Brasil lleva décadas enfrentando uno de los mayores desafíos ambientales de América del Sur: recuperar los ecosistemas que han sido fragmentados por la expansión agrícola, la ganadería, la infraestructura y el crecimiento de las ciudades. Entre las regiones que más han sufrido esta transformación se encuentra la Mata Atlántica, un bioma de enorme riqueza biológica que hoy conserva solo una fracción de su cobertura forestal original.
En ese contexto, distintos proyectos de restauración han apostado por una estrategia que va más allá de plantar árboles de manera aislada: volver a conectar los fragmentos de bosque que quedaron separados.
Uno de los ejemplos más destacados se encuentra en el Pontal do Paranapanema, en el extremo oeste del estado de São Paulo. Allí, el Instituto de Pesquisas Ecológicas (IPÊ) ha trabajado durante décadas en la recuperación de áreas degradadas y en la creación de corredores ecológicos destinados a conectar importantes remanentes de la Mata Atlántica.
El trabajo acumulado en esta región llegó a superar los tres millones de árboles plantados y posteriormente continuó creciendo hasta alcanzar cifras mucho mayores. Actualmente, el proyecto Corredores de Vida del IPÊ reporta millones de árboles nativos plantados y una nueva etapa de restauración que contempla la incorporación de otros 12 millones de árboles.
Una de las florestas más fragmentadas de Brasil
La importancia de estos proyectos se entiende al observar el estado actual de la Mata Atlántica.
Este bioma se extiende por 17 estados brasileños y durante siglos sufrió una intensa transformación debido a la ocupación del territorio. La Fundación SOS Mata Atlântica, a partir del Atlas de los Remanentes Forestales desarrollado junto con el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE), estima que permanecen alrededor del 12,4 % de la cobertura forestal original cuando se consideran los fragmentos de bosque más maduros y preservados que analiza el Atlas.
La cifra no significa que el resto del territorio haya quedado completamente desprovisto de vegetación. MapBiomas utiliza una metodología más amplia y estima cerca de un 24 % de cobertura forestal original cuando también se incluyen fragmentos jóvenes y maduros de más de media hectárea, independientemente de su estado de conservación. La diferencia entre ambas cifras se debe, por tanto, a los criterios utilizados para definir y contabilizar los remanentes.
El problema no es únicamente cuánto bosque queda, sino cómo está distribuido.
Una parte considerable de la vegetación superviviente se encuentra dividida en fragmentos relativamente pequeños. Esta fragmentación puede aislar a las poblaciones de animales y plantas, dificultar el intercambio genético y aumentar la exposición de los bosques a factores externos como incendios, especies invasoras y cambios en el uso del suelo.
Por eso, restaurar los espacios situados entre los fragmentos existentes puede ser tan importante como proteger los bosques que todavía permanecen en pie.
El corredor que conecta dos áreas protegidas
En el Pontal do Paranapanema, el IPÊ desarrolló durante años una estrategia basada en la conexión de diferentes fragmentos de bosque.
Uno de los puntos centrales es la conexión entre el Parque Estadual Morro do Diabo y la Estación Ecológica Mico-Leão-Preto, dos áreas fundamentales para la conservación de la biodiversidad regional.
El llamado “Mapa de los Sueños” fue utilizado como herramienta para identificar zonas prioritarias de restauración. La planificación considera elementos como las áreas de preservación permanente, las reservas legales, los cursos de agua, la distribución de especies amenazadas y la ubicación de los fragmentos forestales existentes.
La idea es sencilla, aunque su ejecución requiere años de trabajo: en lugar de plantar árboles sin una planificación territorial, se busca establecer conexiones estratégicas que permitan que la fauna y la flora vuelvan a desplazarse entre zonas de bosque.
Según el IPÊ, una sección de aproximadamente 12 kilómetros en la Fazenda Rosanela concentra alrededor de 2,4 millones de árboles nativos y forma parte del mayor corredor restaurado señalado por la organización dentro del bioma. El plantío se desarrolló durante más de dos décadas, por lo que no se trata de una campaña puntual de tres millones de árboles iniciada recientemente.
¿Por qué conectar los bosques es tan importante?
En un paisaje fragmentado, un animal puede encontrarse con grandes extensiones de cultivos, pastizales, carreteras o zonas urbanizadas entre un fragmento de bosque y otro.
Para determinadas especies, atravesar estos espacios puede resultar extremadamente difícil o peligroso. Los corredores forestales buscan reducir ese aislamiento mediante la recuperación de áreas estratégicas.
El beneficio no se limita a los animales.
Los corredores pueden facilitar la dispersión de semillas, permitir el movimiento de polinizadores, aumentar la conectividad entre poblaciones de especies vegetales y animales y crear nuevas áreas de refugio y alimentación.
Investigaciones sobre el trabajo desarrollado en el Pontal do Paranapanema han documentado la importancia de estos corredores para especies amenazadas como el mico-león-preto, además de jaguares, pumas, ocelotes y tapires. La planificación de los corredores surgió precisamente de estudios sobre el movimiento de animales y la necesidad de conectar hábitats aislados.
En otras palabras, un corredor ecológico no es simplemente una línea de árboles. Es una infraestructura natural que puede ayudar a que un paisaje fragmentado funcione nuevamente como un ecosistema más conectado.
De tres millones a más de 12 millones de árboles
La cifra de tres millones de árboles está relacionada con una etapa importante de esta historia, pero el proyecto no se detuvo allí.
El IPÊ informa que durante aproximadamente dos décadas había restaurado 3.935 hectáreas en el Pontal do Paranapanema y plantado más de 6,7 millones de árboles nativos de la Mata Atlántica hasta 2023. De ese total, unos 2,4 millones se concentraban en el corredor que conecta áreas protegidas de la región.
En 2024, el instituto comunicó que ya había alcanzado los 8 millones de árboles nativos plantados en aproximadamente 4.200 hectáreas.
Posteriormente, el proyecto ARR Corredores de Vida recibió un nuevo impulso mediante una asociación entre IPÊ, Biofílica Ambipar y AstraZeneca. La iniciativa contempla el plantío de aproximadamente 12 millones de árboles en más de 6.000 hectáreas, además de la generación estimada de 400 empleos vinculados a las actividades de restauración.
El proyecto representa, por tanto, una evolución de una estrategia que comenzó hace décadas y que ahora intenta llevar la restauración a una escala mucho mayor.
La restauración también genera empleo
Uno de los elementos más interesantes de este modelo es que la restauración forestal no depende exclusivamente de grandes organizaciones ambientales.
Para producir y plantar millones de árboles se necesita una cadena de actividades que incluye la recolección de semillas, producción de plántulas, mantenimiento de viveros, preparación del terreno, plantación, monitoreo y mantenimiento de las áreas restauradas.
El IPÊ ha trabajado con viveros comunitarios y empresas locales de plantación y mantenimiento. En su informe de 2025, la organización señala que había fomentado 21 empresas vinculadas a estas actividades y que los proyectos de restauración también contribuyeron a generar empleo y movimiento económico en las comunidades involucradas.
La organización reportó además que en 2025 fueron plantadas 3.761.650 mudas de árboles nativos en 1.910 hectáreas en restauración dentro de sus iniciativas, mientras que adquirió más de 4,7 millones de mudas de especies nativas para el proyecto Corredores de Vida.
Esto muestra que restaurar un bosque no consiste únicamente en introducir árboles en el suelo. Existe una cadena económica y social detrás de cada hectárea recuperada.
El papel de los sistemas agroforestales
La restauración del paisaje también puede combinarse con sistemas agroforestales.
En estos sistemas, los árboles se integran con cultivos agrícolas y otras actividades productivas. El objetivo puede ser generar alimentos e ingresos mientras se recuperan algunas funciones ecológicas del paisaje.
En el Pontal do Paranapanema se han desarrollado sistemas agroforestales como zonas de amortiguamiento alrededor de fragmentos de bosque y como pequeños “escalones” ecológicos entre áreas forestales. Estos espacios pueden ofrecer recursos y refugio para determinadas especies y reducir la distancia entre fragmentos que antes estaban completamente aislados.
La agroforestería también puede aportar beneficios para los agricultores, como una mayor diversidad de productos, mejoras en el suelo, reducción de la erosión y nuevas fuentes potenciales de ingresos.
Por ello, la restauración contemporánea tiende a considerar cada vez más el paisaje completo y no únicamente las áreas destinadas exclusivamente a conservación.
Restaurar no significa simplemente plantar
Uno de los principales retos de cualquier proyecto de reforestación es garantizar que los árboles sobrevivan.
La plantación es solo una de las etapas. Después es necesario controlar las condiciones del terreno, reducir la competencia de plantas invasoras o malezas cuando corresponda, proteger las plántulas, mantener las áreas y comprobar cómo evoluciona la vegetación.
Además, la elección de especies resulta fundamental.
En el Pontal do Paranapanema, los proyectos han priorizado especies nativas de la Mata Atlántica para recuperar la estructura y diversidad del bosque. La selección de las zonas de plantación también busca maximizar la conectividad entre los fragmentos existentes.
En determinados casos, la restauración puede complementarse con la regeneración natural. Esto ocurre cuando especies presentes en el entorno vuelven a colonizar una zona después de reducirse las presiones que impedían su recuperación.
Por esa razón, una estrategia de restauración eficaz puede combinar plantaciones, protección de los fragmentos existentes y regeneración natural.
Un beneficio para el clima, el agua y la biodiversidad
Los proyectos de restauración forestal tienen múltiples objetivos ambientales.
Los árboles almacenan carbono a medida que crecen y los bosques pueden contribuir a regular procesos hidrológicos, proteger los suelos y proporcionar hábitats para numerosas especies.
La recuperación de vegetación cercana a cursos de agua también puede contribuir a proteger las riberas y reducir la erosión, mientras que la recuperación de áreas estratégicas puede mejorar la conectividad ecológica.
En el caso del proyecto ARR Corredores de Vida, la restauración también está vinculada a la generación de créditos de carbono. El IPÊ informó que la iniciativa financiada por AstraZeneca contempla alrededor de 12 millones de árboles en 6.000 hectáreas y que la valoración y certificación de carbono está a cargo de Ambipar. Según la información publicada por el IPÊ, esas plantaciones podrían captar aproximadamente 2,4 millones de toneladas de CO₂ equivalente hasta 2056.
Estas estimaciones, sin embargo, deben entenderse como proyecciones asociadas al crecimiento futuro de los bosques y no como una cantidad de carbono retirada inmediatamente de la atmósfera.
Un modelo que busca recuperar paisajes completos
La experiencia del Pontal do Paranapanema muestra que la restauración forestal puede ser mucho más compleja que una campaña masiva de plantación.
El objetivo final es construir un paisaje en el que los fragmentos de bosque no funcionen como islas completamente separadas, sino como partes de una red ecológica.
En 2025, el IPÊ informó que sus proyectos de restauración en la región habían alcanzado 12,2 millones de mudas plantadas durante 25 años en más de 7.000 hectáreas. La organización también señaló que el proyecto Corredores de Vida llegó a restaurar 2.000 hectáreas durante ese año y que su objetivo a largo plazo es restaurar 75.000 hectáreas hasta 2041.
La escala permite dimensionar el desafío. Recuperar un ecosistema que ha sido fragmentado durante décadas requiere continuidad, recursos financieros, conocimiento científico y participación de las comunidades locales.
Una batalla de largo plazo para la Mata Atlántica
La historia de los tres millones de árboles, por tanto, no corresponde a una única jornada de plantación ni a un proyecto aislado que haya comenzado recientemente. Es una parte de una estrategia de restauración que lleva décadas desarrollándose en el oeste de São Paulo.
La cifra se convirtió en un símbolo de lo que puede lograrse cuando la restauración se concentra en lugares estratégicos y se mantiene durante largos periodos.
Hoy, con proyectos que contemplan millones de árboles adicionales, el desafío es todavía mayor: lograr que las nuevas áreas restauradas sobrevivan, se integren con los fragmentos existentes y permitan recuperar progresivamente las funciones ecológicas perdidas.
Brasil enfrenta una tarea enorme para recuperar su Mata Atlántica, pero experiencias como la del Pontal do Paranapanema muestran que la restauración a gran escala puede combinar conservación de biodiversidad, recuperación de ecosistemas, generación de empleo y participación comunitaria.
Más que contar árboles, el verdadero objetivo es volver a construir un bosque conectado. Y en un bioma donde solo una parte reducida de la cobertura forestal original permanece en condiciones de conservación, cada conexión puede representar una oportunidad para que especies, semillas y procesos ecológicos vuelvan a desplazarse por un territorio que durante décadas estuvo dividido.
