Ocho años de golpes, disciplina y resistencia tienen hoy a un boxeador pastuso entre los 10 mejores de Sudamérica y a punto de subirse a un ring en Nueva York.
No es una pelea más. Es un clasificatorio internacional que puede acercarlo al sueño de disputar un título mundial. Con la bandera de Nariño como escudo, el púgil asegura que es en los retos grandes donde se demuestra de qué está hecho.
Desde Estados Unidos, antes de su combate, envió un mensaje cargado de gratitud a su madre y a todos los que han creído en su proceso desde el sur del país. Su meta es clara: ganar, avanzar y poner a Pasto en el mapa del boxeo internacional.
