Villa regresa a La Ribera con una sola misión: demostrar que el fútbol puede hablar más alto que todo lo demás

Sebastián Villa sabe perfectamente el peso que carga sobre sus espaldas en este segundo ciclo con Boca Juniors. No llega como el fichaje celebrado con pancartas y cánticos en la Bombonera sino como el regreso más polémico que ha vivido el club en años, con una parte importante de la hinchada que nunca lo perdonó y que desde el primer día de negociaciones manifestó su rechazo en redes sociales, en los medios y en las puertas del predio de Ezeiza. Callar esas bocas tiene un solo camino posible para un jugador de sus características: entrar al campo, desequilibrar por las bandas con esa velocidad que a los 30 años sigue siendo una de las más explosivas del fútbol sudamericano, y convertir los partidos importantes en argumentos inapelables.

El antioqueño tiene a su favor que llega en el mejor momento futbolístico de los últimos tres años, con el rodaje acumulado en Independiente Rivadavia y con una madurez que según quienes lo vieron en Mendoza se nota en cada decisión dentro del campo. La Copa Sudamericana ante O’Higgins el 23 de julio será su primera prueba de fuego, y Boca quiere tenerlo disponible para ese partido sabiendo que en los torneos internacionales su velocidad y desequilibrio son herramientas que marcan diferencias reales. En el fútbol la memoria es corta cuando los resultados llegan, y Villa lo sabe mejor que nadie: si Boca gana títulos con él como figura, la narrativa cambiará inevitablemente. Ese es el único plan que tiene para silenciar a sus críticos, y es exactamente el mismo que siempre ha tenido: el balón, la banda y el gol.