China continúa ampliando su presencia en el sector espacial comercial. El pasado 24 de julio de 2026, el país realizó una nueva misión con el cohete Lijian-1 Y15, desarrollado por la compañía comercial china CAS Space, que consiguió colocar cinco satélites en sus órbitas previstas desde la zona de lanzamiento espacial comercial de Dongfeng, en el noroeste del país.

Aunque la información inicial sobre esta misión puede resumirse como el lanzamiento de tres satélites experimentales, hay una precisión importante: los tres satélites no fueron concebidos específicamente como satélites de comunicaciones. Su objetivo principal está relacionado con la experimentación de tecnologías para la computación espacial, la inteligencia artificial embarcada y la gestión autónoma de objetos en órbita.

Además, el término “microcohetes” puede resultar atractivo para describir la tendencia de pequeños lanzadores comerciales, pero técnicamente el Lijian-1 no es un microlanzador en sentido estricto. Se trata de un vehículo orbital comercial de combustible sólido, de aproximadamente 30 metros de altura y con capacidad para transportar cargas considerablemente mayores que las de los microlanzadores más pequeños.

El verdadero interés de esta misión está en otro aspecto: China está intentando convertir el lanzamiento frecuente de satélites pequeños y medianos en una actividad comercial rutinaria, mientras experimenta con tecnologías que podrían llevar centros de procesamiento de datos e inteligencia artificial fuera de la Tierra.

Una misión comercial con cinco satélites

El lanzamiento ocurrió a las 7:33 de la mañana, hora de Beijing, el 24 de julio de 2026. El Lijian-1 Y15 despegó desde la Zona Piloto de Innovación Aeroespacial Comercial de Dongfeng, ubicada en el noroeste de China, y logró colocar sus cinco cargas en las órbitas previstas.

La misión correspondió al decimoquinto vuelo del Lijian-1, un cohete diseñado para ofrecer servicios comerciales de lanzamiento y transportar diferentes tipos de satélites en una misma misión.

De acuerdo con Yicai, entre los cinco vehículos enviados al espacio estaban Jitian Star A-04, Chengguang-1 y Gande-1 01, tres plataformas experimentales particularmente importantes para el desarrollo de futuras redes de computación espacial.

Los otros dos satélites completaron la carga de la misión, pero el foco tecnológico estuvo especialmente puesto en esos tres vehículos experimentales.

El concepto es importante porque China no solamente busca poner más satélites en órbita. También pretende desarrollar satélites capaces de procesar información directamente en el espacio, tomar decisiones con mayor autonomía y comunicarse con otros sistemas mediante tecnologías avanzadas.

¿Qué probarán los tres satélites experimentales?

Los tres satélites tienen objetivos diferentes, pero forman parte de una misma tendencia: trasladar algunas capacidades de procesamiento y análisis desde la Tierra hacia el espacio.

Jitian Star A-04: inteligencia artificial directamente en órbita

Uno de los elementos más llamativos de la misión es el Jitian Star A-04, presentado como el primer satélite chino de inteligencia artificial “encarnada” o embodied AI.

Su objetivo es comprobar cómo determinados sistemas de inteligencia artificial pueden funcionar directamente en el entorno espacial.

Entre las tecnologías que se pretenden validar están un sistema operativo de inteligencia artificial embarcada, la utilización de GPU de fabricación china en el espacio, la ejecución autónoma de modelos de gran tamaño y diferentes capacidades de gestión automática del satélite.

El satélite también incorpora dispositivos de computación, enrutadores y equipos destinados a comunicaciones láser.

Esto es especialmente relevante porque los satélites tradicionales dependen en gran medida de estaciones terrestres para transmitir información y recibir instrucciones. Si una parte importante del procesamiento puede realizarse directamente en órbita, el sistema puede reducir la cantidad de información que necesita ser enviada continuamente hacia la Tierra.

Por ejemplo, un satélite de observación podría captar enormes cantidades de imágenes. En lugar de enviar todos esos datos a una estación terrestre para que sean analizados, una computadora instalada en el propio satélite podría identificar primero los elementos relevantes y transmitir únicamente los resultados necesarios.

Chengguang-1: probar servidores y computación espacial

El segundo satélite experimental, Chengguang-1, tiene una misión diferente.

Su función consiste en evaluar infraestructura informática que pueda funcionar en las condiciones extremas del espacio.

Entre los elementos que serán sometidos a pruebas se encuentran servidores, plataformas de procesamiento y sistemas de control térmico.

Este punto resulta fundamental.

Los centros de datos terrestres necesitan enormes cantidades de energía y sistemas de refrigeración para mantener funcionando sus procesadores. En el espacio, las condiciones son completamente diferentes.

No existe una atmósfera convencional que permita utilizar sistemas de refrigeración similares a los de una instalación ubicada en la Tierra. Además, los equipos tienen que enfrentarse a radiación, cambios extremos de temperatura y limitaciones en mantenimiento.

Por eso, antes de imaginar grandes centros de datos orbitales, es necesario demostrar que los componentes fundamentales pueden funcionar de forma estable.

El Chengguang-1 representa precisamente ese tipo de experimento.

Gande-1 01: inteligencia artificial para detectar basura espacial

El tercer satélite experimental, Gande-1 01, tiene una función relacionada con uno de los problemas que más preocupa a las agencias espaciales: la basura espacial.

El satélite está diseñado para experimentar con sistemas capaces de realizar reconocimiento inteligente, extracción de objetivos, cálculo de trayectorias y catalogación autónoma de pequeños objetos espaciales.

La importancia de esta tecnología aumenta a medida que crece la cantidad de satélites en órbita baja.

Cada lanzamiento agrega nuevos vehículos a un entorno que ya contiene satélites activos, etapas de cohetes, fragmentos de misiones anteriores y otros objetos.

Identificar esos elementos y determinar sus trayectorias puede ser esencial para evitar colisiones.

En este sentido, el satélite no solo sirve como demostración de inteligencia artificial. También puede contribuir al desarrollo de sistemas de conciencia situacional espacial, conocidos internacionalmente como Space Situational Awareness.


El objetivo de fondo: construir centros de computación en el espacio

El aspecto más interesante de esta misión no es únicamente el lanzamiento de tres satélites.

Lo que China está intentando estudiar es la posibilidad de desarrollar redes de computación espacial a gran escala.

La idea todavía se encuentra en una fase experimental, pero parte de un concepto que está ganando atención internacional: colocar capacidad informática directamente en órbita.

En lugar de concentrar todos los centros de procesamiento en grandes instalaciones terrestres, determinados sistemas podrían funcionar en el espacio aprovechando la energía solar y procesando información cerca del lugar donde se generan los datos.

Yicai señala que los tres satélites de la misión están destinados precisamente a acumular información de ingeniería que permita estudiar futuras redes de computación espacial.

Esto podría tener aplicaciones en áreas como:

  • Inteligencia artificial.
  • Observación de la Tierra.
  • Meteorología.
  • Procesamiento de imágenes.
  • Detección de basura espacial.
  • Comunicaciones.
  • Análisis científico.
  • Gestión autónoma de satélites.
  • Procesamiento de grandes cantidades de datos.

Sin embargo, es importante diferenciar entre una demostración tecnológica y un centro de datos orbital operativo.

China todavía está probando componentes individuales. La misión no significa que ya exista una gigantesca infraestructura de inteligencia artificial funcionando permanentemente en el espacio.


¿Por qué es importante la inteligencia artificial en los satélites?

La cantidad de información generada por los satélites modernos está aumentando rápidamente.

Un satélite de observación puede producir grandes volúmenes de imágenes y mediciones. Si toda esa información debe enviarse a la Tierra para ser procesada, se necesitan enlaces de comunicación de gran capacidad y una infraestructura terrestre capaz de recibir y analizar los datos.

La inteligencia artificial puede cambiar ese modelo.

Un satélite equipado con procesadores especializados podría analizar la información antes de transmitirla.

Por ejemplo, imaginemos un satélite que toma miles de imágenes de una región.

En lugar de enviar todas las fotografías, el sistema podría identificar automáticamente aquellas en las que detecte cambios importantes: incendios, inundaciones, movimientos de infraestructura, vehículos u otros fenómenos.

El satélite enviaría entonces únicamente los datos considerados relevantes.

Eso podría reducir la cantidad de información transmitida y acelerar la respuesta.


El papel de las comunicaciones láser

Otro elemento tecnológico destacado en la misión es la incorporación de sistemas de comunicación láser en el Jitian Star A-04.

Las comunicaciones láser espaciales son especialmente interesantes porque pueden ofrecer tasas de transferencia de datos muy elevadas.

La tecnología puede permitir que diferentes satélites intercambien información directamente sin que cada transmisión tenga que pasar necesariamente por una estación terrestre.

Esto abre la puerta a una especie de red orbital de satélites interconectados.

En una futura constelación, un satélite podría recibir información, procesarla y enviarla a otro vehículo mediante un enlace óptico.

El segundo satélite podría continuar el procesamiento o transmitir los resultados hacia la Tierra cuando exista una conexión adecuada.

Ese concepto es fundamental para construir redes espaciales más autónomas.


El Lijian-1 y el crecimiento del sector espacial comercial chino

La misión también permite observar el rápido crecimiento del sector espacial comercial de China.

CAS Space fue fundada en 2018 y se presenta como una compañía china dedicada al sector espacial comercial. La propia empresa afirma que actualmente posee más del 60 % del mercado entre los proveedores privados nacionales de lanzamientos y que desarrolla la familia de vehículos Kinetica.

El Lijian-1, conocido internacionalmente también como Kinetica-1, es un cohete de cuatro etapas que utiliza propulsante sólido.

Su capacidad está orientada principalmente a colocar satélites pequeños y medianos en órbita, lo que lo convierte en una herramienta adecuada para misiones compartidas o rideshare, en las que varios clientes utilizan un mismo lanzamiento.

Esta modalidad permite repartir el coste del lanzamiento entre varios operadores.

Para empresas que necesitan colocar un satélite relativamente pequeño en órbita, contratar una misión completa puede ser económicamente poco atractivo. Compartir espacio en un cohete comercial permite reducir considerablemente esa barrera.


¿CAS Space es realmente una empresa privada?

Aquí es necesario hacer una precisión importante para entender correctamente el contexto.

CAS Space suele aparecer descrita como una empresa comercial o privada dentro del ecosistema espacial chino. La propia compañía se identifica como un proveedor comercial y señala que participa en el mercado de lanzamientos privados.

Sin embargo, no debe confundirse con una empresa privada completamente independiente del Estado en el sentido occidental.

Diversas fuentes describen a CAS Space como una compañía de propiedad mixta y señalan una participación mayoritaria de la Academia China de Ciencias (CAS). Reuters también la ha descrito como una empresa espacial comercial respaldada parcialmente por la Academia China de Ciencias.

Por eso, una descripción más precisa sería empresa espacial comercial china con vínculos institucionales y participación estatal, en lugar de presentarla simplemente como una compañía privada independiente.

Esta característica es importante porque el modelo espacial chino combina empresas estatales, compañías comerciales, universidades e instituciones científicas.


China está multiplicando sus lanzamientos

El lanzamiento del Lijian-1 Y15 tampoco ocurrió de manera aislada.

China está aumentando considerablemente la frecuencia de sus misiones espaciales y utiliza tanto cohetes estatales como vehículos desarrollados por compañías comerciales.

Por ejemplo, el 4 de agosto de 2026, un Long March-8A puso en órbita el grupo número 23 de los satélites de una constelación china de internet en órbita baja.

Poco después, el 16 de agosto, otro Long March-12 colocó en órbita el grupo número 24 de esa constelación.

Estos lanzamientos muestran que China está desarrollando simultáneamente dos grandes capacidades.

Por un lado, dispone de enormes cohetes estatales destinados a desplegar grandes grupos de satélites.

Por otro, está desarrollando una industria comercial capaz de ofrecer lanzamientos más flexibles para clientes científicos y comerciales.


El auge de las constelaciones en órbita baja

La denominada órbita terrestre baja (LEO) se ha convertido en uno de los espacios más disputados de la nueva economía espacial.

Se trata de la región relativamente cercana a la Tierra donde operan numerosos satélites de observación, comunicaciones, navegación, investigación y otras aplicaciones.

Una de las razones de su atractivo es que un satélite en LEO puede ofrecer comunicaciones con menor latencia que un satélite situado en órbitas mucho más altas.

Por eso compañías y gobiernos de diferentes países están desarrollando grandes constelaciones.

China, por ejemplo, impulsa proyectos de internet satelital como Guowang y otras redes de gran escala.

La expansión de estas constelaciones aumenta, a su vez, la necesidad de disponer de lanzamientos frecuentes y económicos.


El desafío de la basura espacial

El crecimiento de la actividad orbital también genera nuevos problemas.

Cada vez hay más satélites alrededor de la Tierra y, por tanto, aumenta la necesidad de conocer con precisión dónde se encuentran.

Un objeto pequeño puede desplazarse a velocidades enormes respecto de otro satélite. Una colisión puede generar fragmentos que, a su vez, representan nuevos riesgos para otras naves.

Por eso resulta especialmente interesante que uno de los satélites lanzados por CAS Space esté dedicado a experimentar con inteligencia artificial para identificar y catalogar objetos pequeños.

La IA podría ayudar a automatizar parte de una tarea que actualmente requiere enormes cantidades de información y capacidad de procesamiento.


De los cohetes pequeños a una industria espacial más frecuente

El concepto de “microcohetes” está relacionado con una transformación mucho más amplia del sector.

Durante décadas, colocar un satélite en órbita era una actividad dominada por gobiernos y grandes agencias espaciales.

Hoy, la aparición de empresas comerciales ha permitido que universidades, compañías tecnológicas, organizaciones científicas y otros clientes tengan acceso a servicios de lanzamiento.

China es uno de los países donde este proceso está avanzando con mayor rapidez.

La propia CAS Space destaca que sus vehículos pueden utilizarse para lanzamientos dedicados y misiones compartidas.

El modelo es comparable, en términos generales, con la transformación que ha experimentado el mercado estadounidense con compañías como SpaceX y Rocket Lab, aunque cada país tiene una estructura industrial y regulatoria diferente.


El Lijian-1 no es un “microcohete” convencional

A pesar de que el término puede aparecer en titulares relacionados con esta noticia, conviene aclarar las dimensiones reales del vehículo.

El Lijian-1 tiene aproximadamente 30 metros de altura, cuatro etapas y utiliza combustible sólido. Su capacidad alcanza alrededor de 1.500 kilogramos para una órbita heliosíncrona de 500 kilómetros, mientras que su capacidad para órbita terrestre baja es superior.

Por estas características, técnicamente es más apropiado hablar de un lanzador orbital comercial de tamaño medio que de un microcohete.

La utilización de “lanzamiento de microcohetes” en el enfoque de esta nota sirve para contextualizar la creciente industria de pequeños lanzamientos y satélites, pero no debe interpretarse como la clasificación técnica del Lijian-1.


Una carrera que ya no se limita a poner satélites en órbita

La evolución de China refleja una transformación importante de la carrera espacial.

El objetivo ya no consiste únicamente en llegar al espacio.

Ahora la competencia se extiende a preguntas mucho más complejas:

¿Quién puede lanzar más rápido?

¿Quién puede reducir el precio por kilogramo?

¿Quién puede fabricar más satélites?

¿Quién puede procesar datos directamente en órbita?

¿Quién puede construir redes de satélites capaces de comunicarse entre sí?

¿Quién puede desarrollar sistemas autónomos capaces de gestionar el tráfico espacial?

La misión del Lijian-1 Y15 aborda varias de estas cuestiones simultáneamente.


¿Qué podría venir después?

Los experimentos realizados en esta misión pueden convertirse en una etapa previa a proyectos mucho más ambiciosos.

Si las pruebas de computación espacial tienen resultados positivos, China podría avanzar hacia redes con mayor capacidad de procesamiento distribuida entre múltiples satélites.

Eso podría permitir que una constelación no funcione simplemente como un conjunto de vehículos independientes, sino como una infraestructura informática distribuida en órbita.

Los satélites podrían compartir información, ejecutar modelos de inteligencia artificial, procesar imágenes y tomar determinadas decisiones de manera autónoma.

Pero todavía existen importantes obstáculos.

Entre ellos están el suministro energético, la disipación térmica, la radiación espacial, la reparación de componentes, las comunicaciones, el coste de mantenimiento y el problema de los residuos orbitales.

Por eso, los satélites lanzados en julio deben entenderse como plataformas de demostración tecnológica, no como la prueba definitiva de que los centros de datos orbitales ya son económicamente viables.


Un paso más en la estrategia espacial china

El lanzamiento del Lijian-1 Y15 representa, en definitiva, mucho más que otro despegue exitoso.

La misión demostró nuevamente la capacidad de una empresa del sector espacial comercial chino para realizar un lanzamiento orbital y, al mismo tiempo, puso en órbita plataformas destinadas a investigar tecnologías que podrían ser fundamentales para la próxima generación de infraestructura espacial.

Los tres satélites experimentales tienen objetivos distintos: uno busca avanzar en inteligencia artificial embarcada, otro estudia infraestructura de computación espacial y el tercero trabaja en la identificación autónoma de objetos y basura espacial.

El contexto también es significativo. China está aumentando la frecuencia de sus lanzamientos, ampliando sus constelaciones de satélites y desarrollando una industria comercial capaz de complementar al gigantesco sector aeroespacial estatal.

Por ello, más que hablar simplemente de “microcohetes”, el fenómeno que deja esta misión es el de una nueva etapa de la carrera espacial: una en la que los cohetes comerciales, los satélites pequeños, la inteligencia artificial, las comunicaciones láser y la computación orbital empiezan a converger en una misma industria.

Y si estas tecnologías consiguen superar las dificultades técnicas y económicas que todavía existen, la próxima gran transformación del espacio podría no consistir únicamente en tener más satélites sobre nuestras cabezas, sino en convertir la propia órbita terrestre en una nueva capa de infraestructura informática.