Los trabajadores españoles afrontan un nuevo deterioro de su poder adquisitivo. Los salarios pactados en los convenios colectivos acumulan cinco meses consecutivos creciendo por debajo de la inflación, una brecha que se ha ampliado durante los últimos meses debido al repunte de los precios.

Hasta julio de 2026, los convenios colectivos registrados en España contemplan un incremento salarial medio del 3% para alrededor de 8,6 millones de trabajadores, mientras que el indicador adelantado del IPC situó la inflación interanual de julio en el 3,5%. La diferencia, de medio punto porcentual, implica que los trabajadores afectados por estos acuerdos han perdido capacidad de compra en términos reales.

La situación contrasta con el comienzo del año, cuando los incrementos salariales todavía se encontraban por encima de la inflación. El cambio se produjo a partir de marzo, cuando los precios comenzaron a acelerarse y dejaron atrás las subidas salariales pactadas previamente.Los salarios suben, pero no al ritmo de los precios

El dato central de la situación es la diferencia entre salario nominal y salario real.

Que los salarios aumenten un 3% no significa necesariamente que los trabajadores tengan más dinero disponible en términos reales. Para determinar si existe una mejora del poder adquisitivo es necesario comparar esa subida con la evolución de los precios.

En julio, el incremento medio de los salarios pactados en convenios fue del 3%, mientras que la inflación interanual se situó en el 3,5% en el dato adelantado. Eso significa que, de mantenerse ambas tasas, los precios habrían aumentado aproximadamente medio punto más que los salarios negociados.

En términos sencillos, si una persona mantiene el mismo nivel de consumo, su salario compra menos que antes cuando los precios avanzan más rápido que sus ingresos.

La estadística de convenios colectivos es elaborada por el Ministerio de Trabajo y recoge los incrementos salariales acordados mediante la negociación colectiva. El organismo publica estos datos de manera periódica y permite observar la evolución de las condiciones salariales pactadas entre empresas, trabajadores y organizaciones sindicales.

Cinco meses consecutivos de pérdida de poder adquisitivo

La particularidad de la situación actual no está únicamente en la diferencia registrada en julio, sino en su duración.

Según los datos publicados este viernes, julio representa el quinto mes consecutivo en el que los salarios pactados se sitúan por debajo de la inflación. La brecha comenzó a aparecer en marzo, después de que los precios retomaran una trayectoria ascendente.

Durante los primeros meses de 2026, el escenario era diferente. Los convenios que ya estaban vigentes permitían que los salarios avanzaran por encima de los precios. Sin embargo, buena parte de los incrementos salariales se habían negociado antes de que se produjera el repunte inflacionista.

Esto genera un problema habitual en la negociación colectiva: los salarios no reaccionan inmediatamente a los cambios de la inflación.

Un convenio puede negociarse durante meses y establecer incrementos para uno o varios años. Si los precios aumentan posteriormente, los trabajadores pueden quedar temporalmente protegidos por una subida salarial que fue calculada con unas expectativas de inflación diferentes.

¿Por qué está aumentando la inflación?

El repunte de los precios durante la primavera y el verano ha alterado las previsiones con las que comenzó el año.

El INE había situado la inflación anual en España en el 3,2% en junio, después de registrar también un 3,2% en mayo. La inflación subyacente, que excluye determinados componentes especialmente volátiles, se situó en el 2,9% en junio.

Para julio, el dato adelantado elevó la inflación hasta el 3,5%, según la información recogida en el análisis de los datos de convenios publicado el 7 de agosto. La cifra definitiva del IPC deberá confirmarse posteriormente por el INE.

El aumento de los precios ha estado condicionado, entre otros factores, por el encarecimiento de determinados productos energéticos y combustibles. El repunte de los costes energéticos también tiene capacidad para trasladarse a otros bienes y servicios, debido a su influencia sobre el transporte y los costes de producción.

El propio INE había señalado en junio que el grupo de vivienda fue uno de los principales elementos que impulsaron la inflación, debido especialmente al comportamiento de los precios de la electricidad y, en menor medida, del gas.

La situación afecta a millones de trabajadores

El dato adquiere una mayor relevancia por el número de personas incluidas en los convenios analizados.

Hasta julio, los convenios con efectos económicos en 2026 afectan a unos 8,6 millones de trabajadores, con una subida salarial media del 3%.

Sin embargo, esto no significa que todos los trabajadores españoles estén recibiendo exactamente un aumento del 3%. Se trata de una media de los incrementos pactados en la negociación colectiva, por lo que existen diferencias importantes entre sectores, empresas, territorios y tipos de convenio.

Además, la cifra no representa a la totalidad de los asalariados del país. Hay trabajadores cuyos salarios se determinan mediante otros mecanismos, incluidos empleados con convenios todavía pendientes de negociación o personas cuyos incrementos salariales dependen de acuerdos específicos de empresa o de decisiones individuales.

Por ello, el dato debe interpretarse como una fotografía de los salarios regulados por los convenios registrados hasta ese momento.

Los convenios firmados en 2026 ya contemplan mayores subidas

Una de las señales que aparecen en los datos es que los convenios firmados durante 2026 están incorporando incrementos salariales superiores a los acuerdos firmados anteriormente.

Los nuevos convenios suscritos este año contemplan un incremento medio del 3,76%, frente al 2,9% correspondiente a convenios firmados en ejercicios anteriores pero que tienen efectos económicos durante 2026.

La diferencia refleja precisamente el impacto del cambio de escenario.

Mientras los convenios negociados antes del repunte de precios se basan en unas expectativas anteriores, los acuerdos que se están cerrando en 2026 tienen en cuenta una inflación más elevada y, por tanto, presionan para conseguir incrementos salariales mayores.

Esto podría contribuir a reducir la pérdida de poder adquisitivo en los próximos meses si la tendencia continúa.

Las cláusulas de garantía salarial ofrecen cierta protección

No todos los trabajadores cubiertos por los convenios están expuestos de la misma manera al repunte del IPC.

Uno de los mecanismos que puede proteger los ingresos es la cláusula de garantía salarial, mediante la cual el salario puede actualizarse total o parcialmente dependiendo de la evolución de los precios.

Hasta julio, alrededor de 3,43 millones de trabajadores, aproximadamente el 40% de los empleados afectados por los convenios analizados, contaban con algún tipo de cláusula de garantía salarial.

Estas cláusulas son especialmente relevantes en un contexto de inflación imprevisible porque permiten que determinados trabajadores reciban una compensación cuando los precios superan la subida salarial inicialmente pactada.

No obstante, la protección depende de las condiciones específicas de cada convenio. No todas las cláusulas funcionan de la misma manera ni necesariamente compensan el 100% de la diferencia entre salarios e inflación.

Grandes diferencias entre sectores

El comportamiento salarial tampoco es uniforme en toda la economía española.

Uno de los sectores donde se han pactado incrementos más elevados es el de transporte y almacenamiento, con una subida media cercana al 4% para unos 400.000 trabajadores, situándose por encima de la inflación de julio.

La hostelería, por su parte, registra un incremento medio del 3,4% para cerca de 700.000 trabajadores, una cifra muy próxima a la inflación registrada en julio.

Las diferencias pueden estar relacionadas con las características de cada actividad, la escasez de determinados perfiles profesionales, la presión sindical, la evolución de la demanda y la capacidad de las empresas para trasladar sus costes a los precios.

Murcia lidera las subidas salariales

También existen diferencias importantes entre comunidades autónomas.

La Región de Murcia presenta uno de los incrementos salariales pactados más elevados, con una subida cercana al 6%.

Le siguen Baleares y Galicia, con aumentos próximos al 4%, mientras que el País Vasco registra una subida de alrededor del 3,6%.

En el extremo contrario aparecen Madrid y Navarra, donde los incrementos medios pactados se sitúan en torno al 2,6%.

Estas diferencias muestran que la evolución de los salarios no depende exclusivamente de la inflación nacional. La estructura productiva, los convenios sectoriales predominantes y las dinámicas particulares del mercado laboral de cada territorio también influyen en los resultados.

Convenios sectoriales frente a convenios de empresa

Otro elemento importante es la diferencia entre los distintos niveles de negociación.

Hasta julio, los convenios sectoriales habían pactado un incremento salarial medio del 3%, mientras que los acuerdos correspondientes a empresas y grupos de empresas presentaban aumentos inferiores: alrededor del 2,8% en empresas y del 2,2% en grupos de empresas, según los datos recogidos en el análisis.

La diferencia puede tener consecuencias relevantes porque los convenios sectoriales tienen un alcance mucho más amplio y establecen condiciones para trabajadores de múltiples empresas pertenecientes a una misma actividad.

En cambio, la negociación a nivel de empresa permite adaptar las condiciones a la situación económica particular de cada compañía, aunque en este caso los incrementos medios registrados son menores.

La negociación colectiva se está acelerando

Los datos también muestran una mayor actividad en la negociación colectiva durante 2026.

En los primeros siete meses del año, las nuevas unidades de negociación correspondientes a comités de empresa habían cerrado convenios para unos 150.000 trabajadores.

La cifra ya supera a los aproximadamente 128.000 trabajadores cubiertos por nuevas unidades de negociación durante todo 2025.

Esto apunta a una aceleración del proceso negociador en un momento en el que los trabajadores afrontan nuevamente una inflación más elevada.

La negociación salarial puede convertirse así en uno de los principales escenarios donde empresas y representantes de los trabajadores intenten responder al deterioro del poder adquisitivo.

El precedente de 2022 vuelve a estar presente

La situación recuerda parcialmente a lo ocurrido durante la crisis inflacionaria de 2022.

Aquel año, la inflación aumentó de manera extraordinaria como consecuencia de diferentes factores, entre ellos las consecuencias económicas de la guerra en Ucrania. El incremento de los precios fue mucho más rápido que la capacidad de adaptación de numerosos salarios.

En diciembre de 2022, el IPC interanual llegó al 5,7%, mientras que los salarios pactados y revisados avanzaron un 3,2%, según la comparación recogida en el análisis actual.

La situación de 2026 es menos extrema, pero existe un elemento común: los precios pueden cambiar más rápidamente que los salarios negociados en convenios de varios años de duración.

Por eso, la evolución de la inflación durante los próximos meses será determinante para saber si el actual episodio termina siendo temporal o si acaba provocando una pérdida anual de poder adquisitivo.

¿Qué puede ocurrir durante el resto de 2026?

El comportamiento de los precios en los próximos meses será decisivo.

Si la inflación vuelve a moderarse, los incrementos salariales pactados podrían recuperar terreno y la pérdida de poder adquisitivo registrada durante la primera mitad del año podría ser parcial o temporal.

Pero si los precios continúan aumentando por encima de los salarios, el deterioro podría extenderse a un número mayor de trabajadores.

El análisis publicado este viernes apunta a que, si la tendencia actual no se revierte, hasta 13 millones de asalariados podrían terminar 2026 con una pérdida de capacidad de compra, algo que no ocurre desde 2022.

Esta proyección no significa que todos esos trabajadores vayan a perder exactamente el mismo porcentaje de poder adquisitivo. Se trata de un escenario condicionado a que se mantenga la brecha entre inflación y salarios.

Una diferencia pequeña en porcentaje, pero importante para los hogares

Medio punto porcentual puede parecer una diferencia reducida cuando se observa únicamente en términos estadísticos.

Sin embargo, cuando se aplica sobre los ingresos de un hogar y se acumula durante meses, puede representar una cantidad significativa.

Además, el IPC es una medida promedio de la evolución de los precios. El impacto real sobre cada familia depende de su patrón de consumo.

Un hogar que destina una proporción elevada de sus ingresos a vivienda, electricidad, transporte o alimentación puede experimentar una presión mayor que la que refleja la inflación general si esos gastos aumentan más rápidamente.

Por eso, la pérdida de poder adquisitivo no se limita a la comparación entre el porcentaje de subida salarial y el IPC. También importa qué bienes y servicios consumen los trabajadores y cuánto de su presupuesto destinan a ellos.

El salario real vuelve al centro del debate económico

El escenario coloca nuevamente el salario real en el centro del debate económico español.

Durante los últimos años, España ha atravesado una fuerte transformación en la evolución de los precios y los salarios. Después del gran shock inflacionario de 2022, la inflación comenzó a moderarse y durante 2024 y 2025 los salarios pactados llegaron a recuperar terreno frente a los precios.

El año 2025 terminó con una subida salarial pactada superior a la inflación, según los datos de convenios colectivos citados en análisis anteriores.

El problema es que una mejora anual no garantiza que todos los trabajadores recuperen inmediatamente el poder adquisitivo perdido en años anteriores. El nivel general de precios puede permanecer elevado aunque la tasa de inflación se reduzca.

En otras palabras, que la inflación baje no significa que los precios vuelvan a bajar. Significa que aumentan a un ritmo menor.

Esta diferencia es fundamental para comprender por qué muchos hogares pueden seguir percibiendo presión económica incluso cuando las tasas de inflación son considerablemente inferiores a las registradas durante la crisis de 2022.

Un escenario que dependerá de salarios y precios

Los datos de julio dejan una señal clara: los salarios pactados en convenio vuelven a crecer por debajo de la inflación después de varios meses de evolución favorable.

El incremento medio del 3% para los trabajadores cubiertos por los convenios contrasta con una inflación adelantada del 3,5%. Además, la diferencia se mantiene por quinto mes consecutivo.

Al mismo tiempo, existen elementos que podrían limitar el impacto: los convenios firmados en 2026 ya presentan aumentos superiores, una parte importante de los trabajadores dispone de cláusulas de garantía salarial y algunos sectores están pactando incrementos superiores al IPC.

La evolución de los próximos meses será, por tanto, decisiva. Si la inflación se modera, el desfase podría cerrarse. Si permanece elevada, la negociación colectiva tendrá que afrontar una presión creciente para evitar que los salarios continúen perdiendo terreno frente al coste de vida.