La Corota no es solo un lugar. Es un respiro. Un santuario silencioso que durante décadas ha protegido el agua, la biodiversidad y la memoria ambiental de Pasto y del departamento de Nariño. Por eso, la decisión de restringir temporalmente el acceso a este emblemático espacio natural no es una medida caprichosa, sino una acción necesaria para garantizar su supervivencia.

Las autoridades ambientales anunciaron la restricción del ingreso a la Reserva Natural de La Corota como parte de un proceso de recuperación ecológica. El aumento en la afluencia de visitantes, sumado a prácticas inadecuadas como el ingreso de residuos, el ruido excesivo y la alteración de senderos, comenzó a generar un impacto visible en el ecosistema del lugar.
La Corota cumple una función vital: regula el equilibrio hídrico de la laguna de La Cocha, protege especies de flora y fauna endémicas y actúa como barrera natural frente a la degradación ambiental. Su fragilidad exige cuidado, y en ocasiones, silencio humano.
Según los expertos, los ecosistemas también necesitan pausas. Momentos en los que la intervención humana disminuya para que los ciclos naturales se restablezcan: el suelo se regenere, las especies retomen sus dinámicas y el entorno recupere su capacidad de autorregulación.
La restricción no significa un cierre definitivo ni una negación del derecho ciudadano a disfrutar del patrimonio natural. Por el contrario, es una invitación a repensar la relación con el territorio. A entender que proteger también implica saber cuándo retirarse.
Desde la institucionalidad se ha reiterado que la medida será acompañada de procesos de monitoreo ambiental, educación ecológica y planes de reapertura gradual, siempre que las condiciones lo permitan. La prioridad es clara: preservar La Corota para las generaciones presentes y futuras.
Cuidar la naturaleza no siempre es hacer más, a veces es hacer menos. Y en el caso de La Corota, dar un paso atrás puede ser la mejor forma de avanzar hacia su equilibrio natural.