La erupción del Anak Krakatoa volvió a poner a Indonesia bajo una intensa vigilancia durante los primeros días de septiembre, después de que una prolongada fase eruptiva arrojara ceniza a gran altura y provocara importantes alteraciones en el transporte aéreo. La actividad del volcán, ubicado en el estrecho de Sunda, entre las islas de Java y Sumatra, obligó a cerrar temporalmente varios aeropuertos y generó miles de cancelaciones, retrasos y desvíos.
Las autoridades indonesias informaron el lunes 7 de septiembre que aproximadamente 341.000 viajeros habían resultado afectados por 2.961 vuelos cancelados, desviados o retrasados, una cifra que supera ampliamente las primeras estimaciones de más de 270.000 pasajeros difundidas durante la emergencia.
El episodio también puso bajo atención al transporte marítimo en el estrecho de Sunda. Aunque las principales conexiones en ferry continuaron funcionando, las autoridades ordenaron mantener una distancia mínima de seguridad respecto al cráter y pidieron a los barcos extremar las precauciones ante la posibilidad de nuevas emisiones de ceniza, material volcánico y problemas de visibilidad.
Una erupción que se prolongó durante unas 25 horas
La fase más intensa comenzó el viernes 4 de septiembre a las 23:07, hora local, y terminó el domingo 6 de septiembre a las 00:04, después de aproximadamente 25 horas de actividad eruptiva continua.
El Centro de Vulcanología y Mitigación de Desastres Geológicos de Indonesia, PVMBG, confirmó posteriormente que el episodio prolongado había terminado. Sin embargo, el volcán no quedó completamente inactivo: después de esa fase se registraron varias erupciones de tipo estromboliano, caracterizadas por explosiones relativamente cortas y emisiones de material volcánico.
El organismo mantiene al Anak Krakatoa en nivel III, denominado Siaga o alerta, debido a que la actividad sísmica continúa siendo elevada y existe una probabilidad considerable de que se produzcan nuevas erupciones durante los próximos periodos.
La recomendación oficial es que residentes, turistas y visitantes no realicen actividades dentro de un radio de 3 kilómetros del centro de actividad volcánica.
La ceniza alcanzó alturas peligrosas para la aviación
Uno de los principales problemas generados por la erupción fue la expansión de las nubes de ceniza volcánica.
Según datos de la Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica de Indonesia, algunas columnas de ceniza alcanzaron aproximadamente 6 kilómetros de altura sobre sectores de Java, mientras que otras llegaron hasta unos 15 kilómetros sobre zonas de Sumatra y Banten.
Estas alturas son especialmente preocupantes para la aviación comercial. La ceniza volcánica no se comporta como una nube convencional: contiene partículas minerales extremadamente abrasivas que pueden ingresar en los motores de los aviones, afectar determinados sistemas y reducir considerablemente la visibilidad.
Expertos citados por Reuters explicaron que las partículas de ceniza, que pueden contener componentes como sílice y azufre, representan un peligro para los motores y para la seguridad de las aeronaves.
Por esta razón, las autoridades prefirieron restringir las operaciones antes que permitir que los aviones atravesaran zonas potencialmente contaminadas.
Aeropuertos cerrados y miles de vuelos afectados
La propagación de la ceniza llevó al cierre temporal de varios aeropuertos, incluidos los dos principales que sirven a Yakarta.
Entre las instalaciones afectadas estuvo el Aeropuerto Internacional Soekarno-Hatta, principal puerta aérea de Indonesia, ubicado en Tangerang, cerca de Yakarta. También se vieron afectados otros aeropuertos de Java y Sumatra.
El Ministerio de Transporte extendió los cierres para permitir la limpieza de pistas, calles de rodaje y plataformas, además de dar tiempo a las aerolíneas para reorganizar sus aeronaves y operaciones.
La dimensión del impacto fue creciendo conforme avanzó la emergencia. Las cifras iniciales hablaban de unos 170.000 pasajeros afectados y más de 1.500 vuelos interrumpidos, pero una actualización posterior elevó el balance a 341.000 viajeros y 2.961 vuelos afectados.
Esta diferencia se explica por la evolución de la situación y por la incorporación de nuevas cancelaciones, retrasos y desvíos durante el proceso de reapertura de los aeropuertos.
Viajeros atrapados y vuelos internacionales modificados
La interrupción no se limitó a los vuelos nacionales. La ceniza afectó también rutas internacionales que conectan Indonesia con importantes centros de transporte de Asia y otras regiones.
Los pasajeros que permanecían en Soekarno-Hatta tuvieron que esperar durante horas para conocer el estado de sus vuelos. Algunos permanecieron dentro de las terminales mientras las aerolíneas reorganizaban sus itinerarios y las autoridades evaluaban las condiciones del espacio aéreo.
Aerolíneas internacionales y regionales cancelaron o modificaron servicios debido al riesgo asociado con las nubes de ceniza. AirAsia, por ejemplo, confirmó que varias de sus operaciones hacia y desde Yakarta tuvieron que ser canceladas o reprogramadas y que también se realizaron ajustes en determinadas rutas.
El impacto se extendió así más allá de los aeropuertos directamente cercanos al volcán, debido a que la ceniza puede desplazarse grandes distancias dependiendo de los vientos y las condiciones atmosféricas.
¿Qué ocurre con el transporte marítimo?
A pesar de que el Anak Krakatoa se encuentra en medio del estrecho de Sunda, una importante vía marítima entre Java y Sumatra, la situación del transporte marítimo ha sido diferente a la de la aviación.
Las autoridades confirmaron que el servicio de ferris entre Merak y Bakauheni, una de las principales conexiones entre ambas islas, continuaba funcionando con normalidad.
Sin embargo, esto no significa que la actividad volcánica no represente riesgos para la navegación.
El Ministerio de Transporte pidió a los barcos que mantengan una distancia de seguridad de al menos 3 kilómetros del cráter activo y recomendó a las embarcaciones que atraviesen el estrecho mantenerse especialmente atentas a posibles emisiones, caída de material volcánico, ceniza y alteraciones que puedan afectar la navegación.
Por ello, hablar de una paralización general del transporte marítimo sería incorrecto. La navegación principal continuaba operativa, pero bajo vigilancia reforzada y con restricciones de seguridad alrededor del volcán.
Sin alerta inmediata de tsunami
La historia del Anak Krakatoa hace que cualquier nueva erupción genere preocupación por la posibilidad de un tsunami.
El volcán es especialmente conocido por el desastre ocurrido en diciembre de 2018, cuando una erupción provocó el colapso de parte del edificio volcánico y desencadenó un tsunami que causó más de 400 muertes en las costas de Java y Sumatra.
Sin embargo, las autoridades indonesias han aclarado que no existe actualmente una amenaza inmediata de tsunami asociada con esta erupción. Los sistemas de vigilancia marítima no han registrado cambios anómalos que indiquen la generación de uno.
El Gobierno también pidió a la población no difundir rumores que relacionen automáticamente la actual actividad volcánica con un nuevo tsunami.
Un volcán nacido de una de las mayores catástrofes volcánicas
El Anak Krakatoa, cuyo nombre significa literalmente “hijo de Krakatoa”, surgió en la zona de la antigua caldera del Krakatoa, después de la gigantesca erupción de 1883.
El Krakatoa original protagonizó una de las erupciones volcánicas más famosas de la historia moderna. Las explosiones provocaron tsunamis y causaron la muerte de más de 36.000 personas, según las estimaciones históricas citadas por Reuters.
El actual Anak Krakatoa comenzó a emerger del mar en 1927 y desde entonces ha presentado actividad volcánica recurrente. Su localización resulta especialmente sensible porque se encuentra entre dos de las principales islas de Indonesia y cerca de importantes rutas marítimas y aéreas.
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Indonesia y el desafío de vivir entre volcanes
La emergencia del Anak Krakatoa vuelve a evidenciar la vulnerabilidad de Indonesia frente a los fenómenos volcánicos. El país se encuentra en el denominado Cinturón de Fuego del Pacífico, una extensa zona de intensa actividad sísmica y volcánica.
Indonesia cuenta con alrededor de 130 volcanes activos, por lo que las autoridades mantienen sistemas permanentes de vigilancia y protocolos para responder a erupciones que puedan afectar a las comunidades, el transporte y la economía.
En esta ocasión, la ceniza también afectó la vida cotidiana. Algunas zonas registraron acumulación de partículas sobre viviendas y espacios públicos, mientras que las autoridades recomendaron utilizar mascarillas y reducir la exposición al aire libre para evitar problemas respiratorios.
En Yakarta y Lampung, además, algunas actividades educativas fueron trasladadas temporalmente a modalidades remotas debido a la presencia de ceniza en el ambiente.
Las autoridades mantienen la vigilancia
Aunque la fase eruptiva continua de 25 horas ya terminó, el episodio está lejos de considerarse completamente superado.
El Gobierno indonesio mantiene el nivel III de alerta y continúa vigilando tanto la actividad sísmica como las emisiones del volcán. El organismo geológico advirtió que la posibilidad de nuevas erupciones sigue siendo elevada y señaló como principales peligros las rocas incandescentes, las lluvias intensas de ceniza y posibles flujos de lava si se reanuda una erupción continua.
Para la aviación, el principal desafío será determinar cuándo las condiciones atmosféricas y las instalaciones aeroportuarias permiten recuperar operaciones de forma segura. Las autoridades han insistido en que la reapertura no debe hacerse mientras exista una concentración peligrosa de ceniza en el espacio aéreo.
Mientras tanto, el transporte marítimo del estrecho de Sunda continúa funcionando, aunque con vigilancia reforzada y restricciones alrededor del volcán.
La erupción del Anak Krakatoa demuestra así cómo una actividad volcánica localizada puede desencadenar consecuencias que van mucho más allá del cráter: desde la interrupción de miles de vuelos y el desplazamiento de cientos de miles de pasajeros hasta cambios en la rutina de comunidades enteras y nuevas medidas de precaución para quienes utilizan una de las rutas marítimas más importantes del archipiélago indonesio.
