Noruega paga cara la rotación ante Francia y cierra el Grupo I con una goleada que duele más de lo que parece
Los vikingos eligieron el peor momento para experimentar. Con la clasificación ya en el bolsillo, el técnico Stale Solbakken tomó la decisión de apostar por la rotación y dejó a Erling Haaland en el banco durante todo el partido, una elección que a la vista de lo que pasó en el campo resultó un error de cálculo enorme. Francia no respetó el contexto y salió a jugar como si fuera una final, con Dembélé desequilibrando desde el primer minuto y abriendo tres goles en apenas media hora. Noruega nunca encontró el camino de regreso al partido y el 1-4 final refleja una superioridad francesa que no admite discusión.
Lo que más preocupa al entorno noruego no es la derrota en sí, ya que avanzan como segundos del Grupo I, sino las sensaciones que dejó el equipo cuando tuvo que defender a un rival de primer nivel. Sin Haaland como referencia, el ataque noruego perdió toda su profundidad y los jugadores de rotación no estuvieron a la altura. Ahora les espera Costa de Marfil en dieciseisavos, un rival que llega con hambre y confianza tras su campaña en el Grupo E. Noruega tendrá que reinventarse y recuperar el nivel mostrado ante Senegal e Irak si quiere seguir vivo en este Mundial, porque con la versión mostrada esta noche ante Francia, la eliminación llegaría rápido.
