Indonesia continúa ampliando y fortaleciendo sus políticas de conservación marina en uno de los territorios oceánicos con mayor biodiversidad del planeta. El país, formado por miles de islas y situado en una zona estratégica del denominado Triángulo de Coral, mantiene una extensa red de áreas destinadas a proteger arrecifes, manglares, praderas marinas, especies de peces y otros ecosistemas costeros.

Sin embargo, la cifra de 50.000 hectáreas que circula en algunas referencias no debe interpretarse como la creación reciente de una única reserva marina de esa superficie.

La información disponible señala que esa cifra está relacionada principalmente con 50.000 hectáreas de hábitat de arrecifes de coral comprendidas dentro de un conjunto de aproximadamente 4 millones de hectáreas de áreas marinas protegidas en tres zonas prioritarias: el mar de Savu, Berau y Lingga. La iniciativa recibe el nombre de Koralestari y es impulsada por la Yayasan Konservasi Alam Nusantara (YKAN), con apoyo del Global Fund for Coral Reefs.

El objetivo es combinar la protección de los ecosistemas con mecanismos de financiación sostenible y actividades económicas que reduzcan la presión sobre los arrecifes.

¿De dónde surge entonces la cifra de 50.000 hectáreas?

El dato resulta especialmente importante porque puede prestarse a una interpretación incorrecta.

Koralestari señala que sus tres áreas prioritarias abarcan aproximadamente 4 millones de hectáreas de áreas de conservación marina, mientras que cerca de 50.000 hectáreas corresponden específicamente a ecosistemas de arrecifes de coral. Es decir, no se trata de una nueva área protegida de 50.000 hectáreas creada de manera independiente, sino de una superficie de arrecifes incluida dentro de zonas de conservación mucho más extensas.

Los tres espacios prioritarios son:

  • Mar de Savu, en Nusa Tenggara Oriental.
  • Berau, en Kalimantan Oriental.
  • Lingga, en las islas Riau.

Dos de estos territorios se encuentran dentro del Triángulo de Coral, una región reconocida internacionalmente por concentrar una extraordinaria diversidad de especies marinas.

La iniciativa busca además desarrollar sistemas de financiación que permitan mantener las áreas protegidas a largo plazo, junto con proyectos de economía azul, acuicultura sostenible, restauración de arrecifes, carbono azul y otras actividades compatibles con la conservación.

Indonesia ya cuenta con una extensa red de áreas marinas protegidas

El esfuerzo de conservación no comienza con esta iniciativa. Indonesia lleva años desarrollando una política de expansión de sus áreas protegidas.

Según el Ministerio de Asuntos Marinos y Pesca de Indonesia (KKP), al finalizar 2025 el país había alcanzado aproximadamente 30,9 millones de hectáreas de áreas de conservación marina, después de incorporar 1,09 millones de hectáreas durante ese año. De ese total, alrededor de 19,27 millones de hectáreas se encontraban bajo una gestión considerada efectiva por las autoridades.

Los datos oficiales del sistema SIDAKO del propio ministerio registran 554 áreas de conservación, con una superficie total de aproximadamente 30,97 millones de hectáreas entre zonas establecidas y áreas cuya conservación ha sido propuesta o reservada.

La estrategia forma parte de una meta más amplia: Indonesia busca seguir aumentando la superficie marina protegida y mejorar la gestión de las áreas existentes.

El objetivo va más allá de crear nuevas áreas protegidas

Uno de los principales desafíos para Indonesia no consiste únicamente en declarar nuevas zonas como áreas de conservación.

La protección efectiva requiere vigilancia, financiación, investigación científica, participación de las comunidades costeras y control de actividades que puedan deteriorar los ecosistemas.

El Banco Mundial ha advertido que los arrecifes de coral de Indonesia enfrentan presiones relacionadas con la sobrepesca, el desarrollo costero, la contaminación, el turismo no sostenible y el cambio climático. La institución también destaca la necesidad de fortalecer la gestión de las áreas marinas protegidas para que su declaración se traduzca realmente en beneficios ambientales y sociales.

Por esa razón, iniciativas como Koralestari buscan desarrollar modelos de financiación que permitan que las áreas protegidas tengan recursos suficientes para mantenerse en el tiempo.

El papel de los arrecifes de coral

Los arrecifes de coral son mucho más que espacios de gran atractivo para el turismo submarino.

Estos ecosistemas proporcionan refugio y zonas de reproducción para numerosas especies marinas, contribuyen a la productividad de las pesquerías y ayudan a proteger las costas frente al impacto de las olas y las tormentas.

En Indonesia, además, representan un componente fundamental de la economía y de la seguridad alimentaria de numerosas comunidades costeras.

El Banco Mundial señala que los océanos del país sostienen actividades económicas de gran importancia, proporcionan alimentos y empleos y desempeñan funciones esenciales en la regulación climática.

La pérdida de los arrecifes, por lo tanto, no sería únicamente un problema de biodiversidad. También podría afectar directamente a comunidades que dependen de la pesca, el turismo y otros recursos marinos.

El Triángulo de Coral, una zona clave para la biodiversidad

Una parte importante de los esfuerzos de conservación de Indonesia se concentra en el Triángulo de Coral, una región marina que abarca aguas de varios países del sudeste asiático y del Pacífico occidental.

Indonesia ocupa una posición central dentro de esta región y alberga algunos de los ecosistemas de coral más diversos del mundo.

El programa Koralestari considera precisamente esta riqueza biológica como una de las razones para concentrar esfuerzos en zonas como el mar de Savu, Berau y Lingga.

El caso de Wakatobi también demuestra la importancia que tienen los arrecifes para Indonesia. La UNESCO reconoce a Wakatobi como reserva de biosfera desde 2012. El territorio comprende aproximadamente 1,39 millones de hectáreas, de las cuales alrededor de 1,34 millones corresponden a superficie marina. La zona posee arrecifes de coral, manglares, praderas marinas y numerosas especies marinas y costeras.

Esto permite entender por qué la conservación marina ocupa un lugar cada vez más importante dentro de las políticas ambientales del país.

Nuevas herramientas para conocer el estado de los arrecifes

La protección de los ecosistemas también depende de contar con información científica actualizada.

En 2025 Indonesia actualizó su mapa nacional de arrecifes de coral y praderas marinas para disponer de una base científica de mayor resolución que permita mejorar la planificación de la conservación y las acciones frente al cambio climático.

En junio de 2026, además, el Ministerio de Asuntos Marinos y Pesca presentó junto con World Resources Institute Indonesia una herramienta denominada Ocean Calculator, diseñada para calcular el valor económico de ecosistemas como los manglares, las praderas marinas y los arrecifes de coral.

La plataforma utiliza información geoespacial, imágenes satelitales y datos científicos para estimar servicios proporcionados por estos ecosistemas, como la protección costera, el almacenamiento de carbono azul y su contribución a los medios de vida de las comunidades.

Estas herramientas pueden ayudar a las autoridades a determinar dónde concentrar recursos y cuáles son los ecosistemas que necesitan una protección más urgente.

También se están fortaleciendo las áreas marinas existentes

La estrategia indonesia no se limita a ampliar el número de hectáreas protegidas.

En marzo de 2026, el Ministerio de Asuntos Marinos y Pesca anunció que continuaba trabajando en el fortalecimiento de la gestión de áreas marinas protegidas, particularmente mediante herramientas científicas para evaluar y planificar nuevas zonas de conservación en aguas alejadas de la costa.

Ese mismo año, el Gobierno también reforzó la cooperación con organizaciones como KEHATI y EcoNusa para impulsar la conservación marina, la restauración de ecosistemas costeros, el desarrollo de medidas de conservación basadas en áreas y la participación de las comunidades.

El enfoque refleja un cambio importante: proteger el océano no significa simplemente colocar una zona en un mapa, sino desarrollar mecanismos para vigilarla, financiarla y garantizar que las actividades económicas sean compatibles con la conservación.

Una tarea especialmente urgente ante el cambio climático

Los arrecifes de coral enfrentan una amenaza adicional: el aumento de la temperatura del océano.

Las olas de calor marinas pueden provocar blanqueamiento de corales, un fenómeno que ocurre cuando los corales expulsan las algas microscópicas que viven en sus tejidos y que les proporcionan buena parte de su energía y color.

Si las condiciones adversas persisten durante demasiado tiempo, los corales pueden morir.

Por eso, las áreas protegidas no pueden detener por sí solas el calentamiento global, pero sí pueden reducir otras presiones —como la pesca destructiva, la contaminación o el deterioro físico de los arrecifes— y aumentar las posibilidades de que los ecosistemas se recuperen después de episodios de estrés.

La protección también busca beneficiar a las comunidades

Otro componente de la estrategia es garantizar que la conservación marina no deje de lado a las personas que viven en las zonas costeras.

Koralestari plantea precisamente combinar la conservación con una economía azul, mediante actividades productivas que puedan generar ingresos sin destruir los ecosistemas que sustentan esas economías. Entre las líneas de trabajo aparecen la acuicultura sostenible, el ecoturismo, el carbono azul y modelos financieros destinados a mantener las áreas protegidas.

La participación comunitaria es especialmente relevante en un país donde numerosas poblaciones dependen directamente de los recursos del océano.

El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la protección de los ecosistemas y el acceso sostenible a los recursos marinos.

Un avance importante, pero con una precisión necesaria

Indonesia está realizando avances importantes en la protección de sus mares. Las cifras oficiales muestran una red de áreas de conservación cercana a los 31 millones de hectáreas, mientras diferentes iniciativas buscan mejorar la gestión, restaurar ecosistemas y generar mecanismos de financiación de largo plazo.

No obstante, no es correcto presentar la cifra de 50.000 hectáreas como si correspondiera a una nueva reserva biológica marina creada recientemente por Indonesia.

La cifra está documentada, pero se refiere a aproximadamente 50.000 hectáreas de hábitat de arrecifes de coral dentro de las áreas prioritarias de Koralestari, que abarcan cerca de 4 millones de hectáreas de áreas marinas protegidas.

Esta precisión es importante para evitar que una noticia sobre conservación termine difundiendo una cifra fuera de contexto.

La realidad, aun con esa aclaración, sigue siendo significativa: Indonesia está reforzando su apuesta por la conservación de uno de los ecosistemas marinos más biodiversos del planeta, combinando áreas protegidas, restauración de arrecifes, ciencia, financiación sostenible y participación de las comunidades costeras.