¿Por qué es tendencia Sodoma y Gomorra?

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Cortesía: Internet.
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De una manera doble moral, usaron este hashtag para ir en contra de un grupo de homosexuales reunidos en un parque para besarse.

Hace un par de horas entré a Twitter y pude observar que como tendencia en Colombia se hallaba “Sodoma y Gomorra”; no pude evitar sonreír ante tal interés veterotestamentario por parte de los cibernautas. No obstante, al seguir la tendencia para conocer de qué se trataba, la cosa tomó un cariz diferente. Se trataba de la postura de muchas personas en contra de un grupo de homosexuales reunidos en un parque para besarse.

 

Vaya crimen ese de demostrarse afecto. Sin embargo, hay una visión de Dios y de cristianismo que no debe subestimarse, pues ha justificado los más indecibles atropellos en la historia. Todas esas personas amantes del Dios castigador y severo, cuya lupa moral sirve para quemar pecadores como hormigas, disfrazan sus prejuicios de ferviente fe.

 

El relato aludido por los creyentes en esta ocasión es el de la destrucción de dichas ciudades por parte de Dios al ver que su pecado era mayúsculo. No obstante, debe llamar la atención que los personajes bíblicos pudieron convivir con aquellos ciudadanos sin tropiezo alguno; a pesar de su sodomía, su homosexualismo o lo que sea, hubo una convivencia pacífica. Es solo hasta que el Dios castigador puso su ojo sobre estas ciudades y repartió fuego y azufre a discreción, que la convivencia se vio truncada pues el pobre de Lot tuvo que huir para no caer víctima del fuego. Y la pobre mujer, vilipendiada como siempre en los relatos bíblicos, se convirtió en estatua de sal por volver a ver atrás. Es comprensible ¿Quién quiere vivir con un hombre que estuvo dispuesto a entregar a sus hijas para que no fueran violadas, con tal de que sus invitados no fueran sodomizados?

 

Naturalmente, dichos relatos no deben tomarse como verdades históricas irrefutables; todo apunta a que esto jamás sucedió. Y qué bueno, pues si el uso de los elementos por parte de el Señor para seguir castigando hubiera seguido así de desatado (De un diluvio a una lluvia de fuego), hubiera quedado poco títere con cabeza.

 

Ahora bien, el pecado sobre el que más enfatiza el relato no es el homosexualismo (léase bien), sino que hay otros que merecen especial atención: el apego excesivo a los bienes materiales y la falta de hospitalidad (este último mencionado por el mismo Jesús, siglos después). ¿Por qué, entonces, nos hacemos los de la vista gorda cuando alguien se apega a 70.000 millones, por ejemplo, y no los tachamos de sodomitas? ¿Por qué tan selectivos a la hora de aplicar la moral? ¿Por qué no somos sodomitas cuando no acogemos a los hermanos extranjeros?

 

Jesús mismo rompe con el esquema del Dios del castigo, y nos enseña que su Padre es el Dios del perdón y la misericordia, de la acogida a los excluidos. Nada más cristiano que el amor por los otros, por los que no son aceptados en la sociedad. Sin embargo, los cristianos parecen no comulgar mucho con Jesús, prefieren a ese Dios severo, enojado, capaz de arrojar fuego sobre sus hijos. Yo elijo no creer en ese Dios, me quedo con el Dios de Jesús.

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