La comunidad educativa indígena de Gualanday, en zona rural de Cubará, celebró la entrega oficial de un nuevo comedor escolar que pone fin a años de abandono y precariedad. Los estudiantes debían alimentarse en espacios húmedos, sucios y sin condiciones adecuadas, situación que generaba preocupación entre docentes y padres de familia.
Durante años, la hora del almuerzo para decenas de estudiantes indígenas de la comunidad Gualanday, en zona rural de Cubará, estuvo marcada por la incomodidad, el barro y las difíciles condiciones de infraestructura que enfrentaba la sede educativa. Lo que debía ser un espacio digno para la alimentación escolar terminó convirtiéndose durante mucho tiempo en una escena de abandono que hoy finalmente comienza a quedar atrás.
La comunidad celebró la entrega oficial de un nuevo comedor escolar, una obra que representa un cambio profundo para niños y jóvenes que diariamente debían consumir sus alimentos sentados en corredores húmedos, zonas llenas de barro o espacios improvisados dentro de la institución educativa.
La docente y líder comunitaria Yilda Concepción Bócota recordó con emoción las difíciles condiciones que enfrentaban los estudiantes antes de la construcción de la nueva infraestructura. Según explicó, durante las temporadas de lluvia la situación se volvía aún más crítica debido a que muchos menores terminaban almorzando prácticamente en medio del pantano.
“Nos tocaba sentarnos en corredores sucios, húmedos y llenos de barro para recibir los alimentos. Era una situación muy triste para nuestros niños”, expresó durante el acto de inauguración.
Padres de familia, líderes indígenas y docentes aseguraron que durante años insistieron ante diferentes administraciones sobre la necesidad urgente de construir un espacio digno para la alimentación escolar. La falta de infraestructura adecuada no solo afectaba las condiciones de salubridad, sino también el bienestar emocional de los estudiantes.
Con la puesta en funcionamiento del nuevo comedor escolar, la realidad cambió significativamente para la comunidad educativa. El espacio cuenta con mejores condiciones sanitarias, mobiliario adecuado y zonas diseñadas especialmente para garantizar una alimentación segura y digna para los menores.
Las autoridades locales destacaron que la obra representa una apuesta importante por la permanencia escolar y por el fortalecimiento de las condiciones educativas en territorios rurales e indígenas que históricamente han enfrentado dificultades de infraestructura y baja inversión estatal.
Sin embargo, la comunidad aseguró que todavía existen múltiples necesidades pendientes en materia educativa y social. Durante su intervención, Yilda Concepción Bócota pidió que los proyectos de inversión continúen llegando a las comunidades rurales y que futuras administraciones mantengan el respaldo a este tipo de iniciativas.
Para muchos estudiantes, el nuevo comedor significa mucho más que mesas nuevas o un techo adecuado. Representa el final de años de abandono y una oportunidad para recibir sus alimentos en condiciones dignas, seguras y humanas.
La comunidad espera que esta obra también sirva como ejemplo para fortalecer otras instituciones educativas rurales que todavía enfrentan problemas similares en distintas regiones del departamento.
