El gobierno ucraniano reportó una nueva serie de ataques rusos contra plantas eléctricas en varias regiones del país. Los bombardeos dejaron a más de 500.000 personas sin energía, en medio de las bajas temperaturas del inicio del invierno europeo.

Las fuerzas armadas ucranianas respondieron con interceptaciones aéreas que, según Kiev, lograron derribar la mayoría de los misiles enemigos. Sin embargo, las pérdidas materiales fueron considerables y afectaron hospitales y escuelas.

El presidente ucraniano pidió más apoyo internacional y advirtió que Rusia busca “quebrar la resistencia civil” mediante ataques a la infraestructura crítica. La Unión Europea prometió acelerar el envío de generadores y ayuda técnica para la reparación de las redes eléctricas.