El desierto de Atacama, en el norte de Chile, se ha convertido en uno de los principales escenarios de la astronomía moderna. Sus condiciones de extrema aridez, la gran altitud y la baja contaminación lumínica y radioeléctrica permiten realizar observaciones que serían mucho más difíciles desde otras regiones del planeta. Allí funcionan instalaciones como el Atacama Large Millimeter/submillimeter Array (ALMA), uno de los complejos radioastronómicos más importantes del mundo.
En los últimos años, diferentes investigaciones han utilizado estos instrumentos para estudiar emisiones de radio procedentes de estrellas, regiones de formación estelar y galaxias situadas fuera de la Vía Láctea. Sin embargo, es importante hacer una precisión sobre una afirmación que ha circulado acerca de una supuesta detección reciente de señales de radio de alta frecuencia originadas en una galaxia enana.
La evidencia disponible muestra que se han producido varios descubrimientos relacionados con estos conceptos, pero no corresponde presentar como un único hallazgo reciente que una red de observatorios de Atacama haya detectado señales de radio de alta frecuencia procedentes de una galaxia enana. La descripción parece mezclar distintos resultados astronómicos reales.
Uno de ellos corresponde a una detección de radio de alta frecuencia realizada por ALMA en una estrella enana; otro, mucho más reciente, corresponde a la detección de moléculas de monóxido de carbono en la pequeña galaxia enana Leo T mediante el Atacama Compact Array. Además, existe un conocido caso de ráfagas rápidas de radio procedentes de una galaxia enana, pero esas observaciones fueron realizadas principalmente con otros radiotelescopios.
¿Por qué el desierto de Atacama es tan importante para la astronomía?
La ubicación de Atacama no es una coincidencia. El desierto es uno de los lugares más secos del planeta y algunas de sus instalaciones astronómicas se encuentran a varios miles de metros sobre el nivel del mar.
ALMA, por ejemplo, está situado en el altiplano de Chajnantor, a unos 5.000 metros de altitud. La combinación de altura y baja humedad resulta especialmente importante para las observaciones en longitudes de onda milimétricas y submilimétricas, ya que el vapor de agua atmosférico puede absorber parte de la radiación que llega desde el espacio.
El observatorio cuenta con 66 antenas que pueden trabajar conjuntamente como un interferómetro. En lugar de funcionar simplemente como antenas independientes, sus señales pueden combinarse para producir observaciones de gran resolución. Las antenas pueden incluso separarse hasta aproximadamente 16 kilómetros, dependiendo de la configuración utilizada.
Esto permite observar estructuras extremadamente débiles y distantes, incluyendo gas molecular, polvo interestelar, regiones donde nacen estrellas y diferentes fenómenos asociados con la evolución de las galaxias.
La detección de alta frecuencia que sí realizó ALMA
Uno de los descubrimientos que puede estar detrás de la afirmación sobre las señales de radio de alta frecuencia ocurrió en 2015.
Astrónomos utilizaron ALMA para observar a TVLM 513-46546, una pequeña estrella enana roja ubicada aproximadamente a 35 años luz de la Tierra, en la constelación del Boyero. El objeto tiene cerca del 10 % de la masa del Sol y completa una rotación aproximadamente cada dos horas.
Las observaciones detectaron emisión a una frecuencia de 95 GHz, correspondiente a una longitud de onda cercana a los tres milímetros. El estudio científico describió esta como la primera detección de una enana ultrafría de este tipo en la banda milimétrica mediante ALMA.
Los investigadores interpretaron la emisión como radiación sincrotrón. Este fenómeno ocurre cuando partículas cargadas, como electrones, se mueven alrededor de líneas de campos magnéticos y producen radiación electromagnética.
El resultado fue especialmente interesante porque la estrella presenta una actividad magnética muy intensa. Según el Observatorio ALMA, la emisión detectada era aproximadamente 10.000 veces más luminosa que la producida por las llamaradas solares en frecuencias comparables, aunque la estrella tiene menos de una décima parte de la masa del Sol.
Por tanto, aquí sí encontramos una conexión directa entre Atacama, una estrella enana y emisiones de radio de alta frecuencia, pero se trata de una estrella enana, no de una galaxia enana.
Otro descubrimiento: una diminuta galaxia llamada Leo T
La segunda pieza que puede haber generado confusión es mucho más reciente.
En 2025, un equipo internacional liderado por investigadores vinculados a instituciones chilenas informó de la primera detección de monóxido de carbono (CO) en Leo T, una galaxia enana situada aproximadamente a un millón de años luz de la Tierra, en las regiones exteriores de la Vía Láctea.
La investigación utilizó el Atacama Compact Array (ACA), un componente del complejo ALMA.
Leo T es particularmente interesante porque posee una masa estelar extremadamente pequeña. El trabajo publicado en Astronomy & Astrophysics la describe como la galaxia enana conocida de menor masa que todavía alberga gas molecular frío.
Los investigadores identificaron tres nubes moleculares compactas, cada una con una masa estimada cercana a 5.000 veces la del Sol. En conjunto, estas estructuras representan una pequeña fracción del gas existente en la galaxia.
El hallazgo es importante porque el gas molecular constituye una de las materias primas fundamentales para la formación de estrellas.
Una galaxia pequeña con características sorprendentes
Las galaxias enanas suelen tener mucha menos masa que galaxias como la Vía Láctea y, por ello, su gravedad es considerablemente menor.
Esto puede dificultar que conserven el gas necesario para continuar formando estrellas durante largos períodos. Los vientos estelares y otros procesos pueden expulsar material al espacio.
Precisamente por eso resulta llamativo encontrar gas molecular frío en una galaxia tan pequeña como Leo T. El equipo investigador señaló que una de las nubes observadas parece estar siendo expulsada de la galaxia, posiblemente por la acción de vientos estelares y por la interacción con el entorno de la Vía Láctea.
La detección fue posible gracias a la sensibilidad del Atacama Compact Array y a una integración de datos mucho más profunda de lo habitual. De acuerdo con los investigadores, fue necesario alcanzar una sensibilidad cercana a cien veces la utilizada normalmente para este tipo de observaciones.
¿Y qué ocurre con las misteriosas ráfagas de radio?
Existe otro fenómeno que también puede confundirse con esta historia: las ráfagas rápidas de radio, conocidas como FRB por sus siglas en inglés.
Se trata de emisiones extremadamente breves de ondas de radio que pueden proceder de fuentes situadas a enormes distancias. Una de las fuentes más estudiadas es FRB 121102, cuyo origen fue localizado en una galaxia enana situada aproximadamente a 3.000 millones de años luz de la Tierra.
En 2017, el proyecto Breakthrough Listen anunció la detección de 15 ráfagas procedentes de esta fuente mediante observaciones realizadas con el Green Bank Telescope. Las señales presentaban frecuencias superiores a las observadas anteriormente procedentes de ese mismo objeto.
El descubrimiento llamó especialmente la atención porque FRB 121102 es una fuente repetitiva: a diferencia de otros eventos que parecen producirse una sola vez, esta fuente había demostrado que podía emitir múltiples ráfagas.
Sin embargo, no existe evidencia de que aquellas señales fueran transmisiones artificiales de una civilización extraterrestre. Las FRB continúan siendo objeto de investigación y existen explicaciones astrofísicas para estos fenómenos, entre ellas procesos asociados con objetos extremadamente magnetizados.
Las señales de radio no significan necesariamente una señal artificial
La expresión «señal de radio» puede resultar engañosa cuando se utiliza en titulares.
En astronomía, una señal de radio simplemente significa que un instrumento ha detectado radiación electromagnética dentro de una determinada región del espectro de radio. El universo produce constantemente este tipo de emisiones mediante procesos naturales.
Estrellas, planetas, nubes de gas, galaxias, agujeros negros, estrellas de neutrones y otros objetos pueden producir radiación de radio.
De hecho, ALMA trabaja precisamente en una región particular del espectro electromagnético. Sus antenas pueden estudiar longitudes de onda milimétricas y submilimétricas que proporcionan información sobre moléculas y material frío presente en diferentes ambientes cósmicos.
Por eso, detectar una emisión de radio no significa que se haya encontrado una transmisión inteligente.
Atacama también está abriendo una nueva ventana para buscar tecnología extraterrestre
Existe, no obstante, una investigación reciente que conecta directamente a ALMA con la búsqueda de posibles señales tecnológicas.
En 2026, astrónomos presentaron los resultados de una búsqueda de tecnofirmas utilizando datos archivados de ALMA. El trabajo exploró frecuencias mucho más altas que las utilizadas habitualmente por muchos programas SETI.
El análisis se concentró en dos ventanas de frecuencia alrededor de 90,642 y 93,151 GHz y examinó datos correspondientes a estrellas que aparecían dentro del campo de visión de determinadas observaciones de ALMA.
Pero hay una precisión fundamental: esa búsqueda no encontró candidatos de tecnofirmas que superaran los límites establecidos por los investigadores. Es decir, el resultado fue una exploración de una región poco estudiada del espectro, no el descubrimiento de una transmisión extraterrestre.
La importancia del trabajo está en demostrar que los archivos de observaciones de ALMA pueden utilizarse también para explorar posibles señales tecnológicas en frecuencias relativamente poco investigadas.
¿Por qué estudiar frecuencias tan altas?
La mayoría de las búsquedas tradicionales de SETI se han concentrado en determinadas regiones del espectro de radio, especialmente alrededor de frecuencias cercanas a 1,4 GHz.
El nuevo enfoque plantea estudiar también frecuencias considerablemente superiores. La investigación con ALMA explora precisamente esta posibilidad, aprovechando que el observatorio posee una sensibilidad excepcional en frecuencias superiores a 35 GHz.
Esto no significa que las frecuencias altas sean necesariamente más propicias para encontrar vida inteligente. Lo que cambia es el espacio de búsqueda: cuanto mayor sea la variedad de frecuencias y tipos de señales estudiadas, más posibilidades existen de investigar diferentes escenarios tecnológicos.
Un desierto que permite escuchar al universo
La relevancia científica de Atacama va mucho más allá de un descubrimiento concreto.
El norte de Chile alberga una concentración excepcional de infraestructura astronómica. El Ministerio de Ciencia de Chile mantiene incluso un catastro nacional de sitios astronómicos, mientras que organismos internacionales han desarrollado allí algunos de sus instrumentos más avanzados.
Las características ambientales de la región son fundamentales. La ausencia de grandes fuentes de contaminación lumínica favorece las observaciones ópticas, mientras que la extrema sequedad y la altitud son especialmente importantes para instrumentos que trabajan con longitudes de onda milimétricas y submilimétricas.
En ese contexto, instalaciones como ALMA permiten estudiar fenómenos que no pueden observarse fácilmente mediante telescopios ópticos convencionales.
¿Qué se puede concluir sobre el supuesto hallazgo?
La afirmación de que una «red de observatorios del desierto de Atacama detectó señales de radio de alta frecuencia originadas en una galaxia enana» no coincide exactamente con los resultados científicos verificables encontrados.
Lo que sí está documentado son varios descubrimientos que pueden haber sido mezclados en esa descripción:
- ALMA detectó emisión de radio a 95 GHz procedente de la estrella enana roja TVLM 513-46546, un objeto con una intensa actividad magnética.
- El Atacama Compact Array detectó por primera vez monóxido de carbono en la galaxia enana Leo T, revelando la presencia de gas molecular frío en una galaxia extremadamente pequeña.
- FRB 121102 es una fuente repetitiva de ráfagas rápidas de radio localizada en una galaxia enana, pero las observaciones que establecieron esos resultados no corresponden a una reciente detección de una red de observatorios de Atacama.
- En 2026 se utilizó información archivada de ALMA para buscar posibles tecnofirmas en frecuencias altas, pero no se identificaron señales candidatas por encima de los umbrales establecidos en esa búsqueda.
Así, el verdadero interés de estas investigaciones no está en una supuesta transmisión extraterrestre confirmada, sino en cómo los radiotelescopios de Atacama están ampliando la capacidad de los astrónomos para estudiar campos magnéticos, formación estelar, gas molecular, galaxias enanas y señales procedentes de regiones cada vez más distantes del universo.
La imagen de los grandes radiotelescopios apuntando hacia el cielo del Atacama resume precisamente ese papel: desde uno de los lugares más secos y aislados de la Tierra, los científicos utilizan ondas invisibles al ojo humano para estudiar algunos de los fenómenos más extremos y antiguos del cosmos.
