El sector del empaquetado alimentario está explorando una nueva generación de materiales que busca reducir la dependencia de los plásticos convencionales: los polímeros biodegradables a base de algas, especialmente aquellos elaborados a partir de macroalgas o algas marinas.
Aunque todavía no puede hablarse de una sustitución generalizada del plástico en la industria, ya existen proyectos comerciales, productos disponibles y programas de investigación que están llevando estos materiales desde el laboratorio hacia aplicaciones reales, como cajas para comida preparada, películas flexibles, recubrimientos, bandejas y bolsas.
La apuesta responde a un problema ampliamente documentado. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha señalado que los envases alimentarios de un solo uso representan uno de los ámbitos en los que se buscan alternativas al plástico debido a su persistencia ambiental.
En este contexto, las algas han comenzado a llamar la atención por una característica particular: pueden proporcionar sustancias capaces de formar películas y materiales con propiedades útiles para el empaquetado, sin depender necesariamente de materias primas fósiles.
¿Por qué las algas pueden convertirse en un material para fabricar envases?
Las algas marinas contienen diferentes polisacáridos, compuestos que pueden ser extraídos y procesados para producir materiales con capacidad de formar películas, recubrimientos y estructuras biodegradables.
Una revisión científica publicada en International Journal of Biological Macromolecules explica que los polisacáridos procedentes de algas presentan propiedades como biodegradabilidad, capacidad de formar películas y potencial para aplicaciones relacionadas con el empaquetado alimentario.
Entre los materiales estudiados se encuentran diferentes componentes derivados de algas, que pueden utilizarse solos o combinados con otros biopolímeros y sustancias naturales para modificar características como resistencia, flexibilidad, barrera frente al oxígeno o protección frente a la humedad.
El objetivo es conseguir algo que tradicionalmente ha hecho muy competitivo al plástico: un material ligero, flexible, resistente y capaz de proteger los alimentos durante su almacenamiento y transporte.
La diferencia estaría en el destino final del material.
Mientras los plásticos convencionales pueden permanecer durante largos periodos en el ambiente, determinados materiales derivados de algas están diseñados para biodegradarse o ser compostables bajo condiciones específicas.
De las investigaciones científicas a los productos comerciales
El desarrollo no se ha quedado únicamente en investigaciones de laboratorio.
Una de las compañías que ha llevado esta tecnología a aplicaciones comerciales es la empresa británica Notpla, que desarrolla materiales para empaquetado a partir de algas y plantas.
Su tecnología incluye recubrimientos de base marina para recipientes de alimentos. La compañía señala que sus recubrimientos están diseñados para ser biodegradables y libres de PFAS, además de proporcionar resistencia frente a la grasa y la humedad.
La iniciativa también recibió reconocimiento internacional. The Earthshot Prize incluyó a Notpla entre sus ganadores de 2022 dentro de la categoría «Build a Waste-Free World». En ese momento, la organización destacó aplicaciones como recipientes para comida y soluciones para transportar líquidos.
Posteriormente, Notpla amplió su actividad comercial. En 2023, The Earthshot Prize informó que la empresa había lanzado una gama de cajas recubiertas con algas junto con Bidfood UK y que también trabajaba con empresas como Just Eat Takeaway.com.
Esto muestra una de las principales diferencias entre una tecnología experimental y una innovación que empieza a entrar en el mercado: la capacidad de fabricar el material y utilizarlo en cadenas de suministro reales.
También se desarrollan películas y bolsas a base de algas
Otra línea de investigación busca sustituir los tradicionales films plásticos utilizados para envolver y conservar alimentos.
La empresa suiza B’ZEOS desarrolla pellets basados en algas que pueden transformarse mediante procesos industriales convencionales en diferentes formatos de empaquetado.
Entre sus aplicaciones aparecen películas protectoras, películas para envolver alimentos, materiales para bolsas y sistemas destinados a bandejas y blísteres.
La empresa también participa en el desarrollo de SeaweedPack, un proyecto enfocado en películas flexibles y compostables elaboradas a partir de extractos de algas para aplicaciones alimentarias. El proyecto comenzó como una iniciativa de investigación y desarrollo financiada mediante Eurostars y busca reducir el uso de materiales plásticos difíciles de reciclar.
Sin embargo, la propia información técnica de B’ZEOS muestra que algunas de estas aplicaciones continúan en fase piloto o pendientes de determinadas aprobaciones para contacto con alimentos.
Esto es importante porque evidencia que la tecnología está avanzando, pero no todos los productos de algas disponibles en desarrollo están listos para sustituir inmediatamente a los envases plásticos convencionales.
¿Qué ventajas ofrecen los polímeros derivados de algas?
Una de las principales razones por las que las algas despiertan interés es que pueden cultivarse sin utilizar necesariamente tierras agrícolas destinadas a producir alimentos.
Las compañías que desarrollan estos materiales destacan además que las algas pueden crecer sin agua dulce, fertilizantes agrícolas y grandes extensiones de tierra cultivable. B’ZEOS, por ejemplo, presenta el cultivo de algas como una fuente de materia prima que puede integrarse en una estrategia de sustitución de materiales procedentes de combustibles fósiles.
Desde el punto de vista del empaquetado, los investigadores también estudian propiedades adicionales.
Algunos biopolímeros de algas pueden presentar actividad antioxidante o antimicrobiana, características que podrían ser aprovechadas para desarrollar envases activos destinados a proteger los alimentos y ayudar a conservar determinadas propiedades durante su almacenamiento.
Además, determinadas formulaciones pueden diseñarse para ser compostables, lo que abre una posibilidad diferente al modelo tradicional de reciclaje.
No obstante, que un material sea biodegradable no significa automáticamente que sea la solución ambiental perfecta. Su impacto depende de cómo se produzca, transporte, utilice y gestione después de su consumo.
El gran desafío: hacer que funcionen tan bien como el plástico
La sustitución de los plásticos de un solo uso no depende únicamente de encontrar un material que desaparezca después de ser utilizado.
El envase debe cumplir numerosas funciones al mismo tiempo.
Tiene que soportar el transporte, conservar los alimentos, resistir grasas y líquidos, mantener una determinada resistencia mecánica y, en algunos casos, soportar temperaturas elevadas.
Aquí aparece uno de los principales obstáculos para los polímeros procedentes de algas.
Una revisión científica publicada en 2024 identifica entre las limitaciones de algunos biopolímeros de algas su baja resistencia a la tracción, sensibilidad al agua y propiedades antimicrobianas todavía limitadas. Los investigadores estudian diferentes combinaciones y refuerzos para mejorar estas características.
El problema resulta especialmente relevante en los alimentos, donde un envase puede estar en contacto directo con agua, aceites, grasas o vapor.
Por esa razón, conseguir un material biodegradable no es suficiente: debe ser capaz de cumplir las mismas funciones que actualmente desempeña el plástico sin comprometer la seguridad y conservación del alimento.
La seguridad alimentaria es otro requisito fundamental
Los materiales destinados a entrar en contacto con alimentos deben superar exigencias específicas de seguridad.
La Comisión Europea explica que los materiales utilizados en contacto con alimentos deben cumplir normas destinadas a impedir que sustancias procedentes del envase migren hacia los alimentos en cantidades que puedan representar un riesgo, modificar su composición o alterar su sabor y olor.
Por ello, una película fabricada con algas no puede llegar automáticamente al supermercado simplemente porque sea natural o biodegradable.
Debe demostrar que cumple los requisitos correspondientes a su aplicación.
Esta es una de las razones por las que algunos productos de nueva generación todavía aparecen en fases de prueba, desarrollo piloto o procesos de aprobación.
Europa está creando un escenario favorable para nuevas alternativas
El interés por estas tecnologías también coincide con cambios regulatorios.
En la Unión Europea, el Reglamento sobre Envases y Residuos de Envases (PPWR) comenzó a aplicarse el 12 de agosto de 2026. La normativa establece un marco común para reducir los residuos de envases, impulsar su reciclabilidad y disminuir la dependencia de materias primas vírgenes. También incluye restricciones relacionadas con sustancias PFAS en determinados envases destinados al contacto con alimentos.
La Comisión Europea señala que las nuevas reglas buscan incentivar la innovación y favorecer una economía más circular, además de reducir los residuos y la dependencia de recursos fósiles.
Este tipo de regulación no significa que las algas vayan a reemplazar automáticamente al plástico. Sin embargo, crea un contexto en el que empresas y centros de investigación tienen mayores incentivos para desarrollar materiales alternativos.
El empaquetado de alimentos es uno de los grandes campos de batalla
El problema que buscan abordar estas tecnologías tiene una dimensión considerable.
El PNUMA ha estudiado específicamente las alternativas al empaquetado alimentario de un solo uso y advierte que la evaluación ambiental debe considerar todo el ciclo de vida de cada solución, desde la fabricación hasta su disposición final.
Esto significa que no basta con comparar un envase de algas con uno de plástico únicamente por el tiempo que tardan en degradarse.
También hay que analizar factores como:
- La cantidad de energía necesaria para producirlos.
- El uso de agua y materias primas.
- El transporte de las materias primas.
- La durabilidad del envase.
- La cantidad de alimento que logra conservar.
- Las posibilidades reales de reciclaje o compostaje.
- La infraestructura disponible para gestionar los residuos.
- Las emisiones generadas durante todo su ciclo de vida.
Por esa razón, los análisis de ciclo de vida son fundamentales para determinar cuándo un material alternativo representa realmente una reducción de impacto ambiental.
Las empresas ya están probando diferentes formatos
La tecnología basada en algas no se limita a un único tipo de envase.
Actualmente se investigan y desarrollan soluciones para:
Recubrimientos: capas aplicadas sobre papel o cartón para proporcionar resistencia frente a grasa y humedad.
Películas flexibles: materiales destinados a envolver alimentos o fabricar bolsas y pouches.
Bandejas: estructuras rígidas destinadas a determinados productos alimentarios.
Envases para comida preparada: recipientes diseñados para sustituir aquellos que tradicionalmente incorporan recubrimientos plásticos.
Películas comestibles: soluciones extremadamente delgadas que pueden ser consumidas junto con determinados productos o disolverse bajo determinadas condiciones.
El trabajo de B’ZEOS, por ejemplo, contempla desde películas protectoras hasta materiales para bandejas y blísteres.
Mientras tanto, Notpla ya comercializa recipientes para alimentos con recubrimientos basados en algas.
No todos los bioplásticos son iguales
Uno de los puntos que puede generar confusión entre los consumidores es que «biodegradable», «compostable», «biobasado» y «reciclable» no significan lo mismo.
Un material biobasado procede total o parcialmente de recursos biológicos, pero eso no significa necesariamente que sea biodegradable.
Un material biodegradable puede descomponerse mediante procesos naturales, pero las condiciones y el tiempo necesarios pueden variar considerablemente.
Por su parte, un material compostable está diseñado para degradarse bajo determinadas condiciones de compostaje.
Esta distinción es importante porque algunos materiales comercializados como alternativas al plástico requieren instalaciones industriales específicas para su tratamiento, mientras que otros están diseñados para compostaje doméstico.
La investigación científica y las especificaciones técnicas de cada producto son, por tanto, más importantes que simplemente utilizar la etiqueta de «ecológico».
Una tecnología prometedora, pero todavía en transición
Una revisión publicada en 2025 sobre bioplásticos derivados de macroalgas señala que el sector ha experimentado un crecimiento importante de la investigación y que las algas presentan características interesantes como materia prima renovable para empaquetado alimentario. Sin embargo, el mismo análisis identifica desafíos relacionados con el procesamiento, las propiedades del material, la producción a escala y la viabilidad económica.
Otra revisión publicada en 2026 también destaca el potencial de las algas como materia prima biodegradable, pero advierte sobre aspectos de seguridad ambiental, incluida la posibilidad de que las algas absorban contaminantes presentes en determinadas aguas.
Esto significa que el futuro de estos materiales dependerá no solamente de su capacidad para degradarse, sino de que toda la cadena de producción sea segura, escalable y económicamente viable.
¿Podrán las algas sustituir al plástico?
Por ahora, la evidencia disponible apunta más hacia una sustitución progresiva en determinadas aplicaciones que hacia la desaparición inmediata del plástico convencional.
Ya existen ejemplos comerciales de envases y recubrimientos de algas, mientras que otros desarrollos continúan en fases piloto o de investigación.
La ventaja potencial de estos materiales es que ofrecen una vía para reducir la utilización de polímeros derivados de combustibles fósiles en determinados productos de corta vida útil.
Pero todavía deben superar barreras relacionadas con precio, producción a gran escala, resistencia, humedad, conservación de alimentos, disponibilidad de materias primas y gestión de residuos.
La evolución de estas tecnologías será especialmente relevante en un momento en que gobiernos y empresas buscan reducir los residuos derivados de los envases de un solo uso.
Por ahora, las algas no representan un reemplazo universal del plástico. Sí constituyen, sin embargo, una de las líneas de investigación y comercialización que están intentando cambiar la forma en que se fabrican algunos envases alimentarios, llevando una materia prima procedente del océano a productos que hasta hace pocos años dependían principalmente de polímeros derivados del petróleo.
