Verstappen ya no esconde su frustración y las señales de un divorcio con Red Bull son cada vez más claras

El tetracampeón llegó a Silverstone con un nivel de tensión visible que sus declaraciones de los últimos meses habían ido construyendo poco a poco. Después del accidente en la curva Stowe, Verstappen no se guardó nada ante los micrófonos: calificó el comportamiento del RB22 como inaceptable, dijo que no puede confiar en un coche que se comporta diferente en cada vuelta y dejó en el aire una frase que recorrió todo el paddock: “Necesito sentir que tengo una oportunidad real de ganar, y ahora mismo no la tengo”. Para un piloto que durante cuatro años tuvo el mejor coche de la parrilla y ganó casi cuando quiso, la impotencia de correr sin opciones reales es un desgaste psicológico que se nota en cada rueda de prensa y en cada radio durante las carreras.

Las señales de que la relación con Red Bull está llegando a su límite se acumulan semana a semana. Verstappen dejó de asistir a algunos eventos promocionales del equipo que antes nunca se perdía, sus declaraciones sobre el coche son cada vez más duras y menos diplomáticas, y los rumores sobre conversaciones con Mercedes para 2027 no paran de crecer en intensidad. Christian Horner sigue prometiendo mejoras que no llegan y la paciencia de un piloto acostumbrado a ganar tiene un límite que en Bélgica podría verse seriamente comprometido si el RB22 llega sin las actualizaciones prometidas. En el paddock ya nadie descarta que Verstappen anuncie su salida de Red Bull antes de que termine la temporada, cerrando una era que fue la más gloriosa de la historia del equipo de Milton Keynes.