En Australia, los cigarrillos se han convertido en los más caros del mundo debido a sucesivas subidas de impuestos. Este contexto ha generado un fenómeno inesperado: el florecimiento de un mercado negro multimillonario y una escalada de violencia vinculada al contrabando de tabaco, hasta el punto de que el 80 % de los cigarrillos fumados en el país el año pasado eran productos ilegales más baratos.

Según el informe de la Oficina de Estadísticas del Gobierno de Australia revela que los precios del tabaco legal casi se triplicaron desde 2016, mientras que los precios del mercado ilícito se mantuvieron estables. El consumo total de nicotina aumentó aproximadamente un 40% entre 2017 y 2025 (frente a un crecimiento poblacional del 14%). El gasto de los hogares ha disminuido mientras el consumo ha aumentado, lo que indica un desplazamiento hacia fuentes ilícitas.

Esta es la historia publicada en The New York Times de Pat Felvus, una profesora de matemáticas jubilada de 75 años ilustra el impacto de esta situación. Ante el precio de una cajetilla legal, que ronda los 55 dólares australianos (unos 140 mil pesos colombianos), muchos fumadores como ella recurren al mercado ilegal, donde el precio puede ser hasta cuatro veces menor. La compra de cigarrillos de contrabando se ha normalizado, incluso en barrios residenciales de clase media en Melbourne, con operaciones que se desarrollan en parqueaderos o establecimientos que venden cigarrillos debajo del mostrador.

La competencia en el mercado negro ha hecho descender los precios, mientras el costo de los productos legales sigue aumentando. Paralelamente, la proliferación del comercio ilícito ha desatado una ola de violencia: incendios provocados, extorsiones, tiroteos e incluso homicidios, todo ello vinculado a grupos del crimen organizado que luchan por el control de este lucrativo negocio.

El fenómeno ha llevado a cuestionar la eficacia de los llamados «impuestos al pecado» como herramienta para reducir el consumo de tabaco. Aunque la tasa de fumadores ha descendido, el gobierno australiano reconoce que se enfrenta a una «crisis» de tabaco ilegal que le cuesta entre 7.700 y 11.800 millones de dólares australianos anuales en impuestos evadidos, pero se resiste a revertir las subidas de impuestos o admitir su posible papel en el auge del mercado negro. Por el contrario, se han intensificado los esfuerzos policiales y el endurecimiento de leyes, aunque expertos y críticos consideran que estas medidas no abordan el fondo del problema: el incentivo económico para el contrabando.

El reportaje recoge testimonios de afectados y expertos. «Es la injusticia de la situación», afirma Felvus, que confiesa haber sentido miedo y cierta transgresión en sus primeras compras ilegales. La historia de su barrio confirma la presencia del crimen organizado, con comercios obligados a vender productos ilegales o cedidos bajo amenazas. Según la policía, la violencia ha dejado ya víctimas mortales y decenas de ataques a locales relacionados con la «guerra del tabaco».

La mayoría de los cigarrillos ilegales provienen de países con precios mucho más bajos, como China o Emiratos Árabes Unidos, y marcas como Manchester o Double Happiness lideran el mercado clandestino. El conflicto ha llegado a tal punto que, según el criminólogo James Martin, «antes era solo un problema de salud, y ahora es un problema de delincuencia», abriendo un nuevo frente en la lucha contra el crimen.

La situación en Australia plantea un dilema para los responsables políticos: “¿Hasta qué punto son eficaces los altos impuestos como herramienta de salud pública si, como efecto colateral, generan un mercado negro y alimentan el crimen organizado? El debate sigue abierto mientras el país busca el equilibrio entre reducir el consumo de tabaco y evitar consecuencias indeseadas” afirma la periodista del NYT.