Por: Carlos Eduardo Lagos
Hay hombres que son recordados por las batallas que libraron. Otros, por los cargos que ocuparon. Pero unos pocos logran algo mucho más difícil: permanecer en la memoria de los pueblos por la forma en que trataron a la gente.
Ese es el caso del Teniente Coronel Hernando Cáceres Bejarano, oficial del Ejército colombiano que, según la reseña histórica recientemente publicada por el Batallón de Infantería No. 9 “Batalla de Boyacá”, fue reconocido por los nariñenses con un apelativo excepcional: el Coronel de la Caridad.
La sola existencia de ese nombre resulta reveladora. Los grados militares se otorgan por reglamento; los títulos afectivos los concede la comunidad. Y cuando un pueblo bautiza a un comandante por su sensibilidad humana, algo extraordinario debió haber ocurrido.
Natural de La Palma, Cundinamarca, hijo de Epímaco Cáceres y Alicia Bejarano, ingresó a la Escuela Militar de Cadetes el 4 de abril de 1934. Su relación con Nariño comenzó tempranamente, en 1937, cuando llegó como joven subteniente al Batallón Boyacá. Sin embargo, sería años después, ya ascendido a Teniente Coronel, cuando regresaría para asumir la comandancia de esa histórica unidad militar el 10 de marzo de 1954.
Era el Pasto de mediados de los años cincuenta, el de Sergio Antonio Ruano Monzón en la Gobernación y figuras como Eduardo Bucheli de la Espriella en la vida pública local; una ciudad que intentaba sanar las heridas de la violencia mientras enfrentaba el aislamiento geográfico y las carencias propias de la época.
Colombia se encontraba bajo el gobierno del general Gustavo Rojas Pinilla. Aunque el país vivía un proceso de relativa pacificación tras los años más duros de la violencia bipartidista, las necesidades sociales seguían siendo enormes. En ese contexto, la presencia del Batallón Boyacá trascendía las funciones estrictamente militares y se convertía en un actor fundamental para la vida cotidiana de muchas comunidades.
Fue allí donde Hernando Cáceres dejó una huella singular.
El documento institucional destaca su “extraordinaria caridad y cercanía con el pueblo nariñense”, cualidades que terminaron convirtiéndose en el rasgo más recordado de su paso por la región. Cuentan quienes lo conocieron que fue cercano y generoso con la población, respetuoso con las autoridades y profundamente humano con sus subalternos. Su liderazgo combinaba la disciplina propia del servicio militar con una sensibilidad poco común hacia las necesidades de la comunidad.
Por eso no sorprende que la propia ciudadanía terminara otorgándole el nombre con el que ha pasado a la memoria regional: el Coronel de la Caridad.
Pero quizás el dato más revelador aparece en otra frase del homenaje institucional. El Batallón Boyacá afirma que su legado “trasciende lo castrense”. Y esa expresión resume una vida entera.
Porque la historia recuerda a ciertos líderes no solamente por sus victorias, sino por su humanidad. Ocurrió con Saladino, el célebre estratega musulmán que derrotó a los ejércitos cristianos dirigidos por Ricardo Corazón de León durante la Tercera Cruzada y cuya fama perduró tanto por su genio militar como por la nobleza y generosidad que le atribuyeron amigos y adversarios. Algo parecido parece haber ocurrido con Hernando Cáceres Bejarano: su autoridad no quedó confinada a los cuarteles, sino que se proyectó hacia la comunidad que juró servir.
También construyó, junto a su esposa Aída Calderón, un hogar ejemplar del que nacieron catorce hijos: Humberto, Daniel, Elsy, Carmen Alicia, Clara, Claudia, Ricardo, Jesús Eduardo, Aída Marina, María del Pilar, Mario Ignacio, Gerardo Augusto, Adriana y María del Carmen. De esa amplia descendencia provienen hoy nietos y bisnietos que mantienen viva su memoria. Entre ellos, el arquitecto Daniel Cáceres, a quien conozco personalmente y en quien es posible reconocer muchas de las virtudes que hicieron querido a su abuelo: la sencillez, la generosidad y el compromiso con los demás.
Setenta años después de su paso por Pasto, el Coronel de la Caridad sigue siendo una referencia de servicio y humanidad. Su legado permanece en los archivos del Ejército, en la memoria agradecida de Nariño y en la familia que continúa honrando su nombre.
Porque hay hombres que son recordados por el poder que ejercieron. Y hay otros que sobreviven en la historia por el afecto que sembraron. Hernando Cáceres Bejarano pertenece, sin duda, a estos últimos. El pueblo que alguna vez lo conoció encontró la mejor forma de resumir su vida en dos palabras sencillas y extraordinarias: El Coronel de la Caridad.
