La verdad nunca nos habíamos imaginado una peor antesala para las elecciones al Congreso, Senado y Cámara de Representantes y, a la presidencia de la República, que la que estamos viviendo en estos momentos en el país, ante la violencia desatada que nos devora en una vorágine de terrorismo y muerte, que nos asusta e intimida.

Lo ocurrido en las últimas horas en los departamentos del Valle del Cauca y Antioquia, es el reflejo de los días de pesadilla que estamos viviendo, cuando, precisamente, tenemos prácticamente a la vuelta de la esquina, los que quizá en muchos años, serán los dos procesos electorales de mayor transcendencia para el futuro de Colombia.

La triste realidad, es que, lo sucedido en Cali, con el atentado terrorista que hasta el momento deja un saldo parcial de 6 personas muertas y cerca de un centenar de heridos, nos muestra con aterradora claridad, que los gestores de la violencia están dispuestos a no detenerse ante nada en su propósito de desestabilizar el orden público en el país.

Así lo vimos en la capital vallecaucana, cerca de las 3 de la tarde del pasado jueves, en  unas imágenes dantescas de caos, provocado por la destrucción y muerte, en lo que de acuerdo con las informaciones de las autoridades, se constituye en el peor atentado perpetrado por los grupos alzados en armas, desde que el 17 de enero de 2019, la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional Eln, hizo estallar un carro  bomba, en las instalaciones de la Escuela de formación de oficiales de la Policía Nacional en Bogotá con un trágico saldo de 22 personas muertas, en su mayoría jóvenes estudiantes de la institución.

Lo cierto es que, con los recientes hechos de terrorismo, los colombianos afrontamos un “jueves negro”, puesto que además del atentado en la ciudad de Cali, en el departamento de Antioquia, se vivió otro lamentable episodio, cuando los alzados en armas, valiéndose de un dron, derribaron un helicóptero de la Policía Nacional, con saldo de 12 muertos.

Nos enfrentamos entonces a unos días de horror, que aquí, en el departamento de Nariño, nos asustan, ante esa ofensiva que nos tiene a todos, en la más grande incertidumbre, ante esta oleada de terror.

Por lo tanto, esperamos que nuestras autoridades se hayan visto en los espejos de Cali y Antioquia y ya se encuentren en vigencia, las medidas de seguridad, que necesariamente deben de implementarse para evitar que un momento dado, nuestro departamento vaya a ser escenario de uno de estos lamentables hechos de terrorismo.

Nos parece que, ante la acometida de los violentos, no se deben escatimar esfuerzos para prevenir que esos terribles episodios también nos vayan a llegar al departamento de Nariño.

Todo apunta a que los grupos y organizaciones al margen de la ley, que operan en las diferentes regiones del país, incluido nuestro departamento de Nariño, se encuentran en pie de guerra, por lo que cualquier precaución que se tome es poca. Lo que estamos viendo, nos dice de manera contundente, que la violencia nos está devorando por doquier. Por ello, no es ninguna exageración manifestar que sí las elecciones fueran mañana domingo, no se podrían realizar, ante la absoluta falta de garantías y de seguridad, tanto para los electores, como para los candidatos. Así las cosas, consideramos que, al Gobierno Nacional, tiene un reto gigantesco en su propósito de enfrentar a quienes, mediante la más espantosa violencia, buscan desestabilizar el país.