existen historias que logran devolver la esperanza y demostrar que aún hay personas dispuestas a tender la mano a quienes más lo necesitan. Una de ellas es la de Mich Guerrero, un joven de 23 años que decidió convertir la solidaridad en su propósito de vida.

Sin grandes recursos económicos, sin patrocinadores y únicamente acompañado por el deseo de ayudar, Mich Guerrero ha venido desarrollando durante el último año una labor social enfocada en apoyar a habitantes de calle y animales abandonados en distintos sectores vulnerables de la capital nariñense.

Lo que comenzó como una iniciativa sencilla junto a dos amigos, hoy se ha convertido en un ejemplo de humanidad que ha empezado a llamar la atención de muchas personas en Pasto, especialmente por el impacto emocional y social que genera en quienes reciben su ayuda.

El joven recorre diferentes barrios y sectores marginados llevando alimentos, agua y apoyo a personas que sobreviven diariamente en condiciones difíciles, muchas veces olvidadas por la sociedad y enfrentando el abandono, el hambre y la indiferencia.

Pero su labor no termina allí. Paralelamente, también dedica tiempo al rescate y alimentación de animales en condición de calle, especialmente perros y gatos que permanecen expuestos al frío, el hambre y el maltrato.

“No me define qué labor hago, solo sé que allá afuera hay personas y animales que tienen hambre y necesitan sentir que alguien piensa en ellos”, expresa Mich Guerrero, quien asegura que cada jornada representa un aprendizaje humano que le ha cambiado la manera de ver la vida.