La educación ambiental puso el foco en los ríos Guáitara y Blanco y en el papel de las nuevas generaciones frente a la protección de los recursos hídricos.

El cuidado del agua comenzó en un salón de clases de Potosí con una pregunta que parece sencilla, pero que plantea un desafío para toda una región: ¿qué puede hacer cada persona para proteger las fuentes de las que depende la vida?

La respuesta fue trabajada por estudiantes de la Institución Educativa Nuestra Señora de Lourdes, donde se desarrolló un taller del Proyecto Ambiental Escolar, PRAE, enfocado en la protección del recurso hídrico.

La actividad puso especial atención en los ríos Guáitara y Blanco, dos fuentes que hacen parte de los ecosistemas de la región y que tienen importancia tanto para la biodiversidad como para las comunidades que dependen de sus aguas.

Hablar de estos ríos en el aula también permitió llevar la discusión ambiental a una dimensión cotidiana. El agua que llega a una vivienda, sostiene actividades productivas o mantiene los ecosistemas tiene un recorrido que comienza mucho antes de abrir una llave. Su conservación depende de las condiciones de las fuentes, de los ecosistemas que las rodean y de las prácticas de quienes habitan sus territorios.

Uno de los resultados de la jornada fue la elaboración de un fanzine ecológico, una herramienta sencilla que permitió a los estudiantes convertir sus reflexiones en ilustraciones y mensajes relacionados con la conservación del agua.

Más que una actividad manual, el ejercicio plantea una forma de apropiación del territorio. Cuando los estudiantes identifican las fuentes hídricas cercanas y comprenden su importancia, el cuidado ambiental deja de ser un concepto abstracto y empieza a relacionarse con el lugar donde viven.

El desafío va más allá del aula

La educación ambiental tiene un papel relevante en territorios donde la presión sobre las fuentes hídricas puede estar relacionada con actividades productivas, contaminación, deforestación y cambios en el uso del suelo.

Por eso, involucrar a niños y jóvenes en el conocimiento de los ecosistemas no significa únicamente enseñarles a ahorrar agua. También implica comprender de dónde proviene, qué amenazas enfrenta y qué responsabilidades existen frente a su conservación.

En Potosí, el ejercicio realizado con los estudiantes busca precisamente fortalecer esa mirada. El objetivo es que quienes hoy aprenden sobre los ríos Guáitara y Blanco puedan convertirse en ciudadanos capaces de reconocer el valor ambiental de su territorio y participar en su protección.

Porque un río no se cuida solamente cuando se evita arrojar basura a sus aguas. Se protege también cuando se conserva el bosque que lo alimenta, se conocen las actividades que pueden afectarlo y se entiende que el agua es un recurso limitado del que depende toda una comunidad.

Y ese aprendizaje puede comenzar en la escuela.