Miles de habitantes del suroeste de Francia comenzaron a regresar a sus hogares luego de que las autoridades lograran controlar el gigantesco incendio forestal que obligó a evacuar a más de 80.000 personas. El fuego, considerado uno de los más graves registrados en el país en las últimas décadas, consumió extensas áreas de bosque y movilizó a miles de bomberos durante varios días. Aunque la emergencia principal fue superada, las autoridades mantienen vigilancia permanente para evitar que nuevos focos reaviven las llamas debido a las altas temperaturas y los fuertes vientos. El desastre volvió a poner sobre la mesa el impacto del cambio climático y el aumento de incendios extremos en Europa.
