Nolan no habla de retiro, pero sus palabras dejan abierta una pregunta que el cine mundial teme hacer
Christopher Nolan tiene 55 años y acaba de entregar la película más ambiciosa, más costosa y más taquillera de su carrera. Sus propias palabras tras el estreno son las más elocuentes que ha dado en años: necesitará al menos tres años antes de volver a desarrollar un nuevo proyecto, algo inédito en un director que históricamente ha mantenido un ritmo de estreno cada dos o tres años. El propio Nolan lo justificó sin dramatismo pero con total claridad: “Sin duda llegué al límite de mi resistencia, y creo que también al de todos. Es La Odisea; por supuesto que debería ser difícil.” No habló de retiro, pero tampoco de su próxima película.
Lo que sí dejó claro es que La Odisea representa un punto de inflexión en su carrera, no solo comercialmente sino creativamente. Un director que nunca fue a la escuela de cine, que aprendió el oficio con una cámara Super 8 de niño, que lleva más de dos décadas redefiniendo el cine de gran escala, acaba de cumplir su sueño más grande: rodar una película entera en IMAX. Después de eso, la pregunta sobre qué puede venir que sea más grande es completamente legítima. Nolan no cierra la puerta, pero sí avisa que tardará en abrirla de nuevo, y eso en sí mismo ya dice mucho sobre lo que significó para él esta Odisea personal y cinematográfica.
