Castro dirige a Grêmio desde una cama de hospital y su ausencia pesa más que cualquier baja

La historia más conmovedora de esta Copa Sudamericana no está en ningún campo de juego sino en una clínica de Porto Alegre donde Luís Castro permanece hospitalizado por problemas cardíacos que lo alejaron del banquillo en el momento más importante de la temporada del Tricolor. El técnico portugués de 63 años sintió las primeras molestias cardíacas días antes del partido ante Mirassol y fue internado de urgencia, descartando su viaje a La Paz por orden médica expresa. Desde su habitación sigue el partido por televisión, con su teléfono al lado para comunicarse con su cuerpo técnico en el Hernando Siles si las circunstancias lo requieren.

La ausencia de Castro no es solo una baja táctica sino un golpe emocional enorme para un vestuario que en los últimos meses construyó una relación muy cercana con el técnico portugués a pesar de los malos resultados en el Brasileirao. Los jugadores salieron a declarar públicamente que esta noche juegan por él, por recuperarlo pronto y por darle una alegría desde La Paz, una motivación extra que en el fútbol a veces mueve montañas. El interino Paulo Pezzolano tiene en sus manos la responsabilidad de trasladar el plan de Castro al campo con la menor pérdida posible, sabiendo que el portugués ya dejó preparado cada detalle del partido antes de ser internado y que el equipo conoce perfectamente lo que debe hacer esta noche en la altura boliviana.