La evolución de El Niño 2026 mantiene en alerta a la comunidad científica internacional. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó que el fenómeno continúa fortaleciéndose y que, durante el trimestre comprendido entre agosto y octubre de 2026, podría consolidarse como un evento de intensidad fuerte.

Uno de los datos que más preocupa a los expertos es la proyección de anomalías medias estacionales de la temperatura de la superficie del mar superiores a los 2,9 °C en regiones clave de monitoreo del océano Pacífico ecuatorial.

La advertencia no significa que todo el Pacífico vaya a calentarse exactamente 2,9 °C por encima de su temperatura habitual. Se trata de una anomalía prevista en las principales regiones utilizadas para seguir la evolución del fenómeno, una señal que, según los modelos climáticos analizados por la OMM, apunta a una intensificación considerable de El Niño.

Un fenómeno que pasó rápidamente de la vigilancia a la intensificación

La evolución de la situación durante los últimos meses ha sido acelerada.

A comienzos de junio, la OMM informó que las aguas inusualmente cálidas del Pacífico tropical estaban favoreciendo el desarrollo de El Niño. En ese momento, los modelos climáticos daban una probabilidad del 80 % de que se instauraran condiciones de El Niño durante el período comprendido entre junio y agosto de 2026.

Las proyecciones también indicaban que la probabilidad de que esas condiciones persistieran hasta, al menos, noviembre se acercaba o superaba el 90 %.

Posteriormente, a comienzos de julio, la organización confirmó que las condiciones de El Niño ya se habían establecido en el Pacífico tropical y advirtió que el fenómeno podría evolucionar rápidamente hacia un episodio intenso.

Para el trimestre julio-septiembre, los modelos multimodelo proyectaban una anomalía promedio cercana a los 2 °C en las regiones oceánicas analizadas. Unas semanas después, el escenario volvió a cambiar: para agosto-octubre, la previsión de la OMM pasó a superar los 2,9 °C, reflejando una trayectoria de intensificación todavía más marcada.

¿Qué significa una anomalía de más de 2,9 °C?

En climatología, una anomalía representa la diferencia entre una condición observada o proyectada y el promedio considerado normal para un período de referencia.

En el caso de El Niño, los científicos siguen especialmente el comportamiento de la temperatura de la superficie del mar en zonas específicas del Pacífico ecuatorial. El aumento sostenido de esas temperaturas, acompañado de cambios en la atmósfera, permite identificar y medir la evolución del fenómeno.

La OMM explica que uno de los principales instrumentos utilizados históricamente es el Índice Oceánico de El Niño (ONI), que analiza las anomalías de temperatura de la superficie marina en la región conocida como Niño 3.4 durante períodos de tres meses.

Sin embargo, en un planeta cuyos océanos también están experimentando un calentamiento generalizado, los científicos han comenzado a utilizar herramientas complementarias, como el Índice Oceánico Relativo de El Niño (RONI). Este busca diferenciar el calentamiento específicamente asociado al fenómeno de El Niño del incremento general de la temperatura de los océanos provocado por el cambio climático.

La OMM ha señalado, además, que no existe una definición científica universal para términos como “súper El Niño”. Por esta razón, las evaluaciones oficiales se apoyan principalmente en indicadores cuantitativos y en la clasificación de los eventos como débiles, moderados o fuertes.

El calentamiento del Pacífico no actúa de manera aislada

Uno de los aspectos centrales del último monitoreo de la OMM es que el fortalecimiento de El Niño ocurre en un contexto de temperaturas oceánicas excepcionalmente elevadas en distintas partes del planeta.

El boletín climático para agosto-octubre de 2026 también contempla la posible entrada del dipolo del océano Índico en una fase positiva. Este patrón implica, de forma general, temperaturas más cálidas en el sector occidental del océano Índico y más frías de lo habitual en su sector oriental.

La combinación de un fuerte El Niño con un dipolo positivo del océano Índico puede modificar aún más los patrones de circulación atmosférica y aumentar la probabilidad de impactos regionales, entre ellos sequías, lluvias intensas, inundaciones y condiciones favorables para incendios forestales en determinadas zonas.

A esto se suma que las temperaturas de la superficie del mar en el Atlántico tropical también se mantienen por encima de los valores normales previstos por los modelos climáticos.

El panorama es especialmente relevante porque el océano funciona como una enorme reserva de energía y calor. Los cambios en su temperatura pueden modificar la circulación atmosférica y, en consecuencia, afectar la distribución de las precipitaciones y las temperaturas en regiones muy alejadas del Pacífico.

¿Por qué El Niño puede cambiar el clima en buena parte del planeta?

El Niño es la fase cálida del fenómeno conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un sistema de interacción entre el océano y la atmósfera que tiene una enorme influencia sobre el clima mundial.

Durante un episodio de El Niño, las aguas superficiales del Pacífico central y oriental se vuelven más cálidas de lo normal. Este cambio altera la circulación atmosférica y puede modificar los patrones de viento, nubosidad y lluvia.

Los efectos, sin embargo, no son idénticos en todos los países ni en todos los episodios. La intensidad del fenómeno, el momento del año en que se desarrolla y su interacción con otros sistemas climáticos pueden producir resultados diferentes.

Por esta razón, un evento fuerte no significa automáticamente que todas las regiones experimentarán el mismo tipo de impacto. Mientras algunos territorios pueden enfrentar períodos más secos, otros pueden registrar lluvias superiores a lo normal.

Más calor y cambios importantes en las precipitaciones

La previsión de la OMM para el trimestre agosto-octubre de 2026 apunta a una mayor probabilidad de temperaturas superiores a lo normal en amplias zonas del planeta.

Además, los modelos muestran una modificación importante en los patrones de precipitación, con una distribución que responde a la influencia típica de El Niño: algunas regiones tendrían mayor probabilidad de condiciones húmedas, mientras que en otras aumentaría el riesgo de sequía.

Este tipo de cambios puede tener consecuencias directas en sectores sensibles al clima.

La agricultura, por ejemplo, depende de la regularidad de las lluvias y de las temperaturas para los ciclos de siembra y cosecha. Una temporada más seca o lluvias excesivas pueden afectar la producción, los precios de los alimentos y la disponibilidad de agua.

Los sistemas de salud también pueden verse afectados por las olas de calor, mientras que las lluvias extremas pueden provocar inundaciones y daños en infraestructura. En zonas forestales o con vegetación seca, las altas temperaturas y la falta de humedad pueden aumentar las condiciones favorables para la propagación de incendios.

El contexto de unos océanos cada vez más cálidos

La intensificación de El Niño ocurre mientras los océanos atraviesan un período de temperaturas excepcionalmente elevadas.

Datos divulgados por Copernicus señalaron que, en junio de 2026, las temperaturas diarias globales de la superficie del mar superaron los récords registrados para esa época del año durante 2023 y 2024. El calentamiento del Pacífico asociado al desarrollo de El Niño se produjo, además, sobre un escenario de temperaturas oceánicas ya inusualmente altas en diferentes regiones del planeta.

Esta combinación es una de las razones por las que los científicos siguen con atención la evolución del fenómeno.

El Niño suele tener un efecto de calentamiento sobre la temperatura global, aunque su mayor influencia sobre los registros mundiales puede sentirse con retraso, incluso durante el año siguiente a su desarrollo. La OMM recuerda que las temperaturas récord de 2024 estuvieron influenciadas tanto por el fuerte episodio de El Niño de 2023-2024 como por el calentamiento provocado por las emisiones de gases de efecto invernadero.

¿Cuándo podría alcanzar su máxima intensidad?

Los modelos utilizados por la OMM muestran que El Niño continuaría fortaleciéndose durante los próximos meses.

El boletín para agosto-octubre indica que la trayectoria de intensificación podría continuar y alcanzar su punto máximo alrededor de noviembre, aunque los detalles sobre la intensidad exacta y el momento preciso del pico siguen sujetos a actualizaciones de los modelos.

Las características de El Niño pueden evolucionar rápidamente. Por eso, la información climática se actualiza de manera periódica a medida que se incorporan nuevas observaciones oceánicas y atmosféricas.

El monitoreo incluye datos obtenidos mediante satélites, boyas oceánicas, buques de investigación y mediciones atmosféricas. Entre las variables observadas se encuentran la temperatura de la superficie del mar, los vientos, la presión atmosférica, las precipitaciones y el contenido de calor de los océanos.

La importancia de las alertas tempranas

Para la OMM, el objetivo de estos pronósticos no es únicamente describir la evolución de un fenómeno climático, sino permitir que los gobiernos y las comunidades se preparen con anticipación.

La organización está reforzando la coordinación y los servicios de información climática para apoyar a gobiernos, organismos humanitarios y sectores especialmente sensibles a las variaciones del clima, como la agricultura y la salud.

Las previsiones estacionales pueden ayudar a tomar decisiones antes de que los impactos se materialicen, desde la planificación del manejo del agua hasta la preparación de sistemas de respuesta ante inundaciones, sequías, incendios o períodos de calor extremo.

Los modelos de predicción climática actuales permiten anticipar determinadas tendencias con varios meses de antelación, aunque las proyecciones globales deben complementarse con análisis regionales y locales para determinar los posibles efectos en cada territorio.

El mensaje de la OMM: prepararse antes de que lleguen los impactos

La advertencia de la Organización Meteorológica Mundial deja claro que el escenario climático para los próximos meses estará marcado por la evolución de un El Niño que ya se encuentra en fase de fortalecimiento.

La proyección de anomalías superiores a 2,9 °C en zonas clave del Pacífico representa una señal importante dentro del monitoreo del fenómeno y respalda la previsión de que el evento alcance una intensidad fuerte durante el trimestre agosto-octubre de 2026.

Sin embargo, la magnitud exacta de sus consecuencias dependerá de cómo evolucione el sistema y de su interacción con otros factores climáticos. Por ello, la OMM insiste en que los pronósticos deben utilizarse como una herramienta para anticipar riesgos, reforzar la preparación y tomar decisiones basadas en información científica.

El comportamiento del Pacífico durante los próximos meses será determinante para confirmar hasta dónde llegará la intensificación de El Niño 2026 y cuáles serán sus efectos sobre las temperaturas, las lluvias y la ocurrencia de fenómenos extremos en distintas regiones del mundo. Lo que ya muestran los modelos es que el calentamiento oceánico seguirá siendo uno de los principales factores a vigilar en el panorama climático global.