El departamento de Nariño recibió esta semana una noticia que representa un avance significativo para las comunidades indígenas y rurales. Cinco jóvenes pertenecientes al Pueblo de los Pastos culminaron sus estudios de Medicina en la Escuela Latinoamericana de Medicina, en La Habana, Cuba, y regresaron al país con el propósito de poner sus conocimientos al servicio de su propia gente.
Formación
Los nuevos médicos son Lina Quelal Tarapues, Leidy Castillo, Julieth Viviana Valenzuela Chiran, Leidy Valenzuela Chiran y Álvaro Román Taimal, todos oriundos del municipio de Cumbal.
Su formación fue posible gracias al programa de becas derivado de los compromisos establecidos en el Acuerdo Final de Paz de 2016, una iniciativa que busca ampliar el acceso a la educación superior para jóvenes provenientes de zonas rurales, apartadas y con limitadas oportunidades académicas.
El convenio de cooperación educativa contempla la entrega de hasta mil becas para estudiantes colombianos de escasos recursos, especialmente habitantes de regiones históricamente afectadas por el conflicto y la exclusión social.
Impacto
Más allá del logro académico, el regreso de estos profesionales simboliza el impacto que pueden generar las políticas públicas cuando llegan a los territorios donde más se necesitan. Su preparación representa una oportunidad para fortalecer los servicios de salud desde una perspectiva cercana a las realidades de las comunidades.
Para el Pueblo de los Pastos, este hecho adquiere un significado especial. Durante generaciones ha preservado conocimientos ancestrales relacionados con el cuidado de la vida, la prevención y el bienestar colectivo.
Ahora, esa riqueza cultural podrá dialogar con la medicina científica a través de profesionales que conocen las costumbres, el idioma, la identidad y las necesidades de su pueblo.
Reducir brechas sociales
El retorno de estos jóvenes también demuestra que la educación puede convertirse en un puente para reducir las brechas sociales y garantizar mejores condiciones de vida en las regiones más alejadas del país.
La llegada de estos médicos abre la posibilidad de fortalecer la atención sanitaria en el sur de Nariño y de inspirar a nuevas generaciones a seguir el camino de la formación profesional.
Su historia confirma que las oportunidades educativas, cuando se acompañan de compromiso con el territorio, pueden traducirse en beneficios concretos para toda una comunidad y convertirse en un verdadero ejemplo del valor transformador que tiene la paz construida desde las regiones.
