Japón está profundizando su estrategia para recuperar protagonismo en la industria mundial de los semiconductores mediante una combinación de inversión pública, alianzas con grandes fabricantes internacionales y desarrollo de capacidades tecnológicas dentro de su territorio.

Uno de los proyectos más importantes se encuentra en la prefectura de Kumamoto, en la isla de Kyushu, donde Japan Advanced Semiconductor Manufacturing (JASM), compañía controlada mayoritariamente por Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), construye una segunda planta de fabricación de chips.

El proyecto adquirió una nueva dimensión en 2026 después de que TSMC anunciara que la segunda fábrica de Kumamoto incorporará tecnología de 3 nanómetros, un salto considerable respecto al plan original, que contemplaba principalmente procesos de 6 y 12 nanómetros.

La decisión tiene implicaciones que van mucho más allá de la construcción de una fábrica. Japón busca reforzar su seguridad económica, reducir la vulnerabilidad de sus cadenas de suministro y garantizar que sectores estratégicos como la inteligencia artificial, los vehículos autónomos, la robótica y la electrónica avanzada tengan acceso a semiconductores fabricados dentro del país.

Un subsidio de hasta 732.000 millones de yenes ya había sido aprobado

Es importante precisar un aspecto de la información que ha circulado alrededor del proyecto.

Japón sí aprobó un subsidio multimillonario para la segunda planta de JASM, pero esa decisión corresponde a febrero de 2024. En ese momento, el Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón (METI) estableció un apoyo de hasta 732.000 millones de yenes, equivalente entonces a unos 4.900 millones de dólares.

La ayuda estaba vinculada al proyecto original de la segunda fábrica de Kumamoto, cuyo objetivo era fabricar semiconductores de tecnologías de 6 y 12 nanómetros, además de otras tecnologías previstas para el complejo.

Por lo tanto, no sería correcto presentar los 732.000 millones de yenes como un subsidio nuevo aprobado en septiembre de 2026.

Lo que ocurrió posteriormente es que TSMC modificó sustancialmente el proyecto para incorporar la fabricación de chips de 3 nanómetros, lo que elevó las necesidades de inversión. El Gobierno japonés comenzó entonces a estudiar una posible ampliación del respaldo público.

En abril de 2026, el ministro japonés de Economía, Comercio e Industria confirmó que las conversaciones sobre el cambio del proyecto y una eventual ayuda adicional todavía estaban en proceso.

TSMC cambia el rumbo de la segunda fábrica de Kumamoto

El giro tecnológico se hizo público el 5 de febrero de 2026, cuando C.C. Wei, presidente y director ejecutivo de TSMC, se reunió con la entonces primera ministra japonesa Sanae Takaichi.

Durante el encuentro, la compañía informó de su intención de fabricar semiconductores de 3 nanómetros en la segunda planta de Kumamoto.

El anuncio representó una modificación importante respecto de los planes iniciales. El proyecto de 2024 contemplaba tecnologías de 40, 22/28, 12/16 y 6/7 nanómetros para el conjunto del complejo de JASM, con una capacidad superior a 100.000 obleas de 12 pulgadas mensuales cuando ambas fábricas estuvieran operativas.

La incorporación de los 3 nanómetros coloca a la segunda fábrica de Kumamoto en un segmento tecnológico considerablemente más avanzado.

El propio METI señaló que la fabricación de chips de 3 nanómetros en Japón tendría importancia tanto para el desarrollo industrial como para la seguridad económica del país.

¿Por qué son tan importantes los chips de 3 nanómetros?

Los procesos de fabricación de 3 nanómetros pertenecen a las tecnologías más avanzadas de la industria de los semiconductores.

En términos generales, los procesos más pequeños permiten aumentar la densidad de transistores en los chips y pueden contribuir a mejorar su rendimiento y eficiencia energética. Sin embargo, alcanzar estos niveles de miniaturización requiere instalaciones extremadamente sofisticadas, equipos de fabricación de alto costo y un ecosistema industrial capaz de suministrar materiales y componentes especializados.

Estos chips son especialmente relevantes para aplicaciones de alto rendimiento, entre ellas:

  • Inteligencia artificial.
  • Centros de datos.
  • Procesadores avanzados.
  • Teléfonos inteligentes.
  • Vehículos autónomos.
  • Robótica.
  • Sistemas informáticos de alto rendimiento.

La apuesta de TSMC por los 3 nanómetros también responde al enorme crecimiento de la demanda de capacidad de cómputo asociada con la inteligencia artificial. Reuters informó en febrero de 2026 que la compañía contemplaba una inversión cercana a 17.000 millones de dólares para el proyecto de Kumamoto después de la modificación tecnológica.

Una inversión que podría alcanzar los 17.000 millones de dólares

El cambio de tecnología implica también un aumento considerable de la inversión privada.

El plan anunciado originalmente para la segunda fábrica contemplaba una inversión de aproximadamente 12.200 millones de dólares. Con la transición hacia la tecnología de 3 nanómetros, distintas informaciones situaron la inversión prevista alrededor de los 17.000 millones de dólares.

La diferencia no es menor.

La fabricación de chips de última generación exige maquinaria mucho más avanzada y costosa, además de instalaciones con condiciones extremadamente controladas. La infraestructura eléctrica, los sistemas de agua ultrapura, las salas limpias y los equipos especializados forman parte de una inversión de enorme magnitud.

Por esta razón, Japón analiza si el nivel de apoyo público establecido para el proyecto original continúa siendo suficiente después del cambio tecnológico.

El Gobierno japonés estudia aumentar el apoyo

Tras conocer la nueva estrategia de TSMC, el Gobierno japonés dejó abierta la posibilidad de aumentar las ayudas.

En febrero de 2026, el METI confirmó que ya había presupuestado hasta 732.000 millones de yenes para el proyecto original y explicó que primero debía conocer los nuevos detalles de inversión y el calendario operativo antes de evaluar la modificación.

Posteriormente, en abril, el ministerio indicó que la autorización de las autoridades taiwanesas para el cambio hacia la producción de 3 nanómetros ya había sido recibida y que Japón consideraba estratégicamente importante contar con capacidad de producción de este nivel dentro de su territorio.

Sin embargo, el Gobierno evitó confirmar entonces una cifra concreta para una ayuda adicional.

Esto significa que, hasta la información pública disponible, debe distinguirse entre los 732.000 millones de yenes ya aprobados y cualquier eventual incremento de ese subsidio, cuyo monto no estaba oficialmente determinado en las fuentes consultadas.

La producción de 3 nanómetros apunta hacia 2028

El calendario del proyecto también cambió con la actualización tecnológica.

La planificación original de JASM establecía que la segunda fábrica comenzaría operaciones hacia finales de 2027. El anuncio de 2026 sobre la incorporación de tecnología de 3 nanómetros modificó las perspectivas del proyecto.

Fuentes especializadas japonesas informaron posteriormente de un horizonte de 2028 para la instalación de equipos y el inicio de la producción en volumen de los chips de 3 nanómetros.

El cambio refleja una realidad habitual en la industria de los semiconductores: modificar el proceso tecnológico de una fábrica durante su construcción puede requerir nuevos equipos, modificaciones de infraestructura y ajustes en los sistemas de producción.

Por ello, el proyecto de Kumamoto no debe entenderse simplemente como una ampliación de una fábrica existente, sino como una actualización tecnológica de gran escala.

JASM: la alianza detrás de la fábrica

Japan Advanced Semiconductor Manufacturing, conocida como JASM, es la compañía responsable de las operaciones de TSMC en Kumamoto.

La empresa está controlada mayoritariamente por TSMC y cuenta también con participación de compañías japonesas.

En la estructura anunciada para la expansión de 2024, TSMC tenía aproximadamente el 86,5 % de JASM, Sony Semiconductor Solutions el 6 %, DENSO el 5,5 % y Toyota el 2 %.

La presencia de Toyota resulta especialmente relevante porque la industria automotriz es uno de los grandes consumidores de semiconductores.

Los vehículos modernos dependen de chips para sistemas de asistencia a la conducción, gestión del motor, conectividad, seguridad, entretenimiento y cada vez más funciones relacionadas con automatización e inteligencia artificial.

La primera fábrica de Kumamoto ya está operativa

La segunda planta no parte desde cero.

La primera fábrica de JASM en Kumamoto comenzó la producción en volumen a finales de 2024, convirtiéndose en una pieza importante de la estrategia japonesa para recuperar capacidad de fabricación de semiconductores.

TSMC informó en su reporte anual que esta primera instalación comenzó la producción de volumen con buenos rendimientos y está orientada a tecnologías especializadas.

La primera fábrica y la segunda forman parte de un proyecto industrial mucho más amplio.

Cuando las dos instalaciones estén plenamente desarrolladas, el complejo de Kumamoto tendrá capacidad para producir más de 100.000 obleas de 12 pulgadas al mes y atender sectores como automoción, industria, electrónica de consumo y computación de alto rendimiento.

Japón quiere recuperar su antiguo protagonismo en los semiconductores

La apuesta japonesa por TSMC debe entenderse dentro de una estrategia nacional mucho más amplia.

Japón fue una de las grandes potencias mundiales de los semiconductores durante las décadas de 1980 y principios de 1990. Empresas japonesas llegaron a tener una posición dominante en diferentes segmentos de la industria.

Sin embargo, con el paso de las décadas, el centro de gravedad de la fabricación mundial se desplazó hacia otros países y territorios, especialmente Taiwán y Corea del Sur.

La aparición de TSMC como líder mundial de la fabricación por contrato transformó el sector. La empresa taiwanesa se convirtió en un proveedor esencial para compañías que diseñan sus propios chips pero no cuentan con fábricas capaces de producirlos.

La estrategia actual de Japón consiste en aprovechar ese liderazgo extranjero mientras fortalece simultáneamente su propio ecosistema industrial.

La seguridad económica es una de las razones principales

La pandemia de COVID-19 dejó en evidencia hasta qué punto la economía mundial depende de cadenas de suministro de semiconductores concentradas geográficamente.

Las interrupciones en la producción y distribución de chips provocaron problemas para industrias como la automoción, la electrónica y la fabricación de equipos industriales.

Para Japón, la cuestión tiene además una dimensión geopolítica.

Taiwán concentra una parte fundamental de la producción mundial de semiconductores avanzados, mientras que las tensiones entre China y Taiwán han aumentado la preocupación internacional sobre la vulnerabilidad de las cadenas de suministro.

Por ello, Tokio considera estratégico disponer de capacidad adicional en territorio japonés.

El Gobierno japonés ha descrito explícitamente la producción doméstica de determinados semiconductores como un asunto de importancia para la seguridad económica y el suministro estable de componentes críticos.

Kumamoto se consolida como un gran centro tecnológico

La elección de Kumamoto tampoco es casual.

La prefectura ya contaba con una importante concentración de empresas vinculadas a la industria electrónica y de semiconductores. Según la agencia japonesa JETRO, Kyushu concentra aproximadamente una cuarta parte de la producción japonesa de semiconductores y Kumamoto alberga un importante clúster industrial relacionado con este sector.

La llegada de TSMC ha acelerado todavía más esta concentración.

Empresas vinculadas a materiales, equipos industriales, logística y componentes han anunciado inversiones en la región, buscando aprovechar la presencia de JASM y de otros fabricantes.

El Gobierno japonés ha señalado que más de 80 empresas habían anunciado inversiones o ampliaciones en Kumamoto desde la llegada de TSMC, mientras que estimaciones privadas citadas por el Gobierno proyectan un importante impacto económico y laboral para la prefectura durante la próxima década.

El impacto económico va más allá de la fábrica

La construcción de una fábrica de semiconductores genera actividad económica en múltiples sectores.

Además de los trabajadores directamente empleados por JASM, se necesitan proveedores de materiales químicos, gases industriales, maquinaria, mantenimiento, construcción, transporte, servicios técnicos y logística.

También aumenta la demanda de infraestructura.

El propio METI ha señalado que el desarrollo de instalaciones de producción de semiconductores requiere inversiones complementarias en infraestructura, incluyendo sistemas de suministro de agua industrial.

En consecuencia, el proyecto de Kumamoto puede funcionar como un núcleo alrededor del cual se desarrolla un ecosistema tecnológico mucho mayor.

La expansión también genera desafíos para Kumamoto

El enorme crecimiento industrial no está exento de problemas.

La llegada de grandes inversiones y de miles de trabajadores ha generado presión sobre carreteras, transporte, vivienda y otros servicios de la zona.

Las autoridades de Kumamoto han reconocido, por ejemplo, la preocupación relacionada con la infraestructura vial y el aumento del tráfico alrededor de las instalaciones de TSMC. El Gobierno nacional también ha destinado recursos para apoyar obras de infraestructura relacionadas con el desarrollo industrial de la zona.

Esto demuestra que la estrategia japonesa no depende únicamente de construir las fábricas.

También requiere desarrollar una infraestructura capaz de sostener el crecimiento industrial a largo plazo.

TSMC y Rapidus: dos caminos dentro de la estrategia japonesa

La apuesta por TSMC es solamente una parte de la estrategia de Japón.

El país también está impulsando a Rapidus, una compañía japonesa creada para desarrollar y fabricar semiconductores de tecnologías todavía más avanzadas.

Mientras TSMC aportará a Japón la experiencia de uno de los principales fabricantes mundiales y capacidad de producción de 3 nanómetros, Rapidus busca desarrollar una capacidad japonesa propia en tecnologías de próxima generación.

La coexistencia de ambos proyectos muestra que Tokio está intentando combinar la llegada de fabricantes extranjeros con el desarrollo de una industria nacional capaz de competir tecnológicamente.

¿Qué significa el proyecto para la industria mundial?

La expansión de TSMC en Kumamoto forma parte de una tendencia mundial: los grandes productores de semiconductores están construyendo fábricas fuera de sus territorios tradicionales.

TSMC también está expandiéndose en Estados Unidos y Europa, mientras diferentes gobiernos están ofreciendo incentivos para atraer fábricas de chips y reducir su dependencia de determinados centros de producción.

En este escenario, Japón busca convertirse nuevamente en un lugar estratégico para la fabricación de semiconductores.

La apuesta es particularmente relevante porque la nueva planta de Kumamoto podría convertirse en uno de los primeros centros de producción de chips de 3 nanómetros de TSMC fuera de Taiwán.

Una apuesta estratégica que todavía tiene interrogantes

Aunque el proyecto representa una oportunidad tecnológica considerable para Japón, también supone un enorme compromiso financiero.

El Gobierno japonés ya había comprometido hasta 732.000 millones de yenes para la segunda planta bajo el diseño original del proyecto. La actualización hacia 3 nanómetros eleva las necesidades de inversión y abre la discusión sobre cuánto dinero público adicional debería destinarse.

En abril de 2026, el Gobierno todavía estaba negociando los detalles con TSMC y no había confirmado públicamente una nueva cifra de subsidio.

Por eso, el dato más sólido actualmente es el subsidio de hasta 732.000 millones de yenes previamente aprobado, mientras que cualquier cantidad adicional debe tratarse como una posibilidad en negociación y no como un desembolso ya confirmado.

Japón apuesta por no quedarse atrás en la carrera de la inteligencia artificial

La importancia de la planta de Kumamoto aumenta por el crecimiento acelerado de la inteligencia artificial.

Los sistemas de IA requieren enormes cantidades de capacidad de procesamiento y, por tanto, una oferta estable de semiconductores avanzados.

La estrategia japonesa busca que una parte de esa capacidad tecnológica esté localizada dentro del país y no dependa exclusivamente de proveedores situados en otras regiones.

Para TSMC, por su parte, la expansión también permite diversificar su producción internacional y acercarse a importantes clientes japoneses de sectores como la automoción y la electrónica.

El resultado es una alianza en la que ambos lados tienen incentivos para avanzar: Japón obtiene capacidad industrial estratégica y TSMC consigue ampliar su presencia internacional.

Una de las mayores apuestas tecnológicas de Japón

La segunda fábrica de JASM en Kumamoto se ha convertido en uno de los proyectos más relevantes de la política japonesa de semiconductores.

El plan comenzó como una inversión destinada principalmente a tecnologías de 6 y 12 nanómetros, respaldada por hasta 732.000 millones de yenes de ayudas públicas. Sin embargo, la transformación hacia la fabricación de 3 nanómetros cambió completamente la dimensión estratégica del proyecto.

La nueva planta podría ayudar a Japón a fortalecer su industria tecnológica, atraer proveedores internacionales, generar empleos especializados y garantizar una mayor seguridad en el suministro de componentes fundamentales.

Pero el proyecto también deja abierta una cuestión clave: cuánto dinero público adicional terminará aportando Japón para hacer posible la producción de 3 nanómetros.

Por ahora, la información oficial disponible confirma que Tokio considera estratégica la actualización y que las conversaciones con TSMC continúan. Lo que aún no está confirmado es el monto de una eventual ampliación del subsidio.

De concretarse, Kumamoto podría convertirse en uno de los principales puntos de la nueva estrategia japonesa para recuperar peso en la industria mundial de los semiconductores y participar directamente en la carrera tecnológica impulsada por la inteligencia artificial.