La revancha ante River, el título del 2015 y el orgullo bogotano: Santa Fe tiene tres razones para soñar en grande
La motivación de Santa Fe en esta Copa Sudamericana tiene capas que van mucho más allá del fútbol. La primera y más profunda es la memoria del título de 2015, que este año cumple once años y que sigue siendo el único trofeo internacional que ha levantado un club de Bogotá en toda la historia del fútbol colombiano. Cada jugador que viste hoy la camiseta cardenal carga con el peso y el orgullo de esa hazaña, y en los pasillos del Campín todavía hay fotos de aquella final que recuerdan lo que significa ganar la Sudamericana con esta camiseta. No es nostalgia, es identidad: Santa Fe sabe que puede ganarla porque ya lo hizo.
La segunda motivación es la más dulce y más personal: River Plate espera en los octavos. El mismo River que en 2014 ganó la Sudamericana precisamente con Arruabarrena en el banco, el mismo que para muchos hinchas cardenales representa la cuenta pendiente más grande del fútbol internacional bogotano. Una eliminación de River en los octavos no sería solo un resultado deportivo sino una declaración histórica que el León de Bogotá puede competir de igual a igual con los grandes del continente. Y la tercera motivación es simplemente el orgullo de una ciudad que lleva décadas esperando que uno de sus clubes vuelva a escribir su nombre en la historia continental. Esta noche ante Caracas en El Campín, Santa Fe da el primer paso de lo que podría ser la campaña más emotiva y más importante de su historia reciente.
