por: Manuel Eraso

Ismael Botina popular maestro Buchón, conoció un pueblo que no aparece en el mapa de Nariño, pero, que existe en algún punto de nuestra geografía. A bordo de su bicicleta “Monark” llegó a ese conglomerado. Mitad fantasía, mitad realidad.

un caserío pequeño, con grandes lujos de ciudad. Discotecas con sofisticadas luces y sonido espectacular. Camionetas de alta gama, almacenes de ropa fina, jóvenes montados de motocicletas último modelo con fajos de billetes, hermosas mujeres madres a temprana edad, celulares último modelo; diversión extravagante, dinero por montones, billares, bares, casinos y cantinas.

La policía permanece quieta en sus cuarteles y se ve el movimiento de hombres y mujeres con fusiles terciados patrullando el pueblo luciendo brazaletes de distintos grupos exigiendo a los forasteros documentos de identificación y aplicando interrogatorio sobre las razones de la presencia en el pueblo.

Así transcurre el día y parte de la noche en este pueblo imaginario cargado de realidad. La temporada escolar depende del ciclo de las cosechas.

La gente vive en su mayoría de la mata de coca que produce tres cosechas al año. Esta es la razón por la cual al campesino no le interesa sembrar yuca o plátano. Su fruto produce millonarios ingresos. Es la coca.

Alrededor de este producto se forman pueblos que tienen costumbres y dinámicas totalmente diferentes. Se vive bien mientras los grupos armados respeten sus territorios y negocios. Mientras se respeten los pactos, se vive en paz y a sus anchas. Caso contrario, cuando se miran mal los hombres de brazaletes diferentes, comienzan a echar bala y se daña el parche.

Los comandantes de los grupos armados se ponen de acuerdo en adelantar mingas comunitarias. En este caso la orden fue para mejorar caminos. Cada grupo escoge los tramos que serán arreglados. Todos los habitantes obedecen sin chistar; cada uno a meter el hombro. El pueblo con sus picos y palas se dedica a mejorar caminos y trochas, aquel ciudadano que físicamente no pueda debe contribuir con dinero o alimentos para el pago de jornales. Estas   mingas obligadas, son comunes, y hacen que los caminos verdales estén adecuados para el tránsito de vehículos que llevan mercancías, víveres, medicamentos, alimentos y traficar la coca.

Son pueblos que no aparecen en el mapa, la presencia de los gobiernos nacional y departamental es nula. Todo gira en torno al polvo blanco, la coca, que se vende a plena luz del día con pago en efectivo y al instante. La plata fluye como el agua.

Esta es una realidad que no podemos ocultar. El imperio de la coca maneja los destinos de comunidades enteras.  Si llega a un sitio de estos, cierre el pico y taparse los ojos, porque los sapos mueren aplazados.

En época escolar, a la hora del recreo las abuelas llevan a sus nietos recién nacidos a que las madres estudiantes amamanten sus criaturas. Así es la Colombia profunda…

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