El técnico portugués de 64 años que dirigió al Botafogo y al Al-Nassr de Cristiano Ronaldo llega a este partido de esta noche en la peor posición imaginable para un entrenador que prometió protagonismo cuando llegó a Porto Alegre en diciembre de 2025. Castro firmó con el Grêmio hasta 2027 con la ambición declarada de devolver al Tricolor Gaúcho a los primeros planos del fútbol brasileño, siendo apenas el segundo técnico europeo en la historia del club después del húngaro László Székely en 1954. Sin embargo la realidad del Brasileirao ha sido más dura que las promesas: el Grêmio está decimosexto con 21 puntos, con ocho derrotas en 19 partidos y Carlos Vinícius como único referente ofensivo con nueve goles en el torneo que sostiene las esperanzas del equipo gaúcho.
Lo que más complica la situación de Castro esta noche es el rival y el momento: Fluminense llega como uno de los líderes del torneo con cuatro victorias consecutivas sobre el Grêmio y con una solidez táctica que el técnico portugués no ha podido neutralizar en todo el año. Castro reveló en la semana la preocupación real que vive el vestuario y prometió cambios en la idea de juego para la segunda mitad del torneo, reconociendo que el equipo necesita ser más agresivo desde el inicio y no esperar a que el rival cometa errores. Esta noche ante el Fluminense el entrenador tiene la oportunidad de demostrar que sus palabras se convierten en resultados, porque al Grêmio ya no le queda margen para más tropiezos en la Arena do Grêmio sin comprometer seriamente la permanencia en primera división.
