Un brote reciente de infecciones por Cyclospora cayetanensis, un parásito que causa una intensa enfermedad gastrointestinal conocida por provocar diarrea acuosa o «explosiva», ha vuelto a poner el foco sobre la importancia de la seguridad alimentaria. Este microorganismo suele transmitirse a través del consumo de alimentos o agua contaminados con materia fecal.
Las autoridades sanitarias explican que el parásito no se transmite directamente de una persona a otra de manera inmediata, ya que necesita un tiempo para madurar en el ambiente antes de volverse infeccioso. Por ello, la principal vía de contagio está relacionada con productos frescos contaminados durante su cultivo, cosecha o manipulación.
Alimentos en los que podría encontrarse
Entre los alimentos que con mayor frecuencia han sido asociados con brotes de Cyclospora se encuentran:
- Lechuga y mezclas de hojas verdes.
- Cilantro fresco.
- Albahaca.
- Perejil.
- Espinaca.
- Frambuesas y otras frutas rojas.
- Moras.
- Arvejas o guisantes.
- Vegetales frescos consumidos crudos.
También existe el riesgo de contagio mediante el consumo de agua contaminada utilizada para el riego de cultivos o para lavar alimentos.
Síntomas más comunes
La infección puede aparecer entre dos días y dos semanas después de ingerir el alimento contaminado. Los síntomas más frecuentes incluyen:
- Diarrea abundante y persistente.
- Dolor abdominal.
- Náuseas y vómito.
- Pérdida del apetito.
- Fatiga intensa.
- Gases y distensión abdominal.
- Fiebre baja en algunos casos.
- Pérdida de peso si la enfermedad se prolonga.
Sin tratamiento, los síntomas pueden durar varias semanas e incluso presentar recaídas.
Cómo reducir el riesgo
Los especialistas recomiendan:
- Lavar cuidadosamente frutas, verduras y hierbas frescas antes de consumirlas.
- Utilizar agua potable para el lavado y la preparación de alimentos.
- Mantener una adecuada higiene de manos antes de cocinar o comer.
- Evitar consumir productos frescos de origen desconocido si existe una alerta sanitaria.
- Refrigerar correctamente los alimentos perecederos y manipularlos en condiciones higiénicas.
Aunque el lavado disminuye el riesgo, no siempre elimina por completo el parásito. Por ello, la vigilancia sanitaria en la producción y distribución de alimentos sigue siendo la medida más eficaz para prevenir
