La Odisea, ese poema épico griego con aproximadamente 2,800 años de antigüedad, busca enfrentarnos a los vaivenes del poder, la inteligencia, la guerra, la fragilidad del hogar, la memoria y el costo de regresar.

Ahora con la adaptación cinematográfica de Christopher Nolan reafirma su preponderancia; sin embargo, también sirve como un espejo a través del cual se puede ver cómo el hombre del siglo XXI ha perdido la capacidad de entender a Homero desde la perspectiva de los antiguos griegos.

‘La Odisea’, de Christopher Nolan, sigue dominando la taquilla no sólo en el mundo sino también en Colombia, tras solo dos semanas en los cines colombianos, éste fenómeno cinematográfico es ya la mayor película de imagen real del año hasta la fecha y va camino de superar la codiciada barrera de los 1.000 millones de dólares.

Hasta la fecha más de 1 millón de colombianos ya vieron la epopeya.

Con un poco más de dos semanas de estreno en el país, la película no sólo ha impulsado un regreso a los clásicos y a la lectura del antiguo poema de Homero, sino también ha despertado interés por aprender griego.

Según un nuevo análisis de Preply la plataforma personalizada de aprendizaje de idiomas, se ha disparado el número de búsquedas de «aprender griego», que han aumentado un 5.000 % en la última quincena, coincidiendo con el creciente interés que rodea a la película.

Para Madeline Enos, experta en tendencias lingüísticas de Preply, “Aunque la obra épica de Homero se compuso originalmente en griego antiguo, los escenarios, la mitología y las influencias culturales de la película podrían estar animando a los espectadores a explorar el idioma moderno que se habla actualmente en Grecia. Sin embargo, los estudiantes inspirados por la película pueden elegir cualquiera de los dos caminos: el griego antiguo ofrece la oportunidad de acercarse más al texto original de Homero y al mundo clásico en general, mientras que el griego moderno permite conectar con la cultura griega actual y comunicarse con los hablantes de hoy en día”.

Al igual que otras adaptaciones cinematográficas de los poemas homéricos, la película recurre con frecuencia a licencias narrativas, anacronismos e interpretaciones libres de la cultura material de la Grecia micénica (ca. 1700–1050 a. C.), periodo histórico en el que tradicionalmente se sitúan los acontecimientos narrados en la Ilíada y la Odisea.

El verdadero valor cultural de estas adaptaciones no depende de su exactitud arqueológica o textual, sino de su capacidad para mantener vivo el diálogo con Homero, devolver sus obras al centro de la conversación contemporánea y suscitar nuevas lecturas de la tradición clásica.

«Tanto si alguien siente curiosidad por la lengua de Homero como por el griego que se habla hoy, esa chispa inicial puede conducir a una comprensión más profunda de la herencia lingüística y cultural de Grecia», agrega Enos.

Se dice que la película contó con un presupuesto cercano a los US$250 millones y fue filmada en escenarios de Italia, Grecia, Marruecos, Malta, Escocia e Irlanda.

Para quienes tengan oxidados los clásicos, un breve repaso: en el viaje a Ítaca, la tripulación de Odiseo come fruta que les hace olvidar su objetivo de regresar a casa.

Quedan atrapados en una cueva con un cíclope tuerto y devorador de hombres.

Cuando se acercan tentadoramente a casa, vuelven a ser desviados de su rumbo.

Se encuentran con más monstruos devoradores de hombres.

Los hombres de Odiseo son convertidos en cerdos.

Odiseo viaja al inframundo y tiene que realizar un sacrificio de sangre.

Luego están las Sirenas y los monstruos marinos Escila y Caribdis.

Todos los hombres de Odiseo mueren al final, y, como si no hubiera sufrido lo suficiente, Calipso lo retiene durante años como esclavo sexual.