La salud mental ocupa un lugar cada vez más importante en la conversación pública. Problemas como la ansiedad, la depresión, los consumos problemáticos, las violencias y el malestar durante la infancia y la adolescencia han adquirido mayor visibilidad, mientras los especialistas advierten que muchas de estas situaciones no pueden comprenderse únicamente desde el consultorio.
La reflexión surge a partir del reconocimiento que la Fundación Konex otorgó en 2026 a cinco destacados psicólogos argentinos: Gabriela Dueñas, Marisa Punta Rodulfo, Alicia Stolkiner, Fernando Urribarri y Hugo Vezzetti. Sus trabajos coinciden en ampliar la manera de entender el sufrimiento psíquico e incorporar factores familiares, educativos, económicos, sociales e institucionales.
Uno de los principales focos de preocupación son niños, niñas y adolescentes. La psicóloga Gabriela Dueñas señala un aumento de situaciones de angustia, ansiedad, autolesiones y retraimiento, y cuestiona que estas experiencias sean abordadas únicamente mediante diagnósticos o medicamentos. Para la especialista, también es necesario preguntarse qué ocurre en los entornos familiares, escolares y comunitarios donde crecen los menores.
Desde esta perspectiva, la salud mental infantil no debería reducirse a identificar qué tiene una persona, sino también a comprender qué le sucede y qué condiciones de su entorno pueden estar generando sufrimiento. Esto implica fortalecer espacios de protección, inclusión, acompañamiento y escucha, especialmente durante las etapas de desarrollo.
La psicóloga Alicia Stolkiner plantea que la salud mental también debe entenderse como un problema social. Entre las dificultades actuales menciona el incremento de la depresión, los ataques de pánico, la angustia, los consumos problemáticos, los episodios de violencia y el suicidio. A su juicio, estos fenómenos requieren respuestas que combinen la atención individual con políticas públicas y acciones comunitarias.
Los especialistas identifican además factores económicos que pueden afectar el bienestar psicológico. La precarización laboral, el desempleo, el deterioro de espacios comunitarios y las desigualdades sociales forman parte de un contexto que puede incrementar las situaciones de vulnerabilidad y sufrimiento psíquico.
Otro elemento señalado es el deterioro de los vínculos sociales. El debilitamiento de las relaciones familiares, amistosas y comunitarias, junto con un creciente individualismo, puede reducir las redes de apoyo necesarias para afrontar situaciones difíciles. A esto se suman las transformaciones provocadas por la tecnología y los cambios acelerados en la vida cotidiana.
Ante este panorama, los expertos consideran necesario actualizar las formas de prevención y atención. La propuesta consiste en avanzar hacia una salud mental más comunitaria, interdisciplinaria y vinculada con las condiciones reales de vida, sin abandonar el tratamiento clínico cuando sea necesario.
El desafío, por tanto, no consiste únicamente en aumentar las consultas psicológicas, sino en construir entornos protectores, fortalecer los vínculos y desarrollar políticas que permitan atender las causas sociales que contribuyen al malestar. La salud mental aparece así como una responsabilidad que involucra a las familias, las instituciones educativas, los sistemas de salud, las comunidades y las autoridades públicas.
