Lanús vivió su noche más humillante como campeón defensor y quedó eliminado de la manera más dolorosa
El Granate de Lanús llegó a Cusco como el equipo con más derecho moral de avanzar en la Copa Sudamericana 2026: campeón defensor del torneo, con una ventaja de 2-0 construida en su estadio La Fortaleza de Buenos Aires y con la experiencia de haber ganado el título el año anterior que debería haberle dado la madurez para administrar una serie que tenía prácticamente resuelta. Sin embargo lo que ocurrió en el estadio Inca Garcilaso de la Vega fue un colapso total y absoluto: apenas seis minutos le duró la resistencia antes de recibir el primer gol, y para cuando llegó el descanso ya perdía 3-0 con la serie completamente volteada. La altura de Cusco a 3.400 metros fue un factor determinante pero no excusa suficiente para un equipo que llegó sin el nivel físico ni la concentración mental necesarios para una noche de tanta exigencia.
Lo que hace más dolorosa la eliminación de Lanús es que el campeón defensor de un torneo continental tiene la obligación de llegar preparado para cualquier escenario, incluyendo los estadios de altura del continente que son precisamente los más temidos por los equipos argentinos en los torneos internacionales. Cienciano demostró que la ventaja de dos goles no era suficiente garantía para un equipo que no llegó en su mejor momento físico y que nunca encontró la manera de frenar la intensidad del local. Para el Granate la eliminación marca el fin de un ciclo que en 2025 fue glorioso y que en 2026 terminó de la manera más abrupta e inesperada posible, con una goleada histórica en la altura peruana que tardará mucho tiempo en borrarse de la memoria del fútbol argentino.
