La rabia de los hinchas del Independiente Medellín no empezó anoche con el empate ante Vasco: lleva meses acumulándose hasta llegar a uno de los momentos más vergonzosos de la historia del club. Todo explotó el 3 de mayo cuando el Poderoso cayó eliminado ante Águilas Doradas en la Liga BetPlay y el dueño del club Raúl Giraldo bajó al campo y respondió a los insultos de la hinchada con gestos provocadores que incluyeron mostrar billetes ante los hinchas que lo increpaban. La imagen se viralizó en segundos y desató una crisis institucional sin precedentes. Cinco días después, en el partido ante Flamengo por Copa Libertadores, la barra Rexixtenxia Norte tomó el control del Atanasio con bengalas, pirotecnia y actos vandálicos que obligaron al árbitro a suspender el partido a los tres minutos, derivando en la cancelación total del encuentro y una sanción que dejó el estadio sin público para la Copa Sudamericana.

El 12 de julio, apenas días antes del partido ante Vasco, miles de hinchas marcharon por las calles de Medellín en la llamada Marcha por la Dignidad del DIM, con pancartas que decían “El DIM es del pueblo no su ca”, exigiendo la salida de Giraldo y denunciando que el club lleva más de una década sin invertir seriamente en el plantel. El Poderoso acumula 13 subcampeonatos en ese período y la última vez que levantó un título fue en 2016, una sequía que para una hinchada tan apasionada como la antioqueña es simplemente inaceptable. Esta noche ante Vasco, con el Atanasio sancionado y vacío, la rabia de una afición que siente que su club es administrado como negocio y no como proyecto deportivo siguió presente aunque sin público que la expresara.