Un estudio reveló un aspecto inesperado de uno de los animales más longevos del planeta: sus ojos presentan una capacidad de conservación que podría aportar nuevas pistas sobre el envejecimiento.
En las oscuras y frías aguas del Ártico habita uno de los animales más extraordinarios conocidos por la ciencia: el tiburón de Groenlandia. Esta especie puede alcanzar varios siglos de vida y es considerada el vertebrado más longevo conocido, con ejemplares cuya edad se estima en alrededor de 400 años.
Sin embargo, su extraordinaria longevidad no fue lo único que llamó la atención de los investigadores. Un estudio reciente encontró que estos animales pueden conservar una visión funcional durante buena parte de su vida, pese a que sus ojos están expuestos durante décadas a las duras condiciones del océano profundo.
Un hallazgo que comenzó con un ojo de 200 años
La investigación tuvo un punto de partida tan llamativo como inquietante: los científicos recibieron para analizar un globo ocular perteneciente a un tiburón de aproximadamente 200 años, conservado en hielo seco.
A partir de ese hallazgo, el equipo estudió los ojos de otros tiburones de Groenlandia, algunos con edades estimadas entre 100 y 134 años. Los resultados no mostraron signos importantes de deterioro visual relacionados con la edad.
Aunque estos tiburones no poseen una visión especialmente precisa —se cree que tienen dificultades para distinguir formas y movimientos rápidos—, mantienen la capacidad de detectar luz y oscuridad, una característica fundamental para sobrevivir en las profundidades marinas.
¿Cuál es el secreto?
Los investigadores encontraron indicios de mecanismos relacionados con la reparación y conservación del ADN, que podrían contribuir a mantener los tejidos oculares durante períodos extraordinariamente largos.
Este descubrimiento resulta especialmente interesante porque podría ayudar a comprender cómo algunos organismos consiguen retrasar determinados efectos del envejecimiento. Los científicos consideran que estudiar estos mecanismos podría aportar información útil para futuras investigaciones sobre enfermedades asociadas con el deterioro de los ojos y el envejecimiento humano.
El tiburón de Groenlandia continúa siendo, de esta manera, un auténtico enigma biológico. Su crecimiento extremadamente lento, su vida de varios siglos y ahora la capacidad de conservar su función visual convierten a esta especie en una de las más fascinantes para la investigación científica.
En las profundidades del Ártico, este tiburón parece guardar parte de las respuestas a una de las grandes preguntas de la ciencia: ¿cómo consigue un organismo mantenerse funcional durante cientos de años?
