Pochettino transformó a Estados Unidos en un equipo que sueña en serio con llegar lejos en su propio Mundial
Cuando Mauricio Pochettino asumió el cargo de seleccionador de Estados Unidos en 2023, heredó un equipo con talento individual pero sin identidad colectiva ni mentalidad ganadora en los partidos de alto nivel. Lo primero que hizo el rosarino fue implantar su filosofía de presión alta y juego vertical que tan buenos resultados le había dado en el Tottenham y el PSG, pero adaptándola a las características físicas y técnicas de un plantel diferente a cualquier otro que había dirigido en su carrera. Los resultados tardaron en llegar y hubo momentos de dudas, especialmente tras las derrotas ante Bélgica y Portugal en partidos de preparación, pero Pochettino nunca cambió el rumbo ni cedió ante las críticas.
El Mundial 2026 está siendo la validación de todo ese trabajo invisible. Estados Unidos clasificó primero del Grupo D con seis puntos, eliminó a Bosnia con autoridad en dieciseisavos y llega a los octavos ante Bélgica con una identidad clara, un vestuario unido y la confianza que solo da jugar en casa. Pochettino fue el primero en creer públicamente que esta selección podía ganar el Mundial, una declaración que en su momento pareció excesiva y que hoy nadie se atreve a descartar del todo. El técnico argentino ha construido en apenas tres años lo que otros seleccionadores tardaron décadas en intentar: convertir a Estados Unidos en un equipo que los rivales respetan y temen en igual medida.
