Venezuela atraviesa una emergencia nacional luego de que dos potentes terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieran el norte del país el 24 de junio de 2026, dejando un panorama de destrucción generalizada y una crisis humanitaria en desarrollo.
Las autoridades han confirmado al menos 1.430 personas fallecidas y más de 3.300 heridas, mientras continúan las labores de búsqueda entre los escombros de edificios colapsados. Sin embargo, se teme que la cifra de víctimas aumente en las próximas horas debido a la gran cantidad de desaparecidos.
Las zonas más afectadas son La Guaira, Caracas y regiones del centro-norte del país, donde se reportan derrumbes de viviendas, hospitales y edificios públicos. La infraestructura básica también sufrió daños severos, provocando cortes de energía, interrupción del suministro de agua y fallas en las comunicaciones.
Ante la magnitud del desastre, el gobierno declaró el estado de emergencia nacional y activó un plan de rescate con apoyo internacional. Más de 1.600 rescatistas de distintos países ya se encuentran en el territorio venezolano, trabajando contra el tiempo para localizar sobrevivientes entre los escombros.
Organismos humanitarios advierten que la situación es crítica, especialmente por la falta de alimentos, agua potable y atención médica en las zonas afectadas. Miles de familias han pasado la noche en las calles por temor a réplicas sísmicas, mientras continúan las labores de evaluación de daños.
La comunidad internacional ha comenzado a enviar ayuda humanitaria y equipos de emergencia, en medio de una de las peores catástrofes naturales registradas en la región en los últimos años.
