La semifinal del Mundial en Dallas corroboró la premisa de que el mejor ataque del mundo no pudo hacerle ni cosquillas al dueño absoluto de la pelota. Así, sin atenuantes, España borró a Francia y lo venció 2-0 en una semifinal del Mundial 2026 en la que básicamente acudió a un milenario secreto: si la pelota es tuya, nadie podrá hacerte daño.

Los de De la Fuente se quedaron con la Trionda desde el mismo pitazo y con ella hicieron daños en los arranques de los dos tiempos para irse justamente victoriosos de la tan anunciada batalla en Dallas que no fue, todo por culpa de la disciplina y el talento del primer finalista de la Copa del Mundo.

Dominio ibérico

Paciente era el arranque de España, dueño de la pelota, de la iniciativa y de tímidas aproximaciones al arco rival, pero la que también sufría la primera llegada concreta del juego, una salida a puro vértigo que en dos toques le quedó a Mbappé, solo que no logró definirlo a tiempo. Era un partido para las figuras.

Y la de los españoles, Lamine Yamal, apareció por primera vez para marcar el rumbo del partido: provocó el error en la marca de Digne, una patada increíble en el área y un penalti que a los 21 cambiaba Oyarzábal por gol. El dominio subió al marcador y era una gran prueba para los franceses, que por primera vez en todo el campeonato se veían en desventaja.

Y era todo aún peor para los de Deschamps pues a los 28 minutos se dejó caer el hombre clave de la defensa, Saliba, para pedir de inmediato el cambio por lesión. A partir de allí podía ser el inicio de la gesta o de la tragedia para los suyos.

 ​Tan cerrada era entonces la zaga española que Barcola no tuvo otra que intentar una media distancia muy elevada, mismo destino del intento de Porro en la respuesta, por lo que volvió España a si ADN, al tiki-taka con Baena, Olmo, con Yamal en modo asistente y Fabián Ruiz apareciendo con un remate apenas desviado: nunca lograron los zagueros entender dónde estaba la pelota.

Un par de intentos más tendría Mbappé, a quien siempre hicieron caer sus rivales en fuera de lugar, pero además de él ni Olise ni Dembelé estaban y le tocaba al menos fino, Koundé, encargarse de sacar al equipo. Eso explica que al descanso se fuera España con la ventaja y medio boleto a la final en el bolsillo.

Parte complementaria

Arrancaba el complemento exactamente igual, sin la pizca de precisión que requería Francia para entrar en partido, toda una invitación para España y su toque rápido y furioso, su golazo en esa jugada que tejían entre Olmo y Porro y que coronaba este último con una definición sin chance de nada para el portero francés, remate letal a su palo, un acto de justicia en el marcador para quien mejor jugaba: ¡qué golazo, España!

Y ya con el 2-0 en contra había sentencia: el peor día posible falló el tan temible ataque de Francia, con Dembelé inoperante, Olise desconectado, Barcola irrelevante, el candidatazo incapaz de hacer si quiera un tiro al arco de Unai Simon.

Sí, tuvo el descuento Mbappé a los 66 en el desvío de Cuccurella (que no dieron como tiro de esquina), primera ocasión clara de la gran figura, cuyo esfuerzo no parecía suficiente para evitar el fatal desenlace. Quiso de tiro libre y falló y Cuccrella le quitó el descuento al final a Francia y lo gritó como un gol. Casi era eso en el cierre del partido.