Carlos Santa María
Definitivamente las derrotas del presidente estadounidense Donald Trump en diversos contextos asiáticos, europeos y africanos, lo ha obligado a fijar de nuevo sus objetivos en América Latina.
El fracaso en su intervención de Ucrania ha finalizado intentando deshacerse de ese tema dejando a la Unión Europea la misión de apoyarla y donde van quedando tres países decididos a hacerlo directamente como son Alemania, Reino Unido y Francia, todos con sus mandatarios alcanzando los más bajos guarismos de aceptación por parte de la ciudadanía.
Con Irán los memes no dejan de parar burlándose de él al decir el 3 de marzo de este año que ya había ganado la guerra militarmente al asesinar a su Líder y a más de 165 niñas escolares en una escuela de Minab, además de aseverar que los persas estaban locos por negociar un acuerdo entregando la administración conjunta del Estrecho de Ormuz a su gobierno, todo lo cual no ha ocurrido ni en una mínima parte y, por el contrario, sufriendo altas pérdidas en su aventura al intentar apoderarse de unas reservas de uranio.
Actualmente, 12 de junio con 38 veces que ha aseverado su presunto triunfo y la negociación, aún no logra concretar el acuerdo que supuestamente los iraníes imploraban, ni abrir el Estrecho de Ormuz, ni siquiera destruir la gobernanza persa cada vez más sólida y dispuesta a responder como lo ha hecho destruyendo bases en países que prestan su territorio para atacarlo.
Estas pruebas que en USA son conocidas, agregando su incapacidad para convertir a Canadá, Groenlandia y Venezuela en el estado 51 del Norte, lo han obligado so pena de descender más en la escala de desaprobación a mirar lo último que le queda y la ingrata historia dejada: América Latina y el Caribe como ejemplos de intervención con resultados de pobreza, dependencia y violencia.
En este momento son Argentina, Chile, Ecuador como el país más inseguro, Bolivia en caos, algunos ejemplos de su incapacidad para promover democracia en nuestra región.
