Las protestas antigubernamentales en Irán, que comenzaron a finales de diciembre de 2025 por problemas económicos como inflación y desempleo, se han convertido en un movimiento masivo que pide cambios políticos más profundos, incluso el fin del régimen teocrático. La violencia de la represión estatal ha cobrado cientos o incluso miles de vidas, con cifras de entre 500 y más de 2,000 muertos según distintas fuentes, y miles de detenidos en todo el país. El gobierno iraní ha impuesto bloqueos de internet total y ha utilizado fuerza letal contra manifestantes, mientras acusa a potencias extranjeras de instigar disturbios. Estados Unidos ha advertido sobre la seguridad de sus ciudadanos en Irán, recomendando que abandonen el país ante la escalada de violencia y riesgos, incluyendo arrestos y confrontaciones. El presidente estadounidense, Donald Trump, ha adoptado una postura firme, expresando apoyo explícito a los manifestantes, afirmando que “la ayuda está en camino” y sugiriendo que todas las opciones, incluida la militar, están sobre la mesa. La Casa Blanca ha cancelado reuniones diplomáticas con funcionarios iraníes como señal de presión hasta que la represión contra los civiles cese. Algunos líderes estadounidenses han ido más allá, hablando de posibles medidas severas (sanciones crecientes, presión económica o incluso acciones militares), aunque todavía sin decisiones concretas anunciadas
