Por Ricaurte Losada Valderrama

El 31 de mayo los colombianos se expresaron de manera contundente: Abelardo de la Espriella 10.366.143 votos, Iván Cepeda 9.703.921, resultado con el cual queda muy clara la aguda polarización que estamos viviendo y muchas otras angustiantes preocupaciones.

Promoví en primera vuelta la candidatura de Paloma, no solo porque hubiera sido la primera mujer presidenta de Colombia, sino porque frente al radicalismo, era el proyecto político que en esta coyuntura más le convenia al país.

Por ello insistí en el postulado de Benjamín Herrera: La Patria por Encima de los Partidos y, más aún en la actualidad en que muy poco representan, pero sí mucho descrédito.

Derrotada esa posibilidad en que apoyándola no me volví conservador, tendremos que decidir entre la izquierda y la derecha; entre la formación, la capacidad y la experiencia, no solo de los candidatos sino de sus fórmulas vicepresidenciales, así como de sus equipos.

Asimismo, debemos conocer bien el plan de gobierno de cada uno; las coincidencias si las hubiere de sus propuestas y las más grandes diferencias, así como la posibilidad real de su ejecución y su conveniencia y necesidad para el país.

En consecuencia, se debe tener claridad sobre   las ventajas que representa cada uno, como los peligros, todo lo cual exige estudio, cotejo y reflexión aguda y consciente, pues en cualquiera de los dos casos está de por medio, no solo una elección por cuatro años, sino el destino de Colombia, quizás por décadas y, entre lo mucho vital, la salud, la justicia, la seguridad, la paz y, por supuesto, la vida.

Entonces, y frente a tan aguda y desafiante confrontación, lo primero, como lo solemos hacer siempre, es que antes de un pronunciamiento nuestro, se escuchen las voces que se quieran expresar, particularmente de nuestros compañeros, de los amigos y relacionados y de los analistas y expertos, pues la democracia es ante todo participación.

Para ello convocamos a escucharnos, pues las preocupaciones sobre las dos candidaturas son claras y evidentes, por representar dos extremos.

Quiero reiterar que, si hice campaña en primera vuelta por Paloma, fue porque quería ayudar a evitar el extremo radicalismo que estamos viviendo y que, a no dudar, podría llevarnos a hechos y consecuencias graves para el país, su futuro y su democracia.

Dicho esto, destaco que siempre he combatido los extremismos. No es nada nuevo en mí. Soy socialdemócrata de siempre. Así está establecido en la Plataforma de Transformación Liberal, Movimiento que fundé, debatida y aprobada desde 1979 y este principio fundante y fundamental no ha cambiado, ni cambiará.

Entonces, ello implica, como lo hemos hecho, apoyar la intervención estatal para   buscar equidad e igualdad y equilibrar la economía de mercado con la justicia social y la igualdad.

Al respecto, en dicha Plataforma se expresa que el Estado debe promover la propiedad colectiva y solidaria, allí donde no sea posible la propiedad privada y que “El sistema de valores comunes sobre el que descansan Liberalismo y Socialismo, sintetizados en la libertad y la igualdad, son el núcleo de una legitimidad compartida por ambos,” que siempre hemos promovido desde el estado llano sin una pisca de poder.

Por lo dicho, debemos fijar posiciones, pero teniendo en cuenta no las emociones que despierta el radicalismo, sino bajo la óptica de que somos miembros de una misma Nación y que nuestro destino depende del destino de ella.

@ricaurtelosada