La búsqueda por comprender el pasado climático de la Tierra ha dado un nuevo paso con una de las iniciativas científicas más ambiciosas desarrolladas en la Antártida. Un equipo internacional de investigadores trabaja en la extracción de núcleos de hielo profundo con el objetivo de reconstruir cómo variaron las concentraciones de dióxido de carbono (CO₂) en la atmósfera durante los últimos dos millones de años, un período clave para entender la evolución del clima terrestre y mejorar las proyecciones sobre el cambio climático.
La expedición forma parte de un esfuerzo internacional que reúne a científicos de distintas instituciones especializadas en paleoclimatología, glaciología y ciencias atmosféricas. El proyecto busca recuperar hielo extremadamente antiguo que conserva burbujas de aire atrapadas desde hace cientos de miles e incluso millones de años, funcionando como un auténtico archivo natural de la atmósfera terrestre.
Un archivo congelado que conserva la historia del planeta
Cada invierno, la nieve que cae sobre la Antártida se acumula sobre capas anteriores. Con el paso de miles de años, el peso comprime esa nieve hasta convertirla en hielo.
Durante ese proceso quedan atrapadas diminutas burbujas de aire que contienen una muestra prácticamente intacta de la atmósfera existente en el momento en que se formó cada capa.
Gracias a estas burbujas, los científicos pueden medir directamente las concentraciones históricas de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso, además de analizar partículas de polvo, cenizas volcánicas y otros indicadores ambientales que permiten reconstruir las condiciones climáticas del pasado.
El objetivo: llegar hasta los dos millones de años
Hasta ahora, los registros continuos obtenidos mediante perforaciones profundas en la Antártida abarcan aproximadamente 800.000 años de historia climática. Sin embargo, los científicos consideran que comprender lo ocurrido antes de ese período es esencial para resolver uno de los mayores enigmas de la climatología.
Hace alrededor de un millón de años ocurrió la llamada Transición del Pleistoceno Medio, cuando los ciclos glaciales del planeta cambiaron de una periodicidad aproximada de 41.000 años a ciclos cercanos a los 100.000 años.
La causa exacta de ese cambio todavía no está completamente clara, y disponer de registros directos del CO₂ atmosférico correspondientes a hace entre uno y dos millones de años podría aportar respuestas fundamentales sobre el funcionamiento del sistema climático terrestre.
Una perforación extremadamente compleja
Extraer un núcleo de hielo tan antiguo representa un enorme desafío técnico.
Las zonas elegidas para perforar se encuentran a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, donde las temperaturas pueden descender por debajo de los -50 °C durante gran parte del año.
Los equipos deben transportar toneladas de maquinaria mediante caravanas terrestres especializadas y trabajar durante breves temporadas de verano antártico.
La perforación avanza lentamente, apenas unos cientos de metros cada semana, hasta alcanzar profundidades superiores a los 2.700 metros. Posteriormente, cada segmento del núcleo es almacenado en condiciones de congelación permanente para evitar cualquier alteración antes de ser enviado a laboratorios especializados.
¿Qué información puede revelar el hielo?
Cada sección del núcleo aporta información distinta sobre el pasado.
Entre los datos que los investigadores esperan reconstruir se encuentran:
- Concentraciones históricas de dióxido de carbono.
- Variaciones de temperatura mediante análisis isotópicos.
- Cambios en la circulación atmosférica.
- Frecuencia de erupciones volcánicas.
- Cantidad de polvo presente en la atmósfera.
- Extensión del hielo marino.
- Evolución de los ciclos glaciales e interglaciales.
Estos registros permiten comparar el comportamiento natural del clima durante millones de años con el rápido incremento de gases de efecto invernadero registrado desde la Revolución Industrial.
Un proyecto internacional para responder preguntas clave
La iniciativa involucra a investigadores de varios países especializados en ciencias polares y forma parte de los grandes programas internacionales de estudio del clima.
El proyecto no solo busca ampliar el registro climático más antiguo obtenido mediante perforación continua, sino también mejorar los modelos climáticos utilizados para estimar el impacto futuro del calentamiento global.
Los científicos consideran que conocer cómo respondió la Tierra a diferentes concentraciones naturales de CO₂ durante millones de años permitirá reducir incertidumbres sobre la evolución del clima en las próximas décadas.
Evidencias que ya apuntan hacia un pasado diferente
Investigaciones anteriores ya lograron recuperar fragmentos de hielo con más de dos millones de años en zonas conocidas como «blue ice», aunque esos registros eran discontinuos.
Los análisis demostraron que, durante los antiguos ciclos glaciales, las concentraciones mínimas de dióxido de carbono eran superiores a las registradas en las grandes glaciaciones de los últimos 800.000 años, lo que respalda la teoría de que el sistema climático funcionaba de manera distinta antes de la transición del Pleistoceno Medio.
Un recurso esencial para comprender el futuro
Más allá del valor histórico, los núcleos de hielo representan una herramienta indispensable para la ciencia climática moderna.
Los datos obtenidos ayudan a validar modelos matemáticos que permiten proyectar cómo responderán los glaciares, el nivel del mar y la temperatura global frente al aumento actual de los gases de efecto invernadero.
Los investigadores subrayan que disponer de un registro continuo de hasta dos millones de años constituirá uno de los archivos climáticos más completos jamás obtenidos y permitirá comprender con mayor precisión la relación entre el dióxido de carbono y los cambios climáticos naturales ocurridos a lo largo de la historia del planeta.
