Bélgica destroza al anfitrión con una exhibición histórica y manda a Estados Unidos a casa entre la polémica

En uno de los resultados más impactantes de la fase eliminatoria, Bélgica goleó 4-1 a Estados Unidos en el CenturyLink Field de Seattle en un partido que quedará marcado por la polémica del caso Balogun y por la actuación más brillante de los Diablos Rojos en años. Kevin De Bruyne fue el gran arquitecto de la goleada con una actuación estratosférica que silenció todas las críticas de la fase de grupos: dio tres asistencias, dirigió el juego con una claridad que no había mostrado en los primeros tres partidos y demostró por qué sigue siendo uno de los mejores mediocampistas del mundo a sus 34 años. Romelu Lukaku abrió el marcador al minuto 12 con un cabezazo inapelable y desde ese momento Estados Unidos nunca encontró el camino de vuelta al partido.

La derrota duele el doble para el anfitrión por el contexto que la rodea: Folarin Balogun, el delantero cuya suspensión fue levantada gracias a la intervención de Donald Trump y la FIFA en la mayor polémica arbitral de la historia del torneo, jugó el partido pero no pudo cambiar el resultado ni aportar el gol que justificara tanta controversia. El propio Pochettino reconoció que Bélgica fue claramente superior y que el marcador reflejó la realidad del partido. Estados Unidos se despide de su propio Mundial en cuartos de final ante su afición, mientras Bélgica, el equipo que nadie quería en esta fase, avanza como una de las sorpresas más grandes del torneo y esperará a España en los cuartos de final de Los Ángeles.