La FIFA lleva desde 2018 desarrollando un ambicioso proyecto para que los 16 estadios del Mundial 2026, distribuidos entre Estados Unidos, México y Canadá, ofrezcan condiciones de juego prácticamente idénticas. El objetivo es que el balón tenga el mismo comportamiento, velocidad y rebote sin importar si el partido se disputa en Toronto, Guadalajara o Ciudad de México.
Para lograrlo, un equipo de investigadores liderado por el profesor John Sorochan, de la Universidad de Tennessee, utiliza tecnología avanzada para analizar factores como la densidad del césped, la firmeza del terreno y la absorción de impactos. Entre las herramientas destaca una máquina llamada “Flex”, capaz de simular el movimiento de los jugadores y medir cómo responde la superficie de juego.
Los expertos también estudian el comportamiento del balón para garantizar que los pases, controles y disparos se desarrollen bajo condiciones similares en todas las sedes. Según la FIFA, esta estandarización permitirá que las grandes figuras del torneo puedan mostrar su máximo nivel sin verse afectadas por diferencias en el terreno de juego.
