Los recientes terremotos en Venezuela no solo han dejado postales de dolor y escombros; también han hecho evidentes las profundas grietas en la coordinación de la ayuda humanitaria entre las regiones de Colombia y el Gobierno nacional. El epicentro del debate lo protagonizó el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, quien calificó de «absurda» la retención de los Bomberos de su ciudad en suelo venezolano.
Mientras el pueblo venezolano urge apoyo para la localización de víctimas, el equipo de socorro antioqueño quedó atrapado en una sala de espera aeroportuaria. El inconformismo de Gutiérrez apuntó directamente a lo que llamó la «arrogancia y soberbia» de ambos gobiernos, señalando que la prioridad absoluta debería ser salvar vidas y no exigir invitaciones diplomáticas.
No obstante, desde Bogotá la perspectiva es de orden institucional. La UNGRD reiteró que el envío de misiones de búsqueda y rescate debe responder única y exclusivamente a solicitudes oficiales del país afectado, tramitadas por canales diplomáticos formales. De acuerdo con el organismo nacional, enviar ayuda por cuenta propia satura los esfuerzos de organización y pone en riesgo a los propios rescatistas, recordando que ya existen equipos oficiales colombianos (como el USAR COL-1) operando de manera coordinada en las zonas afectadas de La Guaira.
